La madrugada del 4 de julio, el río Guadalupe se desbordó bruscamente a su paso por la región central de Texas tras unas lluvias persistentes que saturaron los suelos en pocas horas. Según The Guardian, el caudal, normalmente contenido, experimentó un incremento de más de seis metros en menos de dos horas en varias estaciones hidrométricas; en algunos tramos, como el situado a la altura de Hunt, se registró una subida de casi ocho metros en apenas 45 minutos. Este ascenso repentino provocó inundaciones que afectaron a numerosas localidades del llamado Hill Country, donde se concentran varias comunidades rurales.
La intensidad de las precipitaciones estuvo asociada a los restos de la tormenta tropical Barry, cuyo sistema de baja presión se mantuvo estacionario sobre el centro del estado, dejando acumulaciones de entre 130 y 280 mm de lluvia en menos de seis horas. Así lo ha señalado el Servicio Meteorológico Nacional.
Uno de los puntos más afectados fue la localidad de Hunt, en el condado de Kerr, donde el agua alcanzó el campamento juvenil Camp Mystic, situado a orillas del río. La cifra oficial de víctimas mortales se sitúa, hasta el momento de esta publicación, en 104 personas, según datos confirmados por autoridades locales y recogidos por Cadena SER.
Asimismo, según informa Reuters, el gobernador de Texas declaró el estado de emergencia en los condados afectados, una medida que permitió activar recursos federales. El presidente de Estados Unidos autorizó el despliegue de efectivos de la Agencia Federal para la Gestión de Emergencias (FEMA), así como unidades de la Guardia Costera. Más de 850 personas han sido evacuadas, y los equipos de rescate —integrados por personal especializado, drones y embarcaciones— continúan trabajando en zonas con difícil acceso.
La magnitud del episodio ha reavivado el debate en torno a la adecuación de los sistemas de alerta temprana. Según expertos citados por Reuters, en algunos tramos de la cuenca del Guadalupe las estaciones de monitoreo no emitieron alertas con la antelación necesaria, a pesar de que las condiciones meteorológicas se venían siguiendo desde al menos 24 horas antes del desbordamiento. En este sentido, se han señalado también los efectos de los recortes presupuestarios sufridos por el Servicio Meteorológico Nacional en los últimos años.
Vecinos y equipos de intervención han documentado en vídeo el alcance de la crecida: márgenes del río anegados, tramos de carretera interrumpidos y puentes afectados por el empuje de las aguas; se trata de uno de los eventos de inundación repentina más significativos registrados en la región en las últimas décadas.
Al cierre de esta edición, las autoridades continúan con las tareas de búsqueda de desaparecidos y mantienen el dispositivo de emergencia activo en varios condados.