El Templo de Debod es una construcción egipcia del siglo II a.C., mandada construir por el rey de Meroe, Adijalamani. Se situaba al sur de Egipto, a orillas del río Nilo, en la Baja Nubia (actualmente entre la primera y la segunda catarata del Nilo). Adijalamani construyó una capilla dedicada a la Diosa madre, Isis, y al dios del sol y el aire, Amon. Los siguientes reyes de la dinastía ptolemaica y, posteriormente, los emperadores romanos Augusto, Tiberio y Adriano, fueron construyendo nuevas estancias alrededor de la capilla inicial y decorando el edificio hasta conseguir la apariencia actual.
En el siglo XI, la región de Nubia se convirtió al cristianismo y el templo fue cerrado y abandonado. En el siglo XX se construyó la presa de Asuán, lo cual afectó gravemente al templo ya que este último pasaba largos periodos de tiempo bajo el agua. Los relieves y la piedra quedaron dañados casi de forma irreparable. Tras una gran campaña llevada a cabo por la Unesco para salvaguardar los monumentos de esa región y en agradecimiento por la ayuda de España en la protección de los templos de Abu Simbel, el gobierno egipcio cedió el Templo de Debod a la ciudad de Madrid. En ese momento, fue trasladado y reconstruido piedra a piedra en su ubicación actual, manteniendo la orientación de su lugar de origen, de este a oeste. Hoy en día, se sitúa en el parque del Oeste, muy próximo a Plaza España.
¿Por qué si queríamos salvaguardar el templo de las inundaciones y de su deterioro, no lo estamos cuidando? ¿Por qué llevamos años sabiendo de su mal estado y las acciones van tan lentas? ¿Por qué sigue sin agua el templo?

Esta falta de interés hacia su cuidado se hizo plausible en septiembre de 2018, cuando una rotura en una tubería dejó sin agua a toda la instalación. Es necesario remarcar que la causa principal es la rotura de la tubería, que podría haber sido perfectamente evitable con un adecuado mantenimiento y con unas revisiones periódicas de la infraestructura. De esta manera, también se habrían prevenido tanto los derroches de agua como las filtraciones que se produjeron.
El resto de los factores que influyen en su mala conservación son numerosos. El vandalismo en la zona y la poca seguridad del recinto son algunos de ellos. Sin embargo, el más destacable es el hecho de que el templo se encuentre totalmente al descubierto, en una zona climática muy diferente a la de su lugar originario. En este sentido, las temperaturas extremas durante el verano y el invierno, la contaminación y las lluvias hacen que sus losas milenarias de arenisca sufran las consecuencias cada vez más.
El egiptólogo Zahi Hawass, a finales de febrero de 2020, mostró su preocupación por el mal cuidado del templo y afirmó que, si España no protege y valora este grandioso regalo, debería devolverlo. "En las últimas décadas el templo ha sufrido más que en toda su vida, más de 2000 años", añadió el arqueólogo.
Este toque de atención sirvió al ayuntamiento de Madrid para darse cuenta de la necesidad de encontrar una solución definitiva. Actualmente, se está realizando un diagnóstico completo y se están concretando citas con diferentes ingenierías para estudiar sus propuestas. En 2021, además, se lanzará un concurso internacional de ideas para sumarse a este proyecto de paliación de desperfectos.
Mientras tanto, se van a realizar pequeñas acciones, como la mejora del sistema de climatización y del sistema de electricidad e iluminación.
La propuesta más destacable se ha centrado en evitar que el agua de lluvia que transcurre por toda la fachada se acumule en el templo y provoque humedades y filtraciones. Para ello se quiere construir un sistema de drenaje perimetral para canalizar la escorrentía.
Me encantaría que este proyecto llegue a ver la luz y que garantice la adecuada conservación del monumento. Los atardeceres en el Templo de Debod y los reflejos de dicha obra en sus fuentes llenas son espectaculares. Solo espero que termine pronto la ‘sequía’.