Castilla y León y la cuenca del Duero: gestionar el agua para sostener el territorio

Alejandro Maceira
Un contenido deAlejandro MaceiraRedacción iAgua

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En este contexto, gestionar el agua no es solo una cuestión técnica: es una condición para sostener población, servicios y actividad económica en la España interior. El quinto episodio de Conexión Agua, el videopodcast impulsado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico en el marco del PERTE de Digitalización del Ciclo del Agua, aborda cómo se afronta este desafío desde cuatro perspectivas complementarias: la gestión a escala de cuenca, la coordinación autonómica, la operación del ciclo urbano y el desarrollo de herramientas de información para la toma de decisiones.

La cuenca del Duero: digitalizar o no poder gestionar

Diana Martín, consejera técnica de la Confederación Hidrográfica del Duero, abre el episodio con una radiografía detallada del territorio. La cuenca del Duero acoge a 2,2 millones de habitantes, pero la distribución es radicalmente desigual: el 50% de la población se concentra en ocho ciudades, mientras que el resto del territorio se sitúa muy por debajo de la media española de cien habitantes por kilómetro cuadrado.

Uno de los retos fundamentales en un territorio de esta extensión es el control efectivo de los aprovechamientos de agua

Para Martín, uno de los retos fundamentales en un territorio de esta extensión es el control efectivo de los aprovechamientos de agua. Con 80.000 aprovechamientos inscritos, la supervisión manual resulta materialmente imposible. La digitalización de las tomas de agua, especialmente en regadío, se convierte así en la única vía realista para conocer las extracciones reales, detectar lagunas de datos y gestionar el recurso con rigor.

Junto al control de aprovechamientos, Martín identifica otros retos clave: el impacto del cambio climático y los fenómenos extremos en un territorio con una variabilidad climática importante, el cumplimiento de los objetivos ambientales y de calidad de las masas de agua, la gestión de los caudales ecológicos y la lucha contra la contaminación difusa, con especial atención a los nitratos y a los desbordamientos en episodios de lluvia.

La confederación ha desarrollado herramientas digitales propias que ya forman parte de su operativa diaria. El MiraME Duero es un visor cartográfico y una infraestructura de datos que integra prácticamente todas las variables de la cuenca, desde masas de agua hasta usos y estado ecológico, y permite consultas georreferenciadas abiertas al público con total transparencia. Martín destaca que esta herramienta se encuentra en pleno proceso de mejora de su interoperabilidad para conectarse con otros sistemas.

Diana Martín, consejera técnica de la Confederación Hidrográfica del Duero.
Diana Martín, consejera técnica de la Confederación Hidrográfica del Duero.

El SIRCA Duero, por su parte, es lo que Martín describe como un sistema de información hidrológica avanzado que ha evolucionado significativamente en los últimos años. Partiendo de las redes tradicionales de aforos (ROEA) y calidad (SAICA y SAI), se han ido incorporando otras capas: piezometría, pluviómetros y estaciones meteorológicas propias, además de las suministradas por AEMET. El resultado es una plataforma que proporciona en cada momento información sobre la cantidad y calidad del agua en toda la cuenca.

A estos sistemas se suma Integra, una aplicación de tramitación electrónica de expedientes que nació en la propia confederación y se ha extendido a otros organismos de cuenca como el Ebro, el Tajo, Miño-Sil y Guadiana. Su evolución, Integra NES, permite la digitalización completa de la gestión administrativa del dominio público hidráulico, facilitando la consulta y georreferenciación de expedientes y cumpliendo con los requisitos de transparencia exigidos por la normativa.

Martín resume la situación con una expresión contundente: digitalizar es pura supervivencia para un organismo de cuenca. No hay otra forma de entender la gestión del agua en un territorio de esta escala.

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Coordinación autonómica: un cuarto de los ayuntamientos de España

Javier Pablos, director de Obras y Servicios de Somacyl, la Sociedad Pública de Infraestructuras y Medio Ambiente de Castilla y León, traslada una realidad que califica como más cruda de lo que se supone. Castilla y León tiene 2.200 ayuntamientos, casi un cuarto de los de España. Pero entre pedanías, juntas vecinales y pequeñas aglomeraciones, el número de núcleos de población se multiplica casi por cuatro. Y las competencias en materia de ciclo urbano del agua son municipales.

