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Desde la metrocultura hacia “aguacultura” ¿es posible?: Caso de Quito, Ecuador

Sobre el blog

René Ulloa Espíndola
Buen tipo, amante del recurso hídrico Dirección de proyectos | Gestión territorial (urbano y rural) del recurso hídrico | Innovación | Planificación Sostenible Especialista en ciudad y territorio
  • metrocultura “aguacultura” ¿es posible?: Caso Quito, Ecuador

He decidido comenzar el enfoque de este artículo, conformando el caso del sistema Metro de Quito “Metro Cultura” desde una perspectiva vivencial como usuario, ciudadano y beneficiario.

Como antecedente, les introduciré al caso de éxito de convivencia ciudadana en un espacio público, destacando que, a través de los Promotores Sociales, implementó el Programa de Gestión Social y Relaciones Comunitarias, con el objetivo de incluir, informar y acompañar a todos los agentes implicados en la construcción de esta importante obra en un sentido de apropiación y participación sobre el sistema.

Un modelo de comportamiento, de empatía, de respeto, de cuidado del recurso, pero no por una obligación, sino por una convicción social profunda

El Modelo MetroCultura planifica un desarrollo local, social, educativo y cultural que permite la articulación de las dependencias municipales y estatales, así como, la integración de la academia en términos de vinculación de desarrollo y generadora de conocimiento. De manera adicional, las organizaciones sociales y las empresas privadas cooperan en este proceso. La articulación ordenada de todos los actores mencionados garantiza la inclusión de la sociedad en general como causante de cambios en defensa de sus derechos y siendo protagonista del desarrollo de la ciudad. En este sentido, el Modelo MetroCultura basado en los modelos de gestión social participativa plantea enfoques para sus agendas de trabajo y proposición de actividades; planteando a la vez macro enfoques de equidad de género e inclusión social. La generación de una cultura de uso de este servicio articula los enfoques a partir de su misión y visión basados en valores ciudadanos y cívicos, los cuales están fundamentados en diversos estudios relacionados a una concienciación de derechos de género, equidad e inclusión de manera global y que deben interconectarse entre sí a través de los distintos propósitos establecidos en el modelo. La construcción de MetroCultura establece una plataforma estructural a través del estudio de los contextos sociales relacionados a la implicación del Metro de Quito en la ciudad. De este modo, en el modelo se instaura un sistema articulado de forma ascendente, lo que permite una conexión de los diferentes conceptos para la propuesta de participación del mismo.

En definitiva, son cinco ejes sobre los que actúa el modelo MetroCultura:

  • Social, convivencia pacífica de los quiteños camino a la movilidad sostenible, Cero Acoso.
  • Ambiental, cumple con los Objetivos de Desarrollo Sostenible con la reducción de emisiones con trasporte eléctrico y seguro.
  • Educativo, las historias sobre los barrios y reconstrucción de la pertenencia alrededor de las estaciones, los coches tendrán personajes históricos como Manuela Sáenz.
  • Cultural, integración en la vida cultural.
  • Seguro, siete protocolos de seguridad, 700 cámaras, botones de pánico en coches, estaciones; Policía Metro, más de 240 efectivos de control.

Otro componente complementario a lo antes dicho es el programa “Escuela Metro”, un espacio de aprendizaje y de intercambio de experiencias que, permite a la ciudadanía una convivencia basada en un enfoque de derechos que busca contribuir a la construcción de una ciudad incluyente y no discriminatoria, mediante la disponibilidad de herramientas interactivas y de relacionamiento para sacar el mayor provecho del uso del primer transporte subterráneo del país.

