Cooperación Española

El renacer de un barrio con la llegada del agua corriente

renacer barrio llegada agua corriente

Cuatro pequeños ventiladores colgados del techo ayudan a sobrellevar el calor sofocante en la escuela Juan Bautista Escalabrini, en el Barrio de Villa Hermosa, a las afueras de Cartagena de Indias. No es la época más calurosa del año, pero las temperaturas son siempre altas y la humedad contribuye a que la sensación de agobio sea aún mayor. Las paredes, pintadas de azul cielo, están moteadas de carteles y pósteres que recuerdan el horario, las lecturas recomendadas, los cumpleaños del alumnado o la importancia de cuidar del agua. Este es uno de los centros escolares que pudieron remodelar sus sistemas de agua y saneamiento y se nota en todos los rincones, pero especialmente si se habla con el alumnado.

Cuando se cuenta con baños en buen estado y agua corriente en la escuela, las cosas son muy diferentes, según nos dicen. Ya no tienen que volver a sus casas para hacer sus necesidades, los baños separados dan más seguridad y, en el caso de las niñas, disminuyen las ausencias cuando tienen el periodo. Además, tal y como señala UNICEF, todo esto genera «un entorno más favorable para estudiar, aprender y desarrollar su potencial». Un entorno como el que se ha generado en Villa Hermosa, donde las condiciones de vida son todavía complicadas, a pesar de encontrase a pocos kilómetros de Cartagena de Indias. Una ciudad extremadamente turística, que recibió solo en el pasado verano cerca de 1,2 millones de turistas, pero alrededor de la cual se multiplican todavía los barrios donde abunda la pobreza.

Un programa de agua y saneamiento, unido a la iniciativa y tesón de los vecinos, ha puesto los cimientos para impulsar mejoras en Villa Hermosa

No en vano, a pesar de los avances logrados en las últimas décadas, Colombia se sitúa como el tercer país más desigual del mundo, solo superado por Sudáfrica y Namibia, según un informe del Banco Mundial publicado en 2024. Un dato abrumador que deja constancia de que el crecimiento económico vivido por el país en las últimas décadas no se ha repartido bien. Un ejemplo claro es el de Villa Hermosa, una de las zonas localmente conocidas como «invasiones», un término muy gráfico —y sin ánimo despectivo— con el que se hace referencia a las zonas construidas en muy poco tiempo por personas que venían de fuera, y en donde no ha habido planeación ni ordenamiento municipal. En el caso de Villa Hermosa, la mayor parte de los vecinos eran desplazados que provenían de zonas muy afectadas por el conflicto armado en Colombia y comenzaron a instalarse a principios de los años 2000. Allí se fueron construyendo casas y, en la actualidad, alcanzan con unos 10.000 habitantes, divididos por sectores.

Dos de las claves fueron dotar de agua y saneamiento a las escuelas y fomentar la participación comunitaria

La llegada del agua y el saneamiento, gracias a un programa de la Cooperación Española ejecutado por Aguas de Cartagena, supusieron el primer paso de un futuro al desarrollo, tal y como explica Daniel Arrieta Villalba, líder comunal del barrio: «La llegada del agua impulsó la puesta en marcha de algunos negocios, mejoró la vida de la población y, además, se visualizó nuestro barrio y llegaron otras ayudas». Una versión que refrenda otra de las líderes locales, Edith Johana Torres Araba, presidenta de la Junta de Acción Comunal del barrio de Villa Hermosa: «Vivimos en unas condiciones totalmente diferentes. (…) Nuestra vida ha cambiado, digámoslo, al 100%.  La Cooperación Española tuvo un impacto muy bueno, les agradecemos inmensamente. (…) Nosotros caminábamos sobre las aguas negras, no teníamos donde echar las heces fecales, tocaba tirarlas en cualquier parte. Los olores eran horribles. Esto ya no pasa, cada quien tiene dónde echarlas en sus casas», explica Torres. En su momento, estuvo muy implicada en el proyecto del agua, mediando entre las partes y apoyando a sus vecinas, y en la actualidad sigue metida de lleno en otras reivindicaciones. Su discurso es firme y claro: «El agua y los baños fueron determinantes, pero ahora hay que seguir mejorando. Todavía quedan muchos aspectos en los que avanzar». El primero, el de las calles, que todavía son de tierra y piedras, en una zona en la que puede llegar a llover unos veinte o veinticuatro días al mes en la época de lluvias. Esto supone zonas absolutamente embarradas, dificultades para el tráfico de coches y la llegada de mercancías, suciedad en el barrio, etc. El otro aspecto clave es el del gas, como señala Daniel: «La mayoría de las casas tienen que cocinar con leña, con los peligros que conlleva, o adquirir pimpinas de gas, que son muy costosas».  