Somacyl ha articulado un modelo de coordinación basado en protocolos hidráulicos firmados con las nueve diputaciones provinciales

En las capitales de provincia y ciudades de más de 20.000 habitantes, la situación está en general resuelta, pendiente de actualizaciones y modernizaciones que los fondos europeos están ayudando a financiar. Pero en el mundo rural —los miles de núcleos de menos de 20.000 habitantes, y especialmente los de menos de 500— las necesidades son de un escalón inferior: problemas básicos de depuración, de potabilización, redes obsoletas de fibrocemento, contadores rotos o congelados que llevan más de diez o doce años sin cambiarse, y en muchos casos ni siquiera ordenanzas de recaudación.

Para afrontar esta complejidad, Somacyl ha articulado un modelo de coordinación basado en protocolos hidráulicos firmados con las nueve diputaciones provinciales. La financiación se reparte entre comunidad autónoma, diputaciones y ayuntamientos, y las prioridades se acuerdan provincia a provincia. Este modelo se ha aplicado sucesivamente a cuatro programas: depuración para poblaciones entre 500 y 2.000 habitantes equivalentes, depuración para menos de 500, infraestructuras hidráulicas generales (potabilización, abastecimientos mancomunados) y, más recientemente, un programa específico de digitalización en el marco del PERTE.

Los resultados son significativos. En depuración, Somacyl ha ejecutado o tiene en marcha más de 200 infraestructuras entre 500 y 2.000 habitantes equivalentes, además del programa para núcleos más pequeños que afecta a más de mil poblaciones.

Javier Pablos, director de Obras y Servicios de Somacyl.

El programa de eficiencia en redes de agua potable financiado con el PERTE es especialmente relevante. El objetivo es doble: reducir pérdidas de agua —al menos un 30%— e instalar más de 175.000 contadores digitales en más de 250 núcleos, mejorando tanto la eficiencia hídrica como la capacidad de recaudación de los municipios. Pablos explica la lógica: si los pueblos recaudan más sin subir tarifas, pueden dedicar esos ingresos a mejorar la operación de sus sistemas de abastecimiento y depuración, haciendo sostenibles unas infraestructuras que de otro modo dependen permanentemente de la ayuda externa.

Valladolid: operación urbana con doce años sin subida de tarifas

Soraya Pérez García, técnico de Aquavall — Aguas de Valladolid, ofrece la perspectiva del operador municipal. Desde su constitución como entidad pública en julio de 2017, Aquavall ha tenido como principal reto garantizar un suministro de agua de máxima calidad y seguridad, con precios socialmente aceptables y reduciendo al mínimo los riesgos ambientales de las aguas residuales.

La digitalización se ha convertido en palanca estratégica para afrontar estos desafíos sin trasladar los costes a los usuarios

Valladolid se encuentra en una zona bien dotada de recursos hídricos procedentes del Duero y del Pisuerga, lo que ha permitido orientar los esfuerzos hacia la eficiencia. Un dato ilustra la magnitud del desafío: las tarifas del servicio no se han modificado desde 2014. Doce años sin subidas, en un contexto de inflación energética y de reactivos, envejecimiento de la plantilla —con una edad media en torno a los 55 años— y cambios tecnológicos acelerados.

La digitalización se ha convertido en palanca estratégica para afrontar estos desafíos sin trasladar los costes a los usuarios. Entre las iniciativas más llamativas, Pérez García destaca el uso de drones voladores para inspeccionar el interior de la red de alcantarillado, especialmente en tuberías de gran diámetro y elevado caudal donde los robots sobre ruedas tradicionales no siempre pueden acceder. También la implantación de un sistema de inteligencia artificial para gestionar la correspondencia con los usuarios, un canal de comunicación cada vez más utilizado por la ciudadanía.

Los proyectos del PERTE han supuesto para Aquavall una inversión de casi siete millones de euros repartidos en 34 actuaciones. Pérez García distingue entre beneficios tangibles —contención de costes, optimización de recursos, menores pérdidas, automatización de procesos operativos, mayor planificación del mantenimiento, menos desplazamientos del personal— y beneficios intangibles: atención personalizada a los usuarios, mayor transparencia gracias a sistemas de business intelligence, y una mayor capacidad de adaptación ante emergencias como la sequía.

Para Pérez García, la digitalización ha permitido dar un acelerón que está haciendo de Valladolid una ciudad sostenible, eficiente y preparada para el futuro. Más aún, Aquavall aspira a funcionar como nodo de conocimiento, compartiendo aprendizajes, modelos e instrumentos con otros municipios y mancomunidades de Castilla y León.

Soraya Pérez García, técnico de Aquavall — Aguas de Valladolid.
Soraya Pérez García, técnico de Aquavall — Aguas de Valladolid.

