El Gobierno australiano ha anunciado una inversión de 87,7 millones de dólares australianos en su presupuesto federal para 2025-2026 con el objetivo de fortalecer la infraestructura hídrica del país. La medida se centra en garantizar el suministro en regiones vulnerables como Cairns y en avanzar en la ejecución del Plan de la Cuenca Murray-Darling (Murray Darling Basin Plan), uno de los mayores retos ambientales de Australia.
La Cuenca Murray-Darling, en el centro de la agenda
En un contexto de creciente presión sobre los recursos hídricos, la Cuenca Murray-Darling desempeña un papel esencial para el ecosistema, la industria y más de tres millones de personas. El aumento de la población y la expansión agrícola han intensificado el uso del agua en esta región, generando desafíos como la pérdida de biodiversidad, la salinización del suelo y la degradación de humedales.
El Plan de la Cuenca Murray-Darling, lanzado en 2012 y dotado con 13.000 millones de AUD, sigue siendo el principal instrumento nacional para revertir esta situación. El plan está regulado por la Ley de Aguas de 2007 y establece límites al uso del agua tras décadas de sobreexplotación. El presupuesto prevé una evaluación del Plan en 2025, como paso previo a su revisión integral en 2026.
Cairns, principal beneficiaria del Fondo Nacional de Infraestructuras Hídricas
La mayor parte de la inversión anunciada, 87,5 millones de AUD, se canalizará a través del Fondo Nacional de Infraestructuras Hídricas (National Water Grid Fund), fondo federal encargado de promover proyectos estratégicos de agua en todo el país. Estos recursos se destinarán a la primera fase del Proyecto de seguridad hídrica de Cairns (Cairns Water Security Project), que contempla la construcción de una nueva captación en el río Mulgrave, una planta de tratamiento, depósitos y una red de distribución en la localidad de Gordonvale, al norte de Queensland.
Esta estrategia destinada a modernizar las infraestructuras hídricas del país, a garantizar un uso eficiente del agua —con especial atención a las comunidades regionales y remotas— abre nuevas oportunidades para las empresas españolas especializadas en tratamiento y gestión del agua, desalación y soluciones sostenibles. Su experiencia puede contribuir a mejorar la resiliencia del sistema hídrico australiano y a fomentar una colaboración bilateral en un sector clave para el desarrollo sostenible.
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