En el Spain Smart Water Summit 2025, Andrés Gamboa, responsable de desarrollo de negocio IoT y de la industria del agua en VEGA Instrumentos, abordó la eficiencia operativa desde un ángulo muy concreto y práctico: el control remoto de niveles como base para optimizar suministros, evitar incidencias y mejorar la fiabilidad de la información en el ciclo urbano del agua. Su intervención integró desde el inicio una idea transversal: sin un dato fiable en origen, cualquier estrategia de digitalización pierde valor, por muy avanzadas que sean las plataformas o los sistemas de análisis que se construyan sobre él.
No te pierdas todo lo que sucedió en Spain Smart Water Summit 2025
Gamboa situó el punto de partida en la propia naturaleza de VEGA, una compañía de origen alemán especializada en la fabricación de sensores de nivel y presión, con presencia directa en más de treinta países y una fuerte implantación en el sector del agua y del agua residual. Desde esa experiencia industrial, la ponencia se centró en cómo la monitorización remota de niveles puede convertirse en una herramienta clave no solo para operadores, sino también para proveedores, responsables públicos y otros actores implicados en la gestión de instalaciones dispersas y, en muchos casos, de difícil acceso.
La propuesta presentada se aleja de una visión puramente instrumental. No se trata únicamente de medir niveles, sino de hacer que la información sea transparente y ponerla a disposición de todos los perfiles que la necesitan, desde el personal de operación en una depuradora hasta responsables municipales o proveedores de reactivos. El objetivo final es anticiparse a problemas, evitar roturas de stock, reducir mantenimientos correctivos y optimizar la logística asociada a productos y residuos.
De la medición puntual a la gestión inteligente
Uno de los ejes de la intervención fue el cambio de paradigma en la gestión de suministros, especialmente de productos químicos. Gamboa explicó cómo, en muchos casos, se está pasando de un modelo de venta de producto a un modelo de venta de servicio, en el que el proveedor asume la responsabilidad de monitorizar los niveles de sus reactivos en las instalaciones del cliente. Este enfoque permite garantizar que nunca se alcance una situación crítica, evitando pedidos urgentes, paradas de proceso o fallos en la dosificación.
No se trata únicamente de medir niveles, sino de hacer que la información sea transparente y ponerla a disposición de todos los perfiles que la necesitan
La monitorización continua de niveles facilita además una planificación más eficiente de las rutas de suministro. Al conocer en tiempo real el estado de múltiples depósitos, es posible agrupar entregas, reducir desplazamientos innecesarios y, con ello, disminuir la huella de carbono asociada a la logística. Según Gamboa, este tipo de optimización adquiere especial relevancia en redes extensas o en instalaciones dispersas geográficamente, donde la falta de información obliga a realizar comprobaciones presenciales frecuentes.
Este mismo planteamiento se aplica a la gestión de residuos. En el caso de silos de fangos u otros subproductos, el control remoto permite generar alarmas de nivel máximo para programar retiradas a tiempo y evitar desbordes o situaciones de riesgo. La lógica es siempre la misma: sustituir la reacción tardía por una anticipación basada en datos fiables.
El radar sin contacto como base tecnológica
En el plano tecnológico, la ponencia se apoyó en la tecnología radar sin contacto de alta frecuencia, en torno a los 80 GHz, como elemento diferencial de la solución de VEGA. Gamboa detalló cómo este tipo de sensores permite medir niveles sin depender de las condiciones del proceso y del entorno: humedad, condensaciones, salpicaduras, polvo, vapores o variaciones de temperatura no afectan a la fiabilidad de la señal.

Uno de los aspectos más destacados fue la capacidad de estos sensores para medir a través de materiales no conductores, como plásticos o fibras, sin necesidad de perforar ni modificar los contenedores. Esto resulta especialmente útil en depósitos plásticos tipo IBC o GRG, bidones, tanques de fibra o mirillas de cristal, donde la instalación puede realizarse simplemente colocando el sensor sobre la superficie. En palabras del ponente, la instalación se aproxima a un modelo plug-and-play, reduciendo tiempos y errores en campo.
