En Estados Unidos, el agua del grifo que se ajusta a los estándares federales podría estar contribuyendo, de forma discreta pero consistente, a resultados adversos en los nacimientos. Así lo sugiere un amplio estudio publicado en JAMA Network Open por investigadoras e investigadores del consorcio ECHO (Environmental Influences on Child Health Outcomes), que analiza la exposición prenatal al arsénico presente en el agua potable pública y su asociación con el peso al nacer y otros indicadores de salud neonatal.
El trabajo se centra en una exposición considerada común en la población general: niveles de arsénico por debajo del límite permitido por la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. (EPA), que actualmente se sitúa en 10 microgramos por litro. En este contexto, el estudio aporta información clave sobre una exposición ambiental cotidiana, de carácter regulado y teóricamente seguro.
Los resultados apuntan a una relación entre una mayor exposición prenatal al arsénico del agua potable y menores pesos al nacer, incluso a niveles por debajo de los umbrales regulatorios actuales
Para llevar a cabo el análisis, se recurrió a una base de datos integrada por 13.998 nacimientos ocurridos entre 2005 y 2020 en 35 sitios de cohortes en todo el país. A partir de los registros de dirección residencial durante el embarazo y la información sobre los niveles de arsénico en el agua por áreas censales (ZCTA), el equipo construyó estimaciones personalizadas, ponderadas por tiempo, de la exposición prenatal al arsénico en el agua pública.

Nigra AE, Bloomquist TR, Rajeev T, et al. Public Water Arsenic and Birth Outcomes in the Environmental Influences on Child Health Outcomes Cohort. JAMA Netw Open. 2025;8(6):e2514084. doi:10.1001/jamanetworkopen.2025.14084.
Esta estrategia permitió vincular los datos ambientales con resultados de salud concretos, como el bajo peso al nacer, el nacimiento prematuro, la edad gestacional y el peso ajustado por edad gestacional. La exposición se clasificó en cinco categorías, desde concentraciones indetectables (≤0.35 μg/L) hasta niveles superiores a 5 μg/L, el umbral adoptado en algunos estados como Nueva Jersey y Nuevo Hampshire.
Hallazgos relevantes en un contexto de baja exposición
Los resultados apuntan a una relación entre una mayor exposición prenatal al arsénico y menores pesos al nacer, incluso a niveles por debajo de los umbrales regulatorios actuales. Por cada incremento de 1 μg/L en la exposición, se observaron reducciones promedio en el peso al nacer (−10 g entre quienes se identificaban como blancos) y en los puntajes de peso para la edad gestacional. En el subgrupo de madres hispano-latinas, también se registró una mayor proporción de nacimientos prematuros.
Aunque el límite máximo actual (10 μg/L) de arsénico en el agua potable se adoptó en 2001, algunos estados y países han optado por umbrales más bajos
Aunque las diferencias observadas son, en términos absolutos, relativamente pequeñas, adquieren relevancia al considerar la escala poblacional y la exposición extendida. Además, los efectos fueron más marcados en ciertos grupos raciales y étnicos, aunque el estudio no encontró evidencia de que el arsénico explique por sí solo las disparidades raciales ya conocidas en los resultados del nacimiento.
El diseño del estudio se apoyó en modelos estadísticos robustos, con ajustes por factores sociodemográficos, estacionales y ambientales, así como en múltiples análisis de sensibilidad. Se utilizaron modelos lineales y no lineales (splines cúbicos restringidos) para explorar asociaciones tanto continuas como categóricas.
Aun así, los autores reconocen limitaciones importantes, como la precisión reducida de los estimadores en los niveles más altos de exposición, donde el número de participantes fue bajo. Tampoco se pudo establecer una relación causal directa, aunque el patrón de asociaciones observadas resulta coherente con estudios previos sobre agua no regulada, como la de pozos privados.
Una cuestión regulatoria en revisión
El estudio se publica en un contexto de revisión del perfil de riesgo del arsénico por parte de la EPA. Aunque el límite máximo actual (10 μg/L) se adoptó en 2001, algunos estados y países han optado por umbrales más bajos, en línea con el objetivo sanitario de reducir la exposición tanto como sea posible. Este trabajo refuerza la discusión sobre si las normas actuales protegen de forma adecuada a los sectores más vulnerables de la población.