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Seis mujeres que hicieron historia en las últimas décadas en defensa del agua

Seis mujeres que hicieron historia últimas décadas defensa agua

En un 8 de marzo en el que muchas de las conquistas del movimiento feminista están en riesgo y sufriendo constantes amenazas y cuestionamientos, nos preguntamos qué pensarían aquellas mujeres que protagonizaron las incontestables hazañas que han cambiado profundamente las sociedades modernas de forma no violenta. Desde el sufragismo y la segunda ola del feminismo de finales del siglo XX, la lucha de las mujeres se ha definido por trascender el género y transformar las relaciones de poder en sus diferentes formas, extendiéndose a múltiples aspectos sociales, culturales y ecológicos.

Cinco de las extraordinarias mujeres que ocuparán este artículo siguen vivas. Han dedicado su vida a defender los recursos hídricos en sus comunidades y podrían formar parte de lo que hoy, minoritariamente, llamamos ecofeminismo, que no es otra cosa que la lucha contra los estragos del desarrollo industrial y el dominio corporativo de la naturaleza, y la búsqueda de una relación armónica entre el modelo neoliberal capitalista y el medio natural, revalorizando las virtudes de la ética del cuidado, históricamente propias de las mujeres. Del mismo modo que la tarea emancipatoria de la segunda ola se fundamentaba en estos principios de equilibrio e igualdad de derechos, las mujeres también han encabezado tradicionalmente una lucha silenciosa (o quizá, silenciada) por otorgar un lugar justo a los derechos de la naturaleza.

Las mujeres son global e históricamente responsables de los trabajos agrícolas y la provisión doméstica de agua

En la lucha por la protección de los recursos hídricos, la fuente nodriza indiscutible de nuestra habitabilidad en la Tierra, el siglo XX ha sido testigo de admirables proezas de mujeres que han sabido comprender la importancia del ciclo del agua con una visión ecológica excepcional, y han alzado sus voces desde sus territorios, constantemente amenazados por el extractivismo y la depredación industrial a costa de la salud de sus habitantes y la destrucción de sus ríos y fuentes naturales de abastecimiento de agua y alimentos.

Las mujeres han sabido comprender la importancia del ciclo del agua con una visión ecológica excepcional, y han alzado su voz desde sus territorios

En el caso del activismo ecologista por el agua, es imprescindible comprender y aceptar que son las mujeres quienes son global e históricamente responsables de los trabajos agrícolas y la provisión doméstica de agua. El testimonio de la feminista y activista india por la Tierra, Vandana Shiva, es un recordatorio pertinente de la centralidad del agua tanto en el ámbito de los derechos humanos como en el de los derechos de género, así como en el debate sobre la propiedad y la gobernanza corporativa (a menudo privada) de los recursos de la Tierra. Lo que Vandana llama Democracia de la Tierra, emblema de numerosas ecofeministas, busca examinar cómo los recursos de la Tierra forman parte de una cadena interconectada que no puede separarse de la democracia moderna, del mismo modo que la lucha feminista no puede separarse del resto de las luchas contra los abusos de dominio y poder patriarcal.

Este 8 de marzo, revisitamos la historia de seis mujeres, incluyendo a Vandana, que han luchado activamente a favor de los derechos alimentarios y los recursos hídricos (naturalmente indivisibles), especialmente desde la experiencia del campo y la agricultura, desde la auténtica Democracia de la Tierra.

Vandana Shiva (India)

Vandana Shiva es una activista ambiental mundialmente reconocida, feminista y madre del concepto de Democracia de la Tierra. Líder en el Foro Internacional sobre la Globalización, Shiva recibió el Premio Nobel Alternativo de la Paz (el Right Livelihood Award) en 1993, si bien es mejor conocida por su pertinaz lucha en favor de los derechos de las mujeres campesinas pobres en la India y contra el control corporativo de las semillas por empresas de organismos genéticamente modificados (OGM) como Monsanto. Es una autora ampliamente publicada y se ha enfrentado directamente a los gobiernos y al capital corporativo en sus intentos de "poseer y vender” la Tierra mediante el control y privatización del agua.

En sus "Nueve Principios de la Democracia del Agua" (Shiva, 2002), establece como el séptimo principio:

"7. El agua es un bien común: El agua no es una invención humana. No puede ser limitada y no tiene fronteras. Por naturaleza, es un bien común. No puede ser poseída como propiedad privada ni vendida como mercancía."