Cuatro programas componen la “Escuela Metro”, que se adaptan a las múltiples realidades ciudadanas en el Distrito Metropolitano:

  • Metro Transforma: Se basa en el cuidado de los bienes públicos y se relaciona con el trabajo comunitario.
  • Guardianes del Metro: Proceso de formación a niñas, niños y adolescentes para cuidar el Metro de Quito de manera lúdica.
  • Voluntarios Metro: Proceso de involucramiento de la ciudadanía para la transformación de la realidad, impactando la comunidad.
  • Metro Comunidad: Empoderamiento a líderes barriales para impulsar la participación ciudadana y acercar el Metro a sus vecinos y vecinas.

En general, de esta manera, se estructura los componentes, los ejes, las dimensiones y realidades de la esfera de MetroCultura que, a la fecha de este escrito está desarrollándose con éxito, por supuesto, a mi parecer.

Hasta aquí, fue una introducción somera de la teoría y metodología aplicada; a continuación, las perspectivas que conllevan a la pregunta inicial de este escrito. Los que vivimos en Quito, podríamos detenernos a observar a la colectividad de ciudadanos que gravitan alrededor de del sistema Metro de Quito, centrándonos en los comportamientos relativos que adoptan.

Resultan bastante evidentes los comportamientos ciudadanos alrededor del sistema Metro de Quito, pero sobre todo, los comportamientos ciudadanos fuera del sistema Metro de Quito.

Dos comportamientos son los que quiero destacar para decantar en la analogía propia que, como objetivo tiene la pregunta inicial:

1. El compromiso generado por las normas y cultura con la responsabilidad individual y colectiva.

2. Desde las versiones a boca de paradas y de usuarios que comparan los sistemas de trasporte se desprende “entrar al Metro de Quito es como entrar a un país del primer mundo, todos respetan, es muy seguro, no hay abusos, no roban, todos cuidamos al Metro; pero cuando salgo y me alejo de la parada es otra realidad, vuelvo a la inseguridad”. Al parecer, es un tema que se mezcla con la psicología individual y colectiva.

La educación y la comunicación desempeñan un papel crucial en la promoción de esta cultura. Los guías educativos del Metro trabajan no solo para informar a los usuarios sobre las normas y los servicios disponibles, sino también para educarlos sobre la importancia de respetar los derechos de los demás y cuidar el entorno compartido. De esta manera, los controles y disciplina ejercida sobre los pasajeros con base en el un Reglamento de Usuario del Metro, el ambiente que se genera dentro del sistema del Metro y, el comportamiento de los usuarios contagiados de buenos comportamientos hace que el sistema Metro (dentro de las paradas y de los vagones) parezca una realidad paralela a la realidad fuera de este.

Se podría inferir que, el control efectivo acompañado de sanciones fuertes ejerce a que los ciudadanos experimenten una especie de trastorno de conducta (muy exagerado pero comparable), cuando está dentro del sistema metro y fuera de este.

En este sentido, con base en esta experiencia ciudadana colectiva, es necesario preguntarse si se puede generar y aplicar la MetroCultura en otros ámbitos que necesitan cambios sustanciales, al final, es la misma sociedad/ciudadanía de Quito que está involucrada.

Mi comparación es específica y mucho más sensible por el impacto que genera el uso indebido de un recurso vital, me refiero al agua potable, al uso y abuso y a la forma de concepción que la ciudadanía del DMQ tiene sobre ella (de alta disponibilidad, de fácil acceso, barata, instrumento de manipulación política).

De manera general, los habitantes del DMQ sabemos del cuidado del agua por las diferentes fuentes y programas educativos locales y mundiales que se imparten, es decir, como cultura general. Asimismo, en 2024 experimentamos épocas de sequía prolongadas percibiendo algo que pocas veces se siente en Quito, falta somera de agua potable.

Nos obstante, a la fecha de este artículo ya se ha olvidado este sentimiento de seudo angustia, quizá por el privilegio de disponer de excelentes fuentes de agua para abastecer de agua potable al DMQ o, porque los habitantes del DMQ se sienten consentidos ecológicos; que a mi forma de ver, es una “mala criaza” de poca conciencia, engreía que no valora el recurso y, que además se siente con derechos virtuales sobre este recurso.

