El cambio climático, la expansión urbana, el crecimiento demográfico y la degradación en la calidad el agua provocan que el planeta se enfrente a nuevos desafíos que requieren soluciones duraderas y resilientes. El Programa Hidrológico Intergubernamental de la UNESCO en América Latina y el Caribe (PHI-LAC), realiza aportes a la investigación, la educación y el fortalecimiento de capacidades relativas a la gestión de los recursos hídricos y trabaja en aspectos clave para la seguridad hídrica en Iberoamérica, promoviendo y apoyando la investigación hidrológica y respaldando a los Estados Miembros en materia de investigación y capacitación.
Para conocer cuál es el panorama relativo a la armonización de marcos legales en la planificación y gestión de los recursos hídricos en América Latina y el Caribe, hablamos con Antonio Embid, catedrático de Derecho Administrativo de la Facultad de Derecho de la Universidad de Zaragoza y especialista en organización territorial del Estado, libertades públicas y derecho de aguas.
Pregunta: Uno de los desafíos más importantes de la gestión integrada de recursos hídricos es la adaptación de marcos legales para la planificación. En este sentido, ¿cómo ha evolucionado el conocimiento científico y tecnológico en la planificación hidrológica a nivel nacional e internacional?
Respuesta: Es notable observar cómo en las nuevas leyes de aguas (o de recursos hídricos, como también se denominan) se introduce la referencia a la planificación hidrológica. Eso es importante y trasciende de la mera mención a la planificación y a la necesidad de elaborarla, porque significa que la gestión del agua debe ser una gestión planificada, no realizada concesión por concesión, aprovechamiento por aprovechamiento, sino inserta en un proyecto armónico, con un determinado horizonte temporal y basado, obviamente, en el carácter de recurso escaso y muy valioso del agua.
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P.- La planificación hidrológica conlleva indiscutiblemente un ajuste y armonización de los marcos legales de cada país, ¿en qué órganos administrativos ha de apoyarse esta planificación para lograr un resultado satisfactorio?
R.- Esto es un tema muy importante y en el que falta mucho camino por recorrer. Lo ideal es que la gestión del agua se lleve a cabo con base en el ámbito territorial de las cuencas hidrográficas, pero esto, que figura a veces en las leyes, no siempre se puede observar en la realidad (no es el caso de España, obviamente). Creo que a nivel teórico nadie, de mediana significación, discute ese principio. Pero otra cuestión es que en la práctica existan Organismos de cuenca configurados como verdaderas administraciones públicas, dotados de medios personales y materiales suficientes, y que lleven a cabo una gestión efectiva del agua. En muchos países hay resistencias muy fuertes a la creación de Organismos de cuenca con capacidad de gestión efectiva y suelen ser órganos de la administración territorial “tradicional” (Estados, Provincias, Municipios…) quienes gestionan efectivamente. Con graves dificultades, obviamente, porque eso no es una gestión “natural”, adecuada a las características del agua.
La gestión del agua debe ser una gestión planificada, no realizada concesión por concesión, aprovechamiento por aprovechamiento
Esas dificultades se acrecientan notablemente en el caso de las aguas transfronterizas, que es la situación de los grandes ríos en todo el mundo (Orinoco, Amazonas, La Plata en el caso de Sudamérica) y todavía más en el caso de los Estados federales, en donde suelen enfrentarse las pugnas entre las divisiones políticas (Estados, Provincias) y las hídricas (las cuencas) triunfando normalmente las primeras. Lo mismo que se indica respecto a las aguas superficiales transfronterizas vale, y en mayor medida incluso por las mayores de gestión, para las aguas subterráneas transfronterizas (es el caso “de libro” del acuífero Guaraní en Sudamérica).
P.- En relación a la armonización de marcos legales en la gestión integrada de los recursos hídricos, ¿qué dificultades y facilidades se han encontrado en la práctica?
R.- Las principales dificultades en todos los países para una adecuada gestión del agua son de corte institucional y de disposición de adecuados medios financieros para ello. Ya he indicado que no es lo habitual encontrar Organismos de cuenca con verdaderas capacidades de gestión, y lo mismo sucede en el ámbito de la planificación hidrológica, pues en la mayor parte de las ocasiones estos planes no existen o, si existen, son más bien un catálogo de obras o actuaciones a realizar y no un verdadero instrumento de planificación, configurado desde el primer momento para servir a la gestión.