Esta lucha por mantener el agua fuera del control de las corporaciones y en manos de las comunidades locales que la necesitan, y a la que acceden como bien común, ha llevado a Vandana Shiva a alzar su voz, personalmente, contra el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), cuyos programas de ajuste estructural a menudo requieren la privatización del agua como condición para los préstamos, bajo el rubro de "libre comercio".

En la actualidad preside la Comisión del Futuro de la Comida ubicada en la región de Toscana en Italia, es una de las líderes del Foro Internacional sobre la Globalización, y es a su vez directora de la Fundación para la Investigación Científica, Tecnológica y Ecológica, que creó en 1982, y editora asociada de la prestigiosa revista The Ecologist.

Hubbie Hussein Al-Haji (Kenia)

Hubbie Hussein Al-Haji, nacida en Garissa, Kenia, ha centrado su activismo en la defensa de los derechos de las mujeres en la gestión del agua. Como directora ejecutiva de WomenKind Kenya, Al-Haji ha impulsado reformas que permiten la participación de las mujeres en los comités de gestión del agua, desafiando la exclusión sistemática que llevan siglos sufriendo. Su lucha parte de un lugar lamentablemente común en la gestión del agua de cualquier comunidad rural de mundo: las mujeres son las encargadas de recolectar el agua, pero rara vez se les permite decidir sobre su distribución y gestión.

Al-Haji ha denunciado cómo las políticas de privatización, impuestas bajo la presión de instituciones internacionales, han agravado la escasez de agua y han profundizado las desigualdades de género. La organización de mujeres en comités locales ha permitido a las comunidades resistir la apropiación corporativa del agua, reivindicando su carácter de bien común. La lucha de Al-Haji se inscribe así en una tradición de feminismo comunitario que articula la defensa de los recursos naturales con la lucha por los derechos políticos y económicos de las mujeres. En palabras de Al-Haji: "Durante mucho tiempo, las mujeres kenianas se han visto obligadas a permanecer impotentes y han tenido que vivir con servicios de agua inadecuados. Ahora, desde el inicio del proyecto de reforma del agua en el país, estamos empezando a luchar por el cambio."

Maude Barlow (Canadá)

Si bien el origen de la lucha de Maude Barlow, nacida en 1947 en Toronto, no procede de una experiencia rural de escasez de agua, su figura es fundamental en el impulso del reconocimiento del agua como un derecho humano. A través de su trabajo con el Consejo de los Canadienses y el Proyecto Planeta Azul, Barlow ha denunciado cómo la mercantilización del agua beneficia a una élite corporativa mientras millones de personas carecen de un acceso seguro. Su activismo logró, en 2010, que la Asamblea General de la ONU reconociera el acceso al agua potable y al saneamiento como un derecho humano.

Para Barlow, la lucha por el agua es una lucha contra la recolonización de los bienes comunes por parte de las corporaciones multinacionales.

La Democracia del Agua de Barlow reivindica la gestión pública y comunitaria como la única forma legítima de administración de los recursos hídricos

Sus denuncias contra el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y otros acuerdos comerciales evidencian cómo estos tratados permiten a las corporaciones demandar a los Estados por intentar regular el acceso y la distribución del agua. Su propuesta de una "Democracia del Agua" reivindica la gestión pública y comunitaria como la única forma legítima de administración de los recursos hídricos: "Si tan solo la mitad de los 100 mil millones de dólares que los ricos del mundo gastaron en agua embotellada en 2005 se hubieran destinado a infraestructuras y tratamiento, todos los seres humanos del mundo tendrían agua potable hoy en día”.

Medha Patkar (India)

Nacida en Bombay en 1953, la vida de Medha Patkar es sinónimo de la lucha ecofeminista en India contra las grandes represas, específicamente el proyecto de represas a lo largo del Valle del Narmada, el más grande del mundo en este ámbito. Patkar ha señalado que, en los países del Tercer Mundo, el control gubernamental del agua, fuera del control de las comunidades y los pobres (en su mayoría mujeres), ha facilitado la construcción de enormes proyectos hídricos que, en el caso de India, han sido impuestos como condiciones de los préstamos de ajuste estructural del Banco Mundial. En este sentido, las represas se han convertido en el medio popular empleado por las instituciones internacionales para transferir el control del agua de las comunidades a los gobiernos centrales, convirtiéndose en una actividad responsable del desplazamiento de las mismas y, en palabras de Patkar, contribuyendo a la falsa idea de que “las represas aumentan el agua disponible, cuando en realidad solo redistribuyen el recurso de una comunidad para dárselo a otra”.

