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Digitalización y cambio climático redibujan la gestión del agua a escala global, según Ecolab

  • Digitalización y cambio climático redibujan gestión agua escala global, Ecolab
    González-Cebrián/iAgua.
  • El Watermark™ Study 2025 de Ecolab sitúa el agua en el centro de la transformación digital y advierte que el crecimiento de la IA, los centros de datos y las infraestructuras tecnológicas está generando una nueva demanda hídrica que exige acción coordinada entre empresas, gobiernos y sociedad.

Sobre la Entidad

Redacción iAgua
Redacción de iAgua. La web líder en el sector del agua en España y Latinoamérica.

La digitalización avanza imparable en el sector del agua. La inteligencia artificial, los gemelos digitales o la sensorización están redefiniendo la gestión de los sistemas hídricos y mejorando la eficiencia. Sin embargo, esta revolución tecnológica tiene un reverso poco explorado: su consumo de agua.

Para 2030, el desarrollo vinculado a la inteligencia artificial requerirá tanta energía como las necesidades anuales de la India y tanta agua como para satisfacer el consumo de agua potable de todo Estados Unidos. Además, los centros de datos podrían utilizar más de 1 billón de galones de agua dulce al año para 2027, mientras que la brecha entre la oferta y la demanda global de agua dulce podría alcanzar el 56 % en 2030, con un aumento previsto de la demanda de hasta un 30 % en 2050, según el World Resources Institute (WRI).

El nuevo Ecolab Watermark™ Study 2025 analiza con datos de quince países y diferentes regiones la relación entre innovación tecnológica y sostenibilidad hídrica. Las conclusiones son claras: la transformación digital está aumentando la presión sobre los recursos del planeta, y el agua —invisible en muchos balances energéticos— emerge como el recurso crítico del futuro.

Ámbito de estudio

Agua: el coste oculto de la digitalización

A escala global, el conocimiento público sobre la huella hídrica de la IA es aún limitado. En China, el 81 % de los consumidores reconoce el consumo energético de la IA, pero solo el 77 % su consumo de agua. Le siguen IMEA (India, Oriente Medio y África), con un 78 % y 61 %; América Latina, con un 68 % y 51 %; Asia-Pacífico, con un 60 % y 43 %; Europa, con un 59 % y 46 %; y Estados Unidos, con un 55 % y 46 %. En todas las regiones, la conciencia del consumo de agua es inferior a la de energía, lo que confirma la necesidad de integrar la dimensión hídrica en las estrategias de digitalización sostenible.

En este sentido, aunque los consumidores apoyan que las empresas utilicen la IA para promover un uso más responsable de los recursos, la confianza en que estas gestionen adecuadamente su propia demanda de agua y energía es mucho menor. En IMEA, el 76 % cree que las empresas deberían aprovechar la IA para el uso responsable de los recursos naturales, pero solo el 63 % confía en su gestión hídrica. En China, los porcentajes son del 72 % y 77 %, respectivamente; en América Latina, del 70 % y 49 %; en Europa, del 54 % y 37 %; en Asia-Pacífico, del 51 % y 37 %; y en Estados Unidos, del 49 % y 39 %. La brecha de confianza es especialmente acusada en los mercados occidentales, donde la demanda de regulación y transparencia es cada vez mayor.

Gestión inteligente del agua: entre la expectativa y la realidad

El estudio evidencia una desconexión entre las expectativas de la ciudadanía y las acciones percibidas de las empresas en materia de gestión del agua. En China, el 74 % de los consumidores cree que las empresas están reduciendo, reutilizando o reciclando agua a lo largo de sus operaciones. En IMEA, el 67 %; en Asia-Pacífico y América Latina, el 48 %; en Europa, el 44 %; y en Estados Unidos, el 43 %.

A escala global, el conocimiento público sobre la huella hídrica de la IA es aún limitado

La mayoría de los encuestados coincide en que las compañías deben incrementar sus inversiones para proteger los recursos hídricos frente al cambio climático. En cuanto a tecnologías, América Latina lidera con un 84 %, seguida de IMEA (82 %), China (77 %), Europa (72 %), Asia-Pacífico (71 %) y Estados Unidos (68 %). En lo referente a infraestructuras, la tendencia se repite: América Latina alcanza el 85 %, IMEA el 82 %, China el 76 %, Europa el 71 %, Asia-Pacífico el 70 % y Estados Unidos el 67 %.

El interés ciudadano por las buenas prácticas también es alto: el 82 % de los latinoamericanos, el 78 % de los habitantes de IMEA y el 68 % de los chinos aseguran que buscarían activamente información sobre empresas responsables en materia de agua. En Europa, Asia-Pacífico y Estados Unidos, la proporción se mantiene en un 61 %.

Alianzas por el agua: una responsabilidad compartida

Ecolab subraya que ninguna entidad puede resolver por sí sola los desafíos hídricos. El informe analiza cómo perciben los consumidores la contribución de los principales actores —empresas, gobiernos, individuos y organizaciones sin ánimo de lucro— a la conservación del agua, y los resultados reflejan notables diferencias regionales.

