Me visitaba en la oficina y recuerdo con frecuencia su pulcritud al vestir, su lenguaje educado, sus conocimientos y su dedicación. ¡Existen personas extraordinarias que nunca se olvidan!
Me comentó que en alguna ocasión trabajó con el Ingeniero Weiss, un ingeniero austriaco que vivió en los Estados Unidos y que fue comisionado en México para construir diversas presas. En alguna época, le encomendaron al Ingeniero Weiss que resolviera una controversia que había surgido sobre la distribución de agua entre algunos estados de la Unión Americana.
Una vez que explicó en detalle el tema, el juez le preguntó si tenía alguna prueba de ello. Después de una breve pausa, el ingeniero respondió afirmativamente y mostró un diario; su diario, el cual fue considerado por el juez como una prueba suficiente y definitiva.
Por cierto, el ingeniero Weiss le recomendó a Mi Querido Ingeniero José Hernández Terán que escribiera su diario y que lo hiciera al finalizar su jornada de trabajo.
Después de platicarme esta interesante historia, el Ingeniero Hernández Terán, quien fue Secretario de Recursos Hidráulicos con el Presidente Gustavo Díaz Ordaz, sonrió de manera amable y afectuosa, me estrechó la mano y al despedirse me dijo: “Ingeniero, no deje de escribir su diario”.