Actualmente, la cultura sobre el agua potable y el pago por la distribución de esta (cultura de pago) está sufriendo una degradación acelerada en todos los sectores del territorio, en las zonas urbanas y en las zonas rurales; mezclándose con derechos constitucionales de acceso al recurso vital mal interpretados, con los agravantes del robo indiscriminado de agua potable.

El robo y mal uso de agua potable cada vez se incrementa y se contagia en el DMQ y al parecer se experimentan comportamientos individuales y colectivos de varios postulados como:

  • la “Teoría de las ventanas rotas” que para este caso se aplica que los signos visibles de desorden y deterioro, como una ventana rota sin reparar, pueden crear un entorno que fomenta la delincuencia y;
  • el conocido “Efecto Lucifer” (Philip Zimbardo) que para este caso aplica la psicología del mal: transformación del carácter por la situación y la a alquimia de la transformación del carácter

Es así que, para el DMQ empezar a crear e implementar un cultura agresiva y disruptiva sobre el cuidado, uso y aprovechamiento del agua potable es obligatorio y trascendental para asegurar la sostenibilidad del recurso. En este sentido, tomando como una referencia aplicada y funcional la “MetroCultura”, con la gran diferencia que esta se debería extrapolar a todo el territorio bajo la misma metodología y, quizá otorgándole la misma importancia, es decir, a través de instrumentos de mayor rango como una ordenanza parecida a la que goza el sistema Metro de Quito (Reglamento del usuario – Ordenanza Metropolitana No. 067-2024), mediante el cual se establece un régimen sancionatorio significativo que conduce a tomar conciencia profunda, a más de la generada por un programa de concientización. Posiblemente se podría generar un “trastorno” inducido positivo en la ciudanía en el uso y aprovechamiento de agua potable.

Solo por hacer una analogía, si un usuario del sistema Metro de Quito evade el pago del cobro del pasaje (USD $ 0.45) o solo por intentar ingresar con una tarifa reducida (https://www.quitoinforma.gob.ec/2025/04/15/ciudadano-fue-sancionado-con-...https://www.expreso.ec/quito/multa-ingresar-metro-quito-pagar-236672.html ), el castigo pecuniario se podría elevar a un salario básico unificado (SBU) (USD $ 470 a 2025). Ahora, que castigo pecuniario se estable para una persona que evade el pago por agua potable (costo del metro cúbico de agua potable en Quito se encuentra entre USD $ 0.31 hasta USD $ 0.72), de seguro y con fundamento, no llega a equivaler 1 SBU. Con la gravedad de que, el infractor no solo evade un metro cúbico, al mes podrían ser más de 25 metros cúbicos evadidos (robados). Mas allá del valor pecuniario, se debe dimensionar el impacto socioeconómico-ambiental que genera el hurto o mal uso del recurso.

Entonces, si partimos de que, la MetroCultura promueve valores como la empatía y la responsabilidad para garantizar los derechos de los usuarios, que los usuarios reconocen las necesidades de los demás para actuar en consecuencia y, esto se ha visto en el actuar en el sistema Metro. Si es posible generar un cambio social entorno al buen uso individual y colectivo del agua potable en el DMQ. No obstante, muy personalmente se debe acudir a combinaciones estratégicas de suma y multiplicación como:

La Empresa prestadora del servicio de agua potable del DMQ, EPMAPS Agua de Quito, ha realizado por 65 años la labor de sostener la distribución del agua potable a los habitantes en niveles que son referente en la región de Latinoamérica, con instrumentos y mecanismos como Fondos de Agua que aseguran las fuentes de agua a largo plazo y, de esta forma, aseguran la distribución constante del líquido vital. Para mi parecer, la EPMAPS ha sido víctima de su propia eficiencia, y es por ello que, es el pivote central de todos los instrumentos municipales/locales que deben combinarse para establecer una cultura del agua fuerte, sostenible e influyente.

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