En China, el 80 % de los encuestados considera que las empresas están actuando activamente en materia de agua, el 79 % valora la implicación de los individuos, el 84 % reconoce la del Gobierno y el 79 % la de las ONG. En IMEA (India, Medio Oriente y África), el 63 % percibe esfuerzos empresariales, el 69 % atribuye responsabilidad a los ciudadanos, el 79 % reconoce la acción de los gobiernos y el 67 % la de las organizaciones no lucrativas.

En Asia-Pacífico, el 48 % de los consumidores cree que las empresas están tomando medidas, el 49 % percibe compromiso individual, el 46 % valora la intervención de los gobiernos y el 50 % la de las ONG. En América Latina, la percepción es más crítica: solo el 42 % considera que las empresas están actuando, frente al 55 % que reconoce la implicación de los particulares, el 48 % que confía en los gobiernos y el 60 % que destaca el papel de las organizaciones sociales.

En Europa, el 45 % cree que las empresas contribuyen a conservar agua, el 56 % atribuye ese esfuerzo a los ciudadanos, el 45 % a los gobiernos y el 54 % a las ONG. En Estados Unidos, los porcentajes son similares: un 47 % para las empresas, un 58 % para los individuos, un 48 % para los gobiernos y un 56 % para las organizaciones sin ánimo de lucro.

El conjunto de los datos refleja una tendencia clara: la ciudadanía percibe que los esfuerzos más significativos en materia de conservación del agua proceden de los individuos y las ONG, mientras que empresas y gobiernos todavía son vistos como actores con margen de mejora en la gestión sostenible del recurso.

El impacto del cambio climático y la exigencia social

Los datos de Ecolab también confirman que la ciudadanía asocia el cambio climático con un agravamiento del estrés hídrico. En IMEA, el 81 % de los consumidores percibe esa conexión, seguida de China (80 %), América Latina (79 %), Europa y Asia-Pacífico (69 %) y Estados Unidos (65 %).

Los datos también confirman que la ciudadanía asocia el cambio climático con un agravamiento del estrés hídrico

La demanda de acción frente al cambio climático es igualmente alta. En América Latina, el 87 % de los encuestados cree que las empresas deben priorizar sus esfuerzos, frente al 88 % que lo exige a los gobiernos. En IMEA, ambos indicadores se sitúan en el 81 %; en China, en el 76 % y 77 %; en Europa, en el 71 % para ambos; en Asia-Pacífico, en el 70 % y 69 %; y en Estados Unidos, en el 67 % en los dos casos.

No obstante, a pesar de los desafíos globales, el estudio detecta un notable grado de optimismo sobre la capacidad colectiva para afrontar la escasez de agua. En América Latina, el 84 % de los consumidores cree que el problema puede resolverse eficazmente, seguida de IMEA con un 83 %, China con un 73 %, Estados Unidos con un 67 %, Europa con un 66 % y Asia-Pacífico con un 61 %.

Agua limpia y sectores intensivos: las tendencias de 2025

La seguridad hídrica continúa siendo una de las principales preocupaciones globales y un indicador directo de la percepción pública sobre el futuro del agua. Ecolab destaca que, pese a los avances tecnológicos y regulatorios, el acceso a agua limpia y segura sigue siendo un tema crítico en todas las regiones, especialmente en aquellas más expuestas a fenómenos climáticos extremos o con fuerte dependencia agrícola e industrial.

El estudio revela que la inquietud por la calidad y disponibilidad del recurso es prácticamente universal: el 96 % de los consumidores en China manifiesta preocupación por el acceso a agua segura, seguida de América Latina con el 92 %, Estados Unidos con el 79 %, Europa con el 69 %, IMEA con el 67 % y Asia-Pacífico con el 63 %.

En cuanto a los sectores percibidos como más intensivos en el uso del agua, la agricultura y la industria alimentaria lideran el ranking global. En IMEA, el 52 % de los encuestados identifica a la agricultura como el principal responsable y el 37 % a la alimentación y bebidas; en América Latina, los porcentajes alcanzan el 48 % y 44 %, respectivamente; en Asia-Pacífico, el 47 % y 36 %; en Europa, el 47 % y 33 %; en Estados Unidos, el 43 % y 31 %; y en China, el 29 % y 28 %.

La sostenibilidad no puede desligarse del consumo responsable y la protección del agua

Más allá de las cifras, estos datos reflejan que la percepción del agua como recurso esencial trasciende fronteras y sectores. En un contexto de digitalización acelerada, la ciudadanía mantiene una visión clara: la sostenibilidad no puede desligarse del consumo responsable y la protección del agua, tanto en la producción agrícola como en la industrial y tecnológica.

Un reto común del sector agua para la era digital

Para el sector del agua, inmerso en su propia digitalización, hay un mensaje inequívoco: la tecnología, sin gestión hídrica eficiente, no garantiza sostenibilidad. La inteligencia artificial, los centros de datos y la infraestructura digital requieren agua —no solo para operar, sino también para sostener su resiliencia ante un entorno cada vez más vulnerable—.

Visibilizar la huella hídrica digital, invertir en soluciones circulares, reforzar la transparencia y promover alianzas público-privadas serán pilares esenciales para un futuro donde la innovación tecnológica y la gestión del agua avancen de la mano. Porque en la era de la IA, la energía ya no es el único recurso estratégico: la digitalización también tiene sed.

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