NABIA: el dato ambiental al servicio de la gestión

Ana Isabel González Abadías, jefa de Servicio Técnico del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, cierra el episodio con la presentación de NABIA, el sistema de información sobre calidad de las aguas que lleva diez años recopilando datos enviados por los organismos de cuenca. González Abadías no oculta su entusiasmo: NABIA es, en sus palabras, su libro, y cualquier ocasión para hablar de esta herramienta la aprovecha al máximo.

El PERTE ha sido el impulso necesario para renovar en profundidad un sistema que, pese a su potencial, presentaba carencias detectadas desde hacía tiempo. Las mejoras se concentran en tres ejes fundamentales.

El primero es el flujo del dato. El NABIA actual funciona con un flujo manual y asíncrono, lo que genera diferencias de versiones entre los datos de los organismos de cuenca y la base de datos central. La nueva herramienta automatiza este proceso, facilitando además la tarea de los organismos de cuenca, que realizan un esfuerzo considerable para enviar la información a tiempo.

El valor añadido de NABIA va más allá del cumplimiento de obligaciones de reporte a la Unión Europea

El segundo eje es la consulta y explotación del dato. González Abadías plantea una reflexión clara: no tiene sentido invertir dinero público en programas de seguimiento del estado de las aguas, en toma de muestras y análisis, para luego tener esa información infrautilizada. La gran novedad de la nueva herramienta es la incorporación de la variable geográfica, que permite relacionar el dato alfanumérico con su localización en el territorio mediante un visor cartográfico. Cuando se habla de un dato que proviene del medio natural, como es la calidad de las aguas, la dimensión geográfica es básica.

El tercer eje es la difusión. Un módulo público alojado en la web del Ministerio garantizará que cualquier ciudadano —no solo el gestor— pueda acceder a la información ambiental financiada con fondos públicos, cumpliendo con las obligaciones de la administración en materia de transparencia ambiental.

González Abadías subraya que el valor añadido de NABIA va más allá del cumplimiento de obligaciones de reporte a la Unión Europea. Es una herramienta para que el gestor de la masa de agua disponga de información actualizada, completa y fiable para tomar decisiones: datos fisicoquímicos, biológicos, hidromorfológicos, e incluso de especies exóticas invasoras. La cantidad de información que acumula NABIA es enorme, y el uso que puede darle el gestor para filtrarla, explotarla y apoyar la evaluación del estado de las masas de agua es, en palabras de González Abadías, inmenso.

Ana Isabel González Abadías, jefa de Servicio Técnico del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico

En cuanto al valor específico para territorios extensos y dispersos como Castilla y León, la respuesta de González Abadías es inequívoca: la dimensión geográfica. Que un gestor o un ciudadano pueda consultar la calidad del agua de su pueblo a través de un mapa, situando el dato en perspectiva y relacionándolo con territorios circundantes, es el valor añadido más destacable de la nueva herramienta.

Digitalizar para sostener el territorio

En la pregunta común final, los cuatro participantes convergen en una idea compartida. Diana Martín lo resume con la contundencia que ha marcado toda su intervención: digitalizar es una necesidad de supervivencia del organismo de cuenca y de la propia gestión del agua. Sin digitalización, no hay forma de gestionar el dominio público hidráulico.

Javier Pablos lo traduce en una ecuación directa: digitalizar es igual a conocimiento. Y el conocimiento mejora todas las facetas del ciclo del agua, desde el uso hasta el control y la facturación. Saber es poder, y la digitalización es saber.

Soraya Pérez García apunta a Aquavall como referente y nodo de conocimiento que puede compartir aprendizajes con otros municipios y mancomunidades. Y cierra con una idea que conecta con el título del episodio: en Castilla y León, gestionar el agua es gestionar el futuro.

El episodio evidencia que en la España interior la digitalización del ciclo del agua no es una cuestión de modernización tecnológica, sino una condición necesaria para mantener servicios esenciales, equilibrar brechas territoriales y dar viabilidad a largo plazo a municipios que dependen de una gestión eficiente del recurso para seguir existiendo. El PERTE de Digitalización del Ciclo del Agua actúa aquí como elemento vertebrador, apoyando a administraciones y operadores en la modernización de sus sistemas y contribuyendo a reducir las brechas técnicas y territoriales que caracterizan a este territorio.

Porque en Castilla y León, donde el agua es clave para sostener población, actividad y servicios, digitalizar su gestión no es solo innovar: es la condición necesaria para afrontar el reto demográfico y construir futuro desde el territorio.

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