De hecho, no son raros los incendios y las inundaciones, catástrofes en las que juega un papel primordial otro de los pilares comunitarios del barrio: los llamados combas (comités barriales de emergencia). Son grupos de gestión de riesgos relacionados con el medioambiente, tal y como explica José Manuel López, líder social del sector 2 del barrio, y miembro del combas «Estamos siempre pendientes cuando se producen fenómenos naturales extremos, como lluvias o incendios. Vamos a las casas más afectadas para reportar ante el Sistema Nacional de Riesgo, y luego ellos ven cómo les pueden ayudar», explica. Además, participó muy activamente en el programa de agua y saneamiento y recuerda cómo se organizó al principio: «Hacíamos un acompañamiento a los ingenieros y explicábamos el proyecto a los vecinos, porque había muchas personas que no sabían del tema. Nosotros les dábamos información para que pudieran sumarse al proyecto, no solo del agua, sino también de las intradomiciliarias». Actuaron, de alguna manera, como correa de transmisión de los beneficios del programa para fomentar la conectividad de los vecinos: es decir, que se conectaran al alcantarillado.

Los inicios

La llegada del agua y el saneamiento, gracias un programa de la Cooperación Española ejecutado por Aguas de Cartagena, supusieron el primer paso de un futuro al desarrollo

El origen de todo fue el programa denominado ‘Ampliación de la planta potabilizadora del Bosque y abastecimiento de los barrios de la zona sur occidental de Cartagena de indias’, una iniciativa del Fondo de Cooperación para Agua y Saneamiento (FCAS) de AECID que se llevó a cabo entre los años 2016 y 2022. Se trató de un proyecto muy completo, implementado por Aguas de Cartagena, con un claro componente de creación de infraestructuras, pero también una parte importantísima de trabajo social con la población. De este trabajo de campo, mano a mano con los vecinos y vecinas, surgieron numerosas iniciativas. Una de ellas fue la conformación de un pequeño grupo musical —Innova 5— que al son del rap puso de moda el lema ‘Agua y vida que se sienten’. Otra de ellas fue el nacimiento de una familia de personajes de animación, inspirados en personas reales, con nombres y apellidos, conocidos y reconocidos en el barrio. Fue a través de ellos, y mediante dibujos, carteles y vídeos animados que se trabajó para sensibilizar a la población sobre la mejor manera de cuidar el agua. Se crearon también comités de ambiente y salud —que aún siguen en funcionamiento—, y se pusieron en marcha diversos emprendimientos, con las mujeres y la infancia como protagonistas.  

Además, desde el primer momento, estuvo claro que el programa debía incidir en los centros educativos del barrio, que son sin duda parte del corazón de Villa Hermosa. El director de la Institución Educativa Metropolitana, Adelson Martínez, lo vivió en primera persona y lo recuerda perfectamente, ya que las obras en su centro coincidieron con la pandemia provocada por el coronavirus. Los niños se fueron del colegio con unos baños en estado lamentable y al volver —el cierre de los centros educativos fue de unos seis meses en Colombia—, se encontraron con algo totalmente diferente. «Estaban asombrados, contentos, felices», subraya. «Fue una pena que no pudiéramos grabar sus caras, porque eran el vivo reflejo de la felicidad».  

Y lo más importante: como la mayoría de las casas también consiguieron agua y saneamiento —el programa incluyó más de 1.200 acometidas domiciliarias—, el conjunto tuvo un efecto inmediato en la asistencia de los estudiantes y la mejora de su salud «Por un lado, estaba el tema de las faltas a clase o del retraso porque ‘profe, es que no conseguí agua para bañarme, no había agua en la pileta, tuve que ir a la que está allá lejos…». Y, por otro, el tema de la salud: «Aquí los niños sufrían de mucha gripa (gripe), pero ya no, ya no se bebe agua estancada». 

Y si el impacto fue grande a todos los niveles, para las mujeres y niñas ha sido especialmente significativo. Y todas son conscientes de ello, desde las mayores a las más pequeñas. «Cinco años atrás, nuestra comunidad padecía la falta del agua, el líquido más preciado. Tomábamos agua de muy mala calidad, además, la que conseguíamos no era ‘legalmente’ nuestra, pero como madres, no teníamos otra opción. A nosotras nos tocaban los quehaceres de la casa y solucionar lo del agua. Cuidar a los niños, estar pendiente de dónde había agua para bañarlos, tener su uniforme limpio… Yo viví en carne propia lo que era este padecimiento.

Los baños separados dan más seguridad y, en el caso de las niñas, disminuyen las ausencias cuando tienen el periodo

Nos tocaba ir a una distancia muy larga, tengo todavía las ampollas», cuenta Johana. Afortunadamente, Ana Rosa Mercado Suárez, una pequeña estudiante de diez años de la Institución Educativa Metropolitana, ya no tendrá que vivir eso; sin embargo, sí recuerda cuando era más pequeña y chicos y chicas tenían que compartir el baño de la escuela, algo que a ella no le gustaba: «Ahora me encantan porque están separados, son más espaciosos y tienen espejos, jabón y papel», cuenta desde el columpio que también se instaló en el centro escolar con el apoyo del programa.

Síguenos en Google Discover