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La sabiduría hídrica de los Colli en el preincanato

Sobre el blog

Luis Luján Cárdenas
Sociólogo y Periodista, Magíster en Administración, especialista en Comunicación para el Ecodesarrollo, articulista en diversos medios escritos de Perú.
  • sabiduría hídrica Colli preincanato

Hace casi mil años, los antiguos peruanos del Señorío Collique, ubicados en el valle de Chillón, en la zona norte de Lima, demostraron una eficiente y sostenida gestión del agua, cuyo conocimiento ancestral no hemos sabido gestionar hasta la fecha. Pero sí lo hicieron sabiamente los incas, al invadirlos en el siglo XV con el ejército de Túpac Yupanqui, reforzado por los vecinos Quivus y Canta, que nunca pudieron vencerlos.

A fines del 2016, producto del cambio climático, aguas cálidas de Centroamérica, alcanzaron las costas de Ecuador y Perú, y doblegaron los vientos y aguas frías de sur a norte de la corriente marina Humbold. La temperatura se elevó de 24 a 29 grados, originando el fenómeno Niño Costero, que en Perú, las lluvias, desbordes, inundaciones y deslizamientos causaron más de cien muertes, casi 200 mil viviendas afectadas y US$ 3,000 millones en daños materiales. En la Capital de la República, 11 millones de habitantes se quedaron sin agua por la carencia de una política nacional de prevención.

El fenómeno El Niño, que se produce periódicamente de cada dos a siete años, fue una anomalía climática, que supieron dominar los antiguos habitantes peruanos. Los Colli, en primer lugar, construyeron sus complejos urbanísticos en las laderas de los cerros, alejados prudencialmente del cauce del río Chillón (emplearon en sus construcciones trapezoidales el barro[1], sabedores de la zona sísmica en que vivían); segundo, se abastecieron de agua potable del puquio (del quechua pukyu: manantial), hoy llamado San Diego, ubicado a 164 metros, que proviniendo de aguas subterráneas y complementada por las lluvias, filtraba agua de calidad todo el año. No importaba, entonces, si el agua del río Chillón se contaminaba con lodo, piedras y maleza, producto de los huaycos [del quechua wayau (quebrada) y lloclla (aluvión)] debido a las precipitaciones pluviales.

Tercero, sus cultivos eran abastecidos de agua del Chillón, a través de canales de piedra y estaban alejados prudencialmente del afluente; cuarto, sus caminos y tambos (tanpu: albergue con comida y agua para los viajeros), también fueron ubicados en zonas seguras; y, quinto, ante algún daño material o perdida humana, al unísono toda la comunidad restauraba inmediatamente los daños, incluido los cultivos afectados, reorientando sus zonas seguras, medida que fue convertida en política nacional por los incas en su vasto imperio en América del Sur, quienes asumieron y perfeccionaron el conocimiento de los colli. Los conquistadores españoles lo abandonaron.

Por su sangrienta y valerosa resistencia militar, el Cápac Colli fue degollado al igual que sus guerreros; solo sobrevivieron las mujeres y los niños. La ciudadela-fortaleza fue convertida en un cementerio. En el 2000 sus restos arqueológicos fueron declarados Patrimonio Cultural de la Nación. Hoy, por desinterés de las autoridades, las ruinas están abandonadas, alentando las invasiones de los sin-casa, drogadictos, delincuentes y la basura.

El puquio de San Diego, aún bordeado de piedras de canto colocadas por los colli, aún existe y es utilizado como lavandería por humildes amas de casa, baño público y piscina de niños y adultos.

[1] Mezcla antisísmica de alta resistencia y durabilidad, compuesta por químicos procedentes del barro, frijol, piedra, arcilla, grama seca y clara de huevo de aves guaneras.

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