La independencia respecto al producto monitorizado es otro factor clave. El mismo sensor puede utilizarse para líquidos o sólidos granulados, con independencia de su densidad, viscosidad, color o granulometría. Esto permite estandarizar referencias y simplificar el trabajo del personal de planta, que no necesita gestionar múltiples modelos para aplicaciones distintas. En términos de alcance, los sensores autónomos cubren rangos de hasta 30 metros, mientras que las versiones cableadas permiten llegar a aplicaciones de mayor envergadura.
Un sensor autónomo, múltiples aplicaciones
Gamboa presentó el sensor radar autónomo VEGAPULS Air como ejemplo de esta filosofía de versatilidad y simplicidad. Se trata de un dispositivo totalmente inalámbrico, capaz de medir no solo el nivel, sino también la temperatura, el ángulo de inclinación y la geolocalización. La autonomía energética, con una duración de batería de hasta diez años en función del intervalo de medida y transmisión, permite desplegarlo en ubicaciones remotas sin necesidad de alimentación externa.
Las aplicaciones en el sector del agua son variadas: depósitos de agua potable que abastecen a poblaciones aisladas, tanques enterrados, silos de reactivos, depósitos de combustible o contenedores móviles. En todos los casos, el dato captado por el sensor se envía a una plataforma donde se visualiza en dashboards accesibles desde cualquier dispositivo autorizado. Alternativamente, el usuario puede optar por recibir directamente alarmas de mínimos o máximos sin necesidad de consultar la plataforma de forma continua.
Este enfoque resulta especialmente útil en escenarios donde la supervisión presencial es costosa o poco eficiente. Por ejemplo, un depósito situado en una zona montañosa puede ser monitorizado en tiempo real sin desplazamientos diarios, y la información puede compartirse con distintos niveles de responsabilidad, incluso con acceso público si así se decide.
VEGAPULS Air es un dispositivo totalmente inalámbrico, capaz de medir no solo el nivel, sino también la temperatura, el ángulo de inclinación y la geolocalización
Conectividad, fiabilidad y gobierno del dato
La arquitectura de comunicaciones fue otro de los aspectos abordados en la ponencia. Los sensores pueden operar tanto con NB-IoT como con LoRaWAN, lo que aporta flexibilidad para adaptarse a la infraestructura existente del cliente. En el primer caso, el dato se envía directamente al servidor utilizando la red de telefonía, con una alta penetración de señal incluso en ubicaciones complejas. En el segundo, el sensor puede integrarse en una red LoRaWAN ya desplegada, dejando la información en el servidor del propio operador.
En ambos escenarios, la solución contempla la integración mediante API con SCADAs u otros sistemas corporativos. Sin embargo, Gamboa subrayó que, antes de hablar de big data, redes neuronales o analítica avanzada, es imprescindible garantizar la calidad del dato en origen. Un dato impreciso o inestable compromete cualquier análisis posterior y puede generar decisiones erróneas.
Por ese motivo, VEGA pone el foco en la robustez del sensor y en la fiabilidad de la medición. Además del nivel, el dispositivo transmite parámetros adicionales como la temperatura ambiente —relevante, por ejemplo, para evitar la degradación de ciertos productos químicos— o el ángulo de inclinación, útil para detectar vuelcos o actos vandálicos en depósitos móviles. La geolocalización completa la información, facilitando la gestión de activos distribuidos.
A lo largo de su intervención, Andrés Gamboa defendió una visión de la digitalización basada en la simplicidad operativa, la estandarización tecnológica y la fiabilidad del dato. El control remoto de niveles, aplicado con sensores autónomos y conectividad flexible, se presenta así como una pieza fundamental para avanzar hacia una gestión más eficiente, segura y sostenible del ciclo del agua, alineada con las necesidades reales de operadores y gestores.




