Ayer, el ciclo Conexión Agua – Talleres Regadío celebró un taller dedicado a las herramientas digitales para comunidades de regantes: portales web, tramitación electrónica, sistemas de información geográfica y sistemas de soporte a la decisión. El encuentro, impulsado por el MITECO para divulgar soluciones de digitalización desarrolladas por entidades beneficiarias del PERTE de Digitalización del Ciclo del Agua, reunió tres experiencias con escalas y puntos de partida muy distintos: Vinalopó, CR-ARGOS y Segarra-Garrigues.
David Escobar, socio de iAgua, abrió la jornada situando el taller en el nuevo ciclo dedicado al regadío. El hilo conductor quedó definido desde el arranque: cómo las comunidades de regantes están incorporando herramientas digitales para transformar su gestión diaria, desde la relación administrativa con los usuarios hasta la explotación de datos para planificar y optimizar el riego.
Conexión Agua - Talleres Regadío. Taller 1: Herramientas digitales para Comunidades de Regantes
El Vinalopó convierte la digitalización en una herramienta de gobernanza
El primer turno fue para Vicente José Richart Díaz, director técnico de la Junta Central de Usuarios del Vinalopó, L’Alacantí y Consorcio de Aguas de la Marina Baja. Su intervención situó el debate en un territorio condicionado por la sobreexplotación de acuíferos y por la necesidad de pasar de una gestión unitaria, en la que cada comunidad operaba sus recursos subterráneos, a una gestión integral e integrada apoyada en información común.
En ese contexto, Richart presentó el PERTE del Vinalopó como un proyecto colectivo de digitalización ante los retos de la planificación hidrológica. La agrupación reúne a 30 comunidades de regantes, supera las 32.000 hectáreas digitalizadas y desarrolla soluciones conjuntas en las líneas A, B y parte G. La dimensión del proyecto se entiende mejor con una comparación que el ponente llevó al centro de su exposición: frente a los 1.000 millones de euros invertidos en el Vinalopó para revertir la sobreexplotación, el PERTE representa un 0,55%, pero con un valor estratégico por su capacidad para ordenar información y mejorar la gestión de recursos alternativos y subterráneos.
La Plataforma GIS Web PERTE Vinalopó fue concebida como un SIG web multi-entidad para la gestión inteligente de infraestructuras y la monitorización hidráulica
La clave, insistió Richart, estaba en la palabra gobernanza. El proyecto no se limitó a desplegar herramientas digitales, sino que obligó a coordinar comunidades de tamaños muy distintos, desde 80 hasta 4.000 hectáreas, mediante una comisión de seguimiento, reuniones periódicas y protocolos comunes de comunicación y archivo. La digitalización aparecía así no como un fin en sí mismo, sino como una infraestructura compartida para tomar decisiones en común.
Esa lógica colectiva se trasladó primero a la Solución A, con portales web informativos y una sede electrónica común. El modelo multisite centraliza los portales individuales de 29 comunidades en una única instalación, aunque cada entidad mantiene su dominio, identidad visual y gestión autónoma de contenidos. A través de un punto de entrada único, el comunero puede seleccionar su comunidad y acceder a su sede específica, con sus propios datos, expedientes y comunicaciones.
La sede electrónica incorpora doble vía de acceso —certificado digital o usuario y contraseña— y permite gestionar expedientes, registro, comunicaciones, incidencias, tareas, gestión documental, código CSV y canal de denuncias. En la explicación de Richart, esta capa administrativa no era secundaria: formaba parte del esfuerzo por dar trazabilidad y ordenar la relación entre comunidades, técnicos y comuneros dentro de una misma arquitectura digital.
El segundo pilar fue la Plataforma GIS Web PERTE Vinalopó, concebida como un SIG web multi-entidad para la gestión inteligente de infraestructuras y la monitorización hidráulica. El sistema integra inventario digital, censo-parcelario, datos en tiempo real a través de API, servicios OGC INSPIRE, acceso desde navegador y tecnologías de código abierto. La parte G añadió una capa de centralización de datos, inspección técnica de balsas y monitorización piezométrica, con series temporales de más de 1.200 lecturas por pozo, normalización SIA/CHJ e interoperabilidad API con el organismo de cuenca.
