Vicente José Richart Díaz, director técnico de la Junta Central de Usuarios del Vinalopó, L'Alacantí y Consorcio de Aguas de la Marina Baja, intervino en la Jornada Técnica sobre el Estado de Implantación del Plan de Acción de las Aguas Subterráneas: Inteligencia Artificial y Aguas Subterráneas, celebrada el 20 de mayo de 2026 en la ETS de Ingenieros de Minas y Energía de la UPM, para presentar la experiencia del Vinalopó en el PERTE de digitalización del regadío.
Richart abrió su ponencia con una idea que condicionó todo el relato: la inteligencia artificial no solo necesita datos, también necesita contexto. En el caso del Vinalopó, ese contexto es una historia larga de sobreexplotación. Se trata de un sistema intercomunitario de la demarcación del Júcar, con masas compartidas con la del Segura, 1,5 millones de habitantes, 65.000 hectáreas de regadío y un volumen concesional de 170 hectómetros cúbicos anuales. La sobreexplotación fue declarada provisionalmente en 1987, pero sus efectos se remontan mucho más atrás, con manantiales que llegaron a emanar 1.200 litros por segundo y se secaron en apenas tres décadas.
Richart abrió su ponencia con una idea que condicionó todo el relato: la inteligencia artificial no solo necesita datos, también necesita contexto
La solución territorial se ha construido durante años mediante sustitución de recursos subterráneos por recursos superficiales del Júcar. El Plan Hidrológico del Júcar de 1998 contempló la conducción Júcar-Vinalopó, con capacidad de hasta 80 hectómetros cúbicos para paliar la sobreexplotación. A esa infraestructura se han sumado desalación, reutilización, modernización de regadíos y energía solar fotovoltaica para la transferencia. Las inversiones acumuladas rozan los mil millones de euros.
La gobernanza es una pieza central. La Junta Central integra a todos los usuarios de un territorio donde el 90% de las explotaciones tiene menos de cinco hectáreas. El convenio vigente contempla un mínimo de 34 hectómetros cúbicos anuales de sustitución y una reducción progresiva de extracciones. El modelo económico distribuye los costes de sustitución entre todos los usuarios para evitar desigualdades.
En ese marco entra el PERTE. Richart subrayó que, aunque representa apenas el 0,55% de la inversión total, tiene un enorme valor estratégico porque proporciona el activo crítico: información. El proyecto agrupa a más de treinta comunidades de regantes y digitaliza más de 32.000 hectáreas. La IA se apoya en modelos de flujo subterráneo y en modelos hidráulicos de distribución de recursos alternativos, con el objetivo de predecir caudales, demandas, niveles y recarga; optimizar bombeos y asignación de recursos; y detectar anomalías.
Una dimensión especialmente relevante es el retorno de datos a la administración. La agrupación ha instalado sondas en todos sus pozos y comparte diariamente niveles piezométricos con el organismo de cuenca de forma automática, máquina a máquina. Así, el usuario deja de ser solo receptor de digitalización y se convierte en generador de información pública útil para recuperar acuíferos y satisfacer demandas. La ponencia presentó el Vinalopó como un caso de gobernanza, solidaridad y gestión integrada.




