Un nuevo y exhaustivo análisis realizado por Waterkeeper Alliance ha revelado niveles preocupantes de contaminación por PFAS en cuerpos de agua de Estados Unidos: el 98 % de los lugares muestreados en 19 estados contenía estas sustancias químicas persistentes, conocidas como "químicos eternos". El informe, elaborado en colaboración con grupos locales de Waterkeeper y la organización Hispanic Access Foundation, amplía los resultados obtenidos en 2022 y señala una contaminación generalizada procedente de estaciones depuradoras de aguas residuales (EDAR) y del uso de lodos de depuración en suelos agrícolas.
Para la recogida de datos, los investigadores utilizaron los innovadores dispositivos pasivos PFASsive™, desarrollados por SiREM, con los que monitorizaron el agua durante 20 días aguas arriba y abajo de 22 EDAR y 10 terrenos donde se aplican biosólidos. Esta metodología ha proporcionado una visión más robusta que los métodos puntuales tradicionales. Los resultados son contundentes: en el 95 % de las muestras recogidas aguas abajo de las depuradoras y en el 80 % de los campos tratados con biosólidos, se detectaron concentraciones más elevadas de PFAS en comparación con las aguas arriba.
«No se puede negar que la contaminación por PFAS constituye una crisis nacional. Los últimos muestreos confirman que es extendida y persistente, y que amenaza la salud pública y nuestros ecosistemas acuáticos en todo el país», afirmó Marc Yaggi, director ejecutivo de Waterkeeper Alliance. «Los grupos locales de Waterkeeper y nuestros socios aportan un conocimiento profundo del terreno y una dedicación inquebrantable, ayudando a cubrir vacíos de datos críticos e impulsando cambios normativos y soluciones reales».
El informe subraya que los PFAS —sustancias sintéticas asociadas a cáncer, alteraciones hormonales y disfunciones inmunológicas— siguen acumulándose en el medio ambiente. «Los PFAS pueden contaminar el agua, el suelo y el aire, y existen pruebas de que están vinculados a diversas enfermedades y riesgos para la salud», señaló Vanessa Muñoz, responsable del programa de aguas de la Hispanic Access Foundation. «Pero lo que a menudo se pasa por alto es quién está más expuesto y por qué. Desgraciadamente, las comunidades latinas y de otros grupos racializados son las que suelen cargar con mayor intensidad esta carga tóxica».
Especialmente alarmantes son los picos detectados aguas abajo: en una de las depuradoras, las concentraciones totales de PFAS aumentaron un 3.000 %, alcanzando los 228,29 partes por billón (ppt); en una parcela agrícola tratada con biosólidos, el incremento superó el 5.100 %, con un valor de 106,51 ppt. Muchos de los lugares analizados superaron el umbral de 1 ppt para la salud humana establecido por el Environmental Working Group (EWG), e incluso varios rebasaron los límites federales propuestos recientemente para los compuestos PFOA y PFOS.
La publicación de este informe coincide con un momento crítico: la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. (EPA) está considerando suavizar las regulaciones propuestas para el agua potable contaminada con PFAS, a pesar de que se estima que 100 millones de personas podrían estar afectadas. Ante ello, Waterkeeper Alliance pide a la EPA que adopte una regulación por clases de sustancias, prohíba los biosólidos con PFAS y aplique normas estrictas y eficaces.
«Existen herramientas para afrontar esta crisis, pero falta voluntad política», advirtió Yaggi. «La evidencia científica es contundente: la EPA y los legisladores deben actuar de forma decidida y urgente, en defensa del interés público».
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