Según una investigación publicada en Science en 2024, entre 10 y 40 millones de toneladas de microplásticos se liberan anualmente al ambiente, cifra que podría duplicarse para 2040 si no se toman medidas. A pesar de esto, los estudios en América Latina representan solo el 4,8 % de la producción científica global y son especialmente escasos en los ríos de la región.
En un estudio, llevado a cabo en los ríos Paila y Baños del San Juan, en el occidente de Cuba, científicos de la Universidad de La Habana y la Universidad de Alcalá, identificaron concentraciones significativas de microplásticos en los sedimentos. El polietileno tereftalato (PET) fue el polímero predominante, representando el 41.9% de las partículas halladas, seguido del polipropileno (PP) con un 25.8%. Estos microplásticos no solo afectan la calidad del agua, sino que también inhiben la actividad de enzimas esenciales como la proteasa y la catalasa, claves para el equilibrio de los ecosistemas acuáticos.
La investigación detectó que la concentración de PP está directamente relacionada con los niveles de nitrito y amonio en los sedimentos, elementos que influyen en la actividad enzimática de los microorganismos. Además, las lluvias parecen intensificar la presencia de estas partículas, agravando la situación en los meses más húmedos.
La identificación de microplásticos como el polietileno y el polipropileno en ríos cubanos marca un precedente preocupante: es el primer estudio en la isla que documenta la presencia de estos contaminantes en ecosistemas de agua dulce. La falta de sistemas efectivos de gestión de residuos plásticos y la baja concienciación ambiental son factores críticos que contribuyen a este problema.
La ruta de los plásticos: del campo venezolano al océano
En paralelo, un estudio desarrollado en aldeas rurales del sur del Caribe venezolano revela que las comunidades locales son fuentes significativas de microplásticos, los cuales llegan a los ríos y de ahí, al mar. Actividades como el uso de productos plásticos en la agricultura y los residuos domésticos son los principales responsables.
Los investigadores encontraron que los microplásticos actúan como esponjas, absorbiendo y transportando otros contaminantes químicos, aumentando así la toxicidad de los ecosistemas marinos. Esta contaminación impacta negativamente en la biodiversidad, comprometiendo la salud de los corales, peces y otras especies esenciales para el equilibrio marino y los recursos pesqueros.
La situación es aún más alarmante, considerando que las comunidades rurales carecen de infraestructura adecuada para la gestión de residuos sólidos, lo que facilita que los desechos plásticos lleguen a los ríos sin ningún tipo de tratamiento previo.
El Caribe: un paraíso bajo amenaza plástica
Ambos estudios coinciden en un diagnóstico preocupante: los ríos del Caribe se están convirtiendo en rutas efectivas para la dispersión de microplásticos hacia los océanos. Esta problemática no solo amenaza la biodiversidad marina, sino que también representa un riesgo para las comunidades que dependen de los recursos pesqueros.
Expertos señalan la necesidad de implementar políticas urgentes para la gestión de residuos plásticos, así como campañas de educación ambiental que sensibilicen a la población local sobre el impacto de los plásticos en los ecosistemas. Iniciativas como la reducción del uso de plásticos de un solo uso y el fortalecimiento de los sistemas de reciclaje podrían ser pasos importantes para frenar esta amenaza.
Conclusión: el tiempo corre en contra
La comunidad científica insiste en que el tiempo para actuar es limitado. La falta de estudios previos en ecosistemas de agua dulce del Caribe ha retrasado la toma de decisiones efectivas, pero los nuevos hallazgos dejan claro que la acción es urgente. La implementación de políticas ambientales rigurosas y la concienciación ciudadana serán claves para evitar que los ríos y mares del Caribe se conviertan en vertederos permanentes de plástico.