La intervención avanzó finalmente hacia el potencial de la inteligencia artificial aplicada al análisis de datos históricos, niveles piezométricos, modelos hidráulicos y modelos de flujo subterráneo. En el Vinalopó, la digitalización se presentó como una herramienta para comprender mejor el sistema y anticipar escenarios, pero también como un ejercicio de retorno a la administración: producir información normalizada, interoperable y útil para mejorar la planificación.
El proyecto del Vinalopó no se limitó a desplegar herramientas digitales, sino que obligó a coordinar comunidades de tamaños muy distintos, desde 80 hasta 4.000 hectáreas
La C.R. Argos conecta seguridad jurídica, territorio e infraestructura
La segunda intervención trasladó la crónica a la Región de Murcia. Ginés Fernández Álvarez, secretario y director técnico de la Comunidad de Regantes de Argos, partió de una realidad muy distinta a la del Vinalopó: una comunidad de tamaño medio, con 1.085,96 hectáreas de perímetro de riego, una concesión de 5.429.771 m³ al año, 2.641 parcelas, 1.521 propietarios, 1.658 regantes y 2.689 terceros. Sus infraestructuras, valoradas en 19 millones de euros, incluyen 450 kilómetros de red de riego a presión, dos balsas, una estación de bombeo, tres estaciones de filtrado y 1.700 hidrantes individuales.
Fernández construyó su relato desde tres palabras: usuarios, territorio e infraestructuras. En la C. R. Argos, la digitalización no se planteó como una suma de aplicaciones independientes, sino como un ecosistema en el que sede electrónica, ERP, GIS y telecontrol funcionan de manera conectada. La comunidad actúa como corporación de derecho público, y eso llevó al ponente a poner el acento en un aspecto que a menudo queda en segundo plano cuando se habla de regadío digital: la seguridad jurídica.
Digitalizar una comunidad de regantes no significa solo instalar sensores o caudalímetros
La administración electrónica, apoyada en Gestiona, permite registro de entrada y salida, tramitación reglada de expedientes, gestión de órganos colegiados, notificaciones, carpeta electrónica, servicios en línea, tablón de anuncios, sistema interno de información y analítica de datos mediante cuadros de mando Qlik. Fernández explicó esta capa como una forma de garantizar derechos, acceso a la información y trazabilidad administrativa para regantes y terceros.
A partir de ahí, el relato descendió al funcionamiento cotidiano de la comunidad. Una solicitud de actualización de censo, un certificado de parcela o un procedimiento de declaración de descubierto y suspensión del suministro de agua dejan de ser trámites aislados para integrarse en un flujo reglado: registro de entrada, revisión, propuesta de resolución, órgano colegiado, notificación y cierre de expediente. La digitalización, en este caso, ordena la relación entre el procedimiento administrativo y el territorio.
El ERP Moval Regadío aparece como elemento centralizador de la gestión de la C. R. Argos. Integra censo, parcelario, visor GIS, infraestructura, mantenimiento, estimaciones de riego, dispositivos de medición, teledetección, gestión de riegos, facturación, contabilidad, control de deuda, avisos masivos, portal del regante, cupos, módulos de balance hídrico e integración del telecontrol de red alta y baja.
La conexión con el SIG permite que la información administrativa aterrice sobre el perímetro de riego. El sistema de información geográfica de Moval Regadío se integra mediante servicios WMS en la administración electrónica de la C. R. Argos, de modo que expedientes y parcelas pueden relacionarse espacialmente. El visor ofrece una parte pública, sin datos personales, y una parte privada conectada con la gestión de parcelas, regantes, contadores, tomas, titulares, explotadores, mantenimiento, inventario y dispositivos.
En la última parte de su intervención, Fernández llevó el ecosistema hacia los sistemas de soporte a la decisión. La C. R. Argos incorpora módulos de balance hídrico al ERP bajo la formulación entradas = salidas + variación de almacenamiento + pérdidas, con análisis por sector, ramal, zona o conjunto general, y por mes, día o año. Sobre esa base, la comunidad avanza hacia recomendaciones semanales de riego apoyadas en estaciones agroclimáticas, geometrías individualizadas de unidades de cultivo, NDVI, coeficiente de cultivo, evapotranspiración, precipitación efectiva y eficiencia de aplicación.
La conclusión fue clara: digitalizar una comunidad de regantes no significa solo instalar sensores o caudalímetros. También significa disponer de expedientes ordenados, notificaciones trazables, certificados verificables, datos territoriales conectados y herramientas capaces de llevar la información hasta la toma de decisiones. En el cierre, Fernández lo resumió con una frase rotunda: la digitalización no es algo planteable, es algo necesario.
