El segundo mandato de Donald Trump promete deparar cambios significativos en la política hídrica de Estados Unidos, alejándose del enfoque de sostenibilidad que caracterizó a la administración Biden. Con un énfasis en la desregulación y el crecimiento económico, estas transformaciones afectarán a áreas clave como la infraestructura hídrica, los estándares de calidad del agua y las estrategias climáticas, mientras que gobiernos estatales y locales, operadores de servicios y empresas del sector del agua habrán de adaptarse a este nuevo panorama.
Lee Zeldin al frente de la EPA: un giro hacia la desregulación
El nombramiento de Lee Zeldin como administrador de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) subraya la intención del gobierno de Trump de priorizar la flexibilización regulatoria. Zeldin, conocido por su respaldo a políticas proindustria y su limitada experiencia en temas ambientales, buscará equilibrar las necesidades económicas con la protección de recursos hídricos esenciales. Durante su tiempo en el Congreso, apoyó medidas relacionadas con la calidad del agua en Long Island, pero su historial general refleja una inclinación por reducir restricciones para estimular el crecimiento económico.
El nombramiento de Lee Zeldin como administrador de la EPA subraya la intención del gobierno de Trump de priorizar la flexibilización regulatoria
Bajo su liderazgo, la EPA podría revisar políticas clave implementadas durante la administración Biden, incluidos los estándares para los contaminantes «químicos eternos» (PFAS) y el reemplazo de tuberías de plomo en sistemas de agua potable. Este cambio de enfoque plantea interrogantes sobre el papel que tendrán estados y otros actores en la gestión del agua, así como el impacto en la población más vulnerable.
Infraestructura hídrica: un modelo basado en el mercado
La administración Biden priorizó inversiones federales para modernizar infraestructuras, mejorar el acceso al agua potable y sustituir sistemas obsoletos, especialmente en comunidades históricamente desatendidas. Estas iniciativas se financiaron a través de la Ley Bipartidista de Infraestructura, que destinó miles de millones a estos proyectos.

Trump, en cambio, podría centrarse en un modelo basado en la participación privada, trasladando la carga financiera a estados, municipios e inversores. Este enfoque, si bien más ágil para ciertos proyectos, podría crear diferencias significativas entre regiones con mayor capacidad económica y aquellas dependientes de financiación pública. Las obras enfocadas en beneficios a corto plazo podrían recibir mayor prioridad, dejando atrás proyectos que buscan sostenibilidad a largo plazo, como la gestión integral de aguas pluviales en zonas propensas a inundaciones.
Calidad del agua: entre regulación y flexibilidad
Trump podría centrarse en un modelo basado en la participación privada, trasladando la carga financiera a estados, municipios e inversores
La administración Biden adoptó estrictas normativas sobre los PFAS, sustancias químicas relacionadas con problemas de salud como el cáncer y la infertilidad, estableciendo límites claros en su concentración en el agua potable. Aunque estas medidas representan un avance en la protección de la salud pública, su implementación requiere inversiones significativas por parte de gobiernos locales y operadores de servicios de aguas.
Estas normativas podrían relajarse para reducir los costes de cumplimiento. Sin embargo, el interés público en mantener estándares altos de calidad del agua limitará la posibilidad de retrocesos importantes. Por otro lado, el plan para eliminar todas las tuberías de plomo en una década podría ser revisado, ya que los plazos actuales podrían extenderse dependiendo de las prioridades presupuestarias de la nueva administración.
Cambio climático y resiliencia hídrica
El enfoque de la administración Biden incluyó importantes recursos para mitigar los efectos del cambio climático en el agua, como sequías y fenómenos extremos. Estas medidas buscaron reforzar infraestructuras críticas y promover soluciones innovadoras como el uso de tecnologías verdes.
La administración Trump, al dar prioridad a la independencia energética y la expansión de combustibles fósiles, podría reducir el apoyo federal a proyectos climáticos específicos. Esto trasladaría la responsabilidad de adaptación a gobiernos locales y empresas, fomentando la colaboración público-privada. Este enfoque podría generar soluciones más diversificadas, pero también amplificar desigualdades entre regiones con mayor capacidad de adaptación y aquellas con menos recursos.

Oportunidades para las industrias del agua
El cambio hacia un entorno más desregulado ofrece tanto desafíos como oportunidades para las industrias vinculadas al sector del agua. La disminución del apoyo federal podría alterar la demanda en sectores como la ingeniería, el tratamiento de agua y las soluciones digitales, pasando de enfoques centrados en el cumplimiento a enfoques impulsados por el mercado, mientras que las aprobaciones de proyectos podrían acelerarse con la mayor flexibilidad normativa.
Por otro lado, la digitalización continuará desempeñando un papel clave, con alta demanda de tecnologías como la monitorización en tiempo real y el mantenimiento predictivo. Estas herramientas no solo mejoran la eficiencia operativa, sino que también responden a la necesidad de adaptarse a modelos de gestión más descentralizados.
El interés público en mantener estándares altos de calidad del agua limitará la posibilidad de retrocesos importantes sobre los PFAS
En el ámbito internacional, las empresas estadounidenses podrían ampliar su alcance hacia mercados con regulaciones más estrictas, como Europa y Asia, exportando tecnologías avanzadas de tratamiento y conservación del agua.
El desafío de equilibrar objetivos económicos y ambientales
La reelección de Trump reconfigurará la política hídrica en Estados Unidos. Si bien el enfoque en la desregulación puede agilizar procesos y atraer inversiones, será crucial garantizar que los estándares de calidad y sostenibilidad se mantengan para proteger tanto a las poblaciones como al medioambiente.
El éxito de esta transición dependerá de la cooperación entre la administración federal, estados, municipios, operadores y empresas del sector, en un marco que equilibre la rentabilidad con la responsabilidad ambiental, sentando las bases para un sistema hídrico más eficiente y resiliente.