La lucha original de Patkar se centraba en obtener acuerdos justos para las personas desplazadas, pero la protesta pronto evolucionó para exponer una gran controversia ambiental que puso en duda no solo los métodos de compensación para las personas desalojadas, sino también la lógica misma de construir represas. Enfrentándose a numerosas condenas de cárcel en el camino, Patkar dio voz a las mujeres dalit pobres y a las campesinas en la creación de la Alianza Nacional de Movimientos Populares. Su victoria, conquistada con el apoyo de muchos otros activistas junto a ella, terminó forzando la salida del Banco Mundial del proyecto de represas del Valle del Narmada. En sus palabras: “Una visión feminista es clave para lograr una visión alternativa del desarrollo. Hace hincapié en el amor y la compasión, la humanidad en lugar de la enajenación”.

Asaha Elizabeth Ufei (Camerún)

La voz activista de Asaha Elizabeth Ufei se hizo prominente en diciembre de 2009 en Copenhague (Dinamarca), durante el foro sobre Cambio Climático y Justicia Climática. Su apasionada narración sobre las vidas de las mujeres negras en la División de Momo, en la provincia noroeste de Camerún, sentó un firme precedente en el reconocimiento del vínculo entre las mujeres, el género y el cambio climático: "A medida que empeoran las condiciones climáticas, las mujeres encuentran cada vez más difícil abastecer de alimentos y agua a sus familias. Las fuentes de agua que antes eran fiables y cercanas ahora se están secando o están contaminadas; y las cosechas no producen lo suficiente. Así que nos enfrentamos a preguntas: ¿Cuántas millas más tendrán que caminar las mujeres para proporcionar recursos básicos para la vida?”

La historia de Ufei da luz a la experiencia, lamentablemente inherente a la mayoría de las mujeres en la África rural. Su valiente paso por el foro de Copenhague en 2009 recordó al “mundo desarrollado” las peligrosas condiciones que las mujeres en el “Sur en desarrollo” sufren cada vez más a medida que la crisis climática avanza sin control.

Berta Cáceres (Honduras)

Naturalmente, no todas las mujeres que ponen su voz y su cuerpo al servicio de la lucha medioambiental alcanzan sus victorias, pero todas, indudablemente, arriesgan su vida. Berta Cáceres probablemente sea la que más resuene en el presente, pues su pacífica lucha terminó silenciada de forma sanguinaria a manos de su asesino, David Castillo, ex gerente de la empresa Desarrollos Energéticos DESA y responsable del proyecto hidroeléctrico Agua Zarca.

Berta Cáceres, reconocida líder indígena de Honduras, y fundadora y coordinadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), se opuso firmemente al desarrollo de este proyecto, junto con otros muchos activistas de la comunidad indígena lenca, en el corazón del río Gualcarque. El proyecto se había conseguido aplazar gracias a las protestas lideradas por Cáceres, que afirmaba que la presa destruiría un río sagrado, frenando su cauce, diezmando las poblaciones de peces de los que dependían para alimentarse, y destruyendo las riberas que se usaban para cultivar comida y cosechar plantas medicinales.

Desgraciadamente, el asesinato de Berta Cáceres no es un caso aislado, sino que, como la propia investigación concluyó, responde a “una política sistemática de ataques en contra de las personas defensoras de derechos humanos, dentro de un contexto de violencia generalizada que afecta a todas las personas radicadas en Honduras”.

Las palabras de Berta Cáceres, tanto como las de sus compañeras defensoras del agua, a lo largo y ancho del planeta, continúan alentando nuestra esperanza y nuestro impulso para seguir defendiendo los recursos hídricos, desde el terreno, desde las instituciones, y desde nuestra humilde voz como redactoras: “El río es como la sangre que corre por tus venas: es un crimen atacar a un río que tiene vida”.

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