En la C. R. Argos, la digitalización no se planteó como una suma de aplicaciones independientes, sino como un ecosistema en el que sede electrónica, ERP, GIS y telecontrol funcionan de manera conectada
Segarra-Garrigues pasa del dato operativo a la predicción
La tercera ponencia llevó el taller a Cataluña. Miquel Sacrest Llosas, director general adjunto de Aigües del Segarra Garrigues, presentó la transformación digital de un sistema de gran escala: 105.000 hectáreas de superficie bruta, 65.488 hectáreas netas, 71 municipios, 16.000 propietarios y 15 sectores de riego.
Sacrest comenzó por dimensionar la infraestructura. El sistema cuenta con dos embalses —Rialb + Oliana, con 480 hm³, y Albagés, con 80 hm³—, un canal principal de 85 kilómetros, 4.459 kilómetros de tuberías, 41 balsas de riego en el proyecto base, 48 en la ampliación PBA y 32 estaciones de bombeo con una potencia total de 87.080 kW. La escala ayuda a entender por qué, en este caso, la digitalización no aparece como una opción instrumental, sino como una condición para operar un sistema complejo.
El ponente introdujo una distinción relevante para cualquier profesional del sector: digitalizar no es acumular documentos en PDF, sino transformar procesos. En el Segarra-Garrigues, esa transformación conecta promoción, proyectos, obras, explotación y regante mediante GIS, SIGOPRAM, SDO, telecontrol, SCADA, GMAO y web del regante. La idea se condensó en una fórmula que atravesó toda la intervención: convertir datos en información, y que esa información permita tomar decisiones.
Digitalizar no es acumular documentos en PDF, sino transformar procesos
SIGOPRAM ocupa un papel central en ese entramado. La herramienta permite optimizar tuberías, ubicar puntos críticos, mejorar trazados, definir consignas de presión, dimensionar hidrantes, piezas especiales y ventosas, calcular movimientos de tierras y abordar la optimización energética mediante turnos de riego, altura óptima de bombeo, curvas de red y regulación de estaciones de bombeo. Junto al SDO, el SCADA, el GMAO y la web del regante, compone una cadena digital que acompaña al sistema desde la obra hasta la explotación y la relación con el usuario final.
Pero Sacrest situó el reto principal en la siguiente fase: la predicción. El Segarra-Garrigues ya contaba con una base digital muy avanzada, pero faltaba una pieza para anticipar mejor las necesidades de riego. Esa “pata” pasa por disponer de una base de datos de cultivos actualizada, estudiar el estado de desarrollo parcela a parcela, prever necesidades futuras a corto, medio y largo plazo, emitir recomendaciones de riego y mejorar la gestión futura del agua y de la infraestructura.
La plataforma avanzada de previsión de demanda integra inteligencia artificial y datos históricos, junto con información de cultivos, parcelas, climatología, contadores, estaciones meteorológicas, teledetección Sentinel-2, sensores de humedad y balance hídrico. Sacrest explicó que el sistema se apoya también en el trabajo con el IRTA para calcular necesidades en parcelas y zonas de riego, contrastando los resultados con datos reales de contadores y con la digitalización previa del sistema.
El Segarra-Garrigues ya contaba con una base digital muy avanzada, pero faltaba una pieza para anticipar mejor las necesidades de riego
El turno de preguntas trasladó el foco a la implantación real
En el turno de preguntas, el propio Sacrest pidió prudencia con la etiqueta de inteligencia artificial. Reconoció buenos resultados, especialmente en la obtención de cultivos y en el avance hacia simulaciones y gemelos digitales, pero defendió un uso inicial interno, orientado a la comunidad de regantes y a los operadores para programar riegos y trasvases entre balsas. La ambición tecnológica, en su caso, llegó acompañada de una advertencia práctica: integrar estas soluciones requiere tiempo.
La jornada terminó con tres mensajes complementarios. En el Vinalopó, la digitalización apareció como gobernanza compartida. En la C. R. Argos, como garantía jurídica y conexión entre usuario, territorio e infraestructura. En Segarra-Garrigues, como evolución desde un sistema ya digitalizado hacia la previsión de demanda. Tres ponentes, tres escalas y una misma transición: hacer que el regadío deje de limitarse a registrar datos y empiece a utilizarlos de forma integrada para gestionar mejor el agua.