Por otra parte la disposición de medios económicos y financieros en relación a las necesidades existentes deja mucho que desear. Las inversiones reales no se corresponden con las que teóricamente deberían existir, con lo que año tras año se van acumulando déficits de inversión y eso se aprecia, sobre todo, en el ámbito de la depuración y saneamiento de las aguas residuales.
P.- La mujer juega un papel fundamental en la protección y el manejo del agua en muchas comunidades. ¿Cómo se integra este rol femenino dentro de una estrategia de planificación de los recursos hídricos?
R.- El papel esencial de la mujer en el ámbito de la gestión del agua en muchos casos no es discutible. Pero si antes he indicado los defectos de la administración y planificación en relación a las aguas (administración y planificación que es inexistente o defectuosa en muchos casos), pueden sacarse conclusiones fácilmente sobre cómo la mujer es contemplada (no es contemplada normalmente) en esos ámbitos. En particular ello debería ser objeto de un cuidado especial en el ámbito de la gestión comunitaria del agua.
P.- El indicador 6.5, englobado dentro del ODS 6, indica la necesidad de garantizar la disponibilidad de agua y saneamiento para todos, así como su gestión sostenible. ¿Cómo se está desarrollando el cumplimiento de este ODS? ¿Qué podemos hacer para lograr su cumplimiento para el año 2030?
R.- Lo que sabemos en relación al cumplimiento de los anteriores Objetivos del Milenio es que hubo un éxito apreciable en lo relativo al abastecimiento de agua pero un fracaso bastante estrepitoso en lo relativo al saneamiento. Creo que esa situación pervive en la actualidad pese a que ha habido algunos avances en los dos frentes en los últimos años.
Este es un ámbito en el que llevamos, además, varios años en situación extraordinaria (pandemia) que ahora va a ser prorrogada, desde otra perspectiva, por los muchos trastornos que ya se están derivando de la guerra entre Rusia y Ucrania.
La pandemia permitió observar nítidamente -si es que ello hubiera hecho falta- la importancia del agua para la salud
Particularmente la elevación tremenda de los precios de la energía que se está produciendo (y que comenzó un año antes del inicio de la guerra, no todo en este ámbito es achacable a la guerra) debería inducir a una política en la que las interrelaciones entre agua, energía y alimentación fueran mucho más nítidas y se llevaran a la gestión efectiva de los tres ámbitos. No se puede separar, ni en los medios ni en los fines, la seguridad hídrica de la energética y alimentaria, y esto es un gran reto a enfrentar.
P.- Por último, tras la pandemia de la COVID-19 las prioridades a nivel global se han transformado. ¿Cuáles cree que son los principales desafíos en el panorama hídrico internacional?
R.- La pandemia permitió observar nítidamente -si es que ello hubiera hecho falta- la importancia del agua para la salud. Además de la vacunación, mascarilla y otras medidas, desde el principio se insistió mucho en la necesidad de lavarse frecuentemente las manos, en la higiene personal. Es obvio que eso implica existencia de agua y un agua, además, si no siempre con las características de potable sí, al menos, con unas condiciones de calidad adecuada.

Creo que uno de los efectos de la pandemia ya es advertible en la reducción de las inversiones en el ámbito del agua, pues las administraciones públicas han debido dedicar muchos recursos a la salud y todavía estamos en esa situación que en absoluto puede considerarse pasada, aunque en la actualidad haya disminuido mucho el número de infectados, hospitalizados y fallecidos. Además se ha generado una deuda muy importante en gran parte de las Administraciones públicas y eso va a tener sus consecuencias en las inversiones del futuro que serán, inevitablemente, menores. Si a eso sumamos la inflación, en este momento desbocada en todo el mundo, el panorama no es nada halagüeño.
Mucho me temo que en este -y en otros ámbitos- deberán revisarse muy próximamente los compromisos adoptados en cuanto a los horizontes temporales de consecución de determinados objetivos. Y las complicaciones de la guerra entre Rusia y Ucrania solo comienzan a advertirse ahora. Probablemente la seguridad alimentaria padecerá, de la misma forma que los altos precios de la energía van a afectar a la seguridad energética (están afectando ya) y la disminución palpable de inversiones a la seguridad hídrica. Se impone, al menos, una austeridad inteligente en muchos frentes y nunca será más necesario hacer un llamamiento a la utilización racional de las aguas, y utilización racional está también relacionada con la austeridad, con la disminución de los consumos.