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El extraño camino de ATLL

  • extraño camino ATLL

La creación de ATLL fue el extraño fruto de diversos fracasos y desencuentros sucedidos en el último tercio del siglo XX.

El trasvase del Ter a Barcelona supuso la pérdida del monopolio de hecho que la Sociedad General de Aguas (SGAB) disfrutaba en Barcelona con sus concesiones del Llobregat, y el inicio de un abastecimiento regional que alcanzó diversas comarcas del entorno metropolitano.

La reacción de la SGAB a esa situación fue diversa y con variada fortuna:

  1. Propuso y obtuvo zonas intermedias en las que la inversión privada le garantizaba una posición de futuro, como la conexión Trinitat-Barcelona y la distribución del agua del Ter al Maresme.
  2. Pugnó por obtener el derecho de aprovechamiento integral del Llobregat y consiguió complicidades de municipios con los que formó un consorcio inicialmente público, el CAARLL, que en poco tiempo pasó a ser de capital mayoritariamente privado.
  3. Fue activa en el impuso del proyecto de transvase del Ebro a Barcelona de 1970 que preveía 1.400 Hm3/año.
  4. Señaló el municipio de Abrera como el punto estratégico donde debían confluir los grandes aprovechamientos futuros del Llobregat y el Ebro. Aquí y a través del CAARLL proyectó la gran planta de potabilización de agua que debía tener una capacidad de tratamiento de 9 m3/seg.

De esas iniciativas sólo prosperó la primera. El Ebro no pasó de Tarragona y aún reducido al minitrasvase actual, el Llobregat fue objeto de intereses cruzados que impidieron los objetivos deseados por la SGAB y las inversiones en Abrera fueron sometidas a litigios de naturaleza urbanística. Por otra parte, el endeudamiento en moneda extranjera para financiar la inversión fue castigado por las sucesivas devaluaciones de la peseta acontecidas en los años 70 que al final de la década pusieron la SGAB al borde de la quiebra.

El alcalde Serra optó por salvar la SGAB en una compleja operación a varias bandas en la que a la vez se conseguían otros objetivos para Barcelona. El resultado institucional fue la creación del servicio metropolitano de abastecimiento en alta que en 1983 adquirió los activos y pasivos de la SGAB en Abrera y se comprometió a la finalización del proyecto con la iniciativa de la Corporación Metropolitana (CMB) y mediante la empresa pública metropolitana SOGEMASA, creada al efecto.

No pudo ser. A las dificultades económicas se añadieron las políticas derivadas del enfrentamiento entre la Generalitat y la CMB, que acabaron con la disolución de la CMB en 1987. Por aquel entonces, la Generalitat acababa de recibir del Estado las competencias de política hidráulica.

El ingeniero Francisco Vilaró supo sacar partido de esos antecedentes. Vilaró apareció en la escena profesional a principios de los años 70 y captó con habilidad la esencia de los nuevos tiempos, que en Catalunya exigían atención singular de las instituciones a las demandas urbanas e industriales que estaban fuera de las preocupaciones de la Confederación Hidrográfica del Pirineo Oriental, centrada en los problemas del regadío y la producción hidroeléctrica. En el mundo del agua Vilaró pasó por muy diversas responsabilidades y supo ganarse la confianza de importantes actores públicos y privados; también la del presidente Pujol, que le encomendó la preparación y organización de la administración hidráulica autonómica.

En 1990 y a partir de realidades diversas creó el Ente Ter Llobregat, el servicio de abastecimiento en alta a la región metropolitana de Barcelona, mucho más extensa que el territorio de la antigua CMB. Los activos que integraron la red de abastecimiento en alta de la Generalitat tenían tres orígenes:

  • Aquellos que habían sido financiados con recursos locales, fueron incorporados al Ente sin ninguna indemnización a los municipios.
  • Aquellos que procedían de las obligaciones contraídas por la vieja CMB con la SGAB fueron incorporados a ATLL junto con los compromisos financieros pendientes, que fueron satisfechos en poco tiempo.
  • Las instalaciones de la SGAB en el Llobregat derivadas de las concesiones de los años 50 fueron respetadas en su titularidad privada y sólo se incorporaron al sistema a efectos de planificación y coordinación del sistema de abastecimiento.

A pesar del sesgo señalado, la operación fue un éxito. Por otra parte Vilaró implantó el concepto de dotación de agua que, en sustitución del de concesión demanial, independizaba la disponibilidad de agua de un origen u otro y ponía el acento en la garantía de abastecimiento.

La empresa pública ATLL fue el referente seguro para 4,5 millones de habitantes pertenecientes a más de 150 municipios. Durante 20 años ATLL fue solvente técnica y económicamente hasta que con su crisis financiera el ACA la convirtió en su agente inversor. Ese mayor esfuerzo no vino compensado con mayores recursos: el Govern no los puso, ni tampoco algunos de sus miembros -temerosos de su prestigio público y quizá pensado en su futuro personal- autorizaron aumentos de tarifa que hubieran podido compensarlo.

Qué decir cuando uno debe endeudarse sin contrapartida! La crisis financiera hizo el resto al poner contra las cuerdas a la propia Generalitat. ATLL se puso en venta y elevó sus tarifas, tardíamente para salvarla pero de forma imprescindible para hacerla atractiva al mercado. La privatización se hizo a toda prisa, de forma discutible y discutida para recuperar unas décimas contables en la deuda de la Generalitat y poder pagar la nómina de diciembre de 2012.

Aquí no hubo debate sobre la bondad de la gestión privada o pública. El gobierno de los mejores que pregonó Artur Mas se lució con la mayor chapuza de la historia autonómica y de la que aún queda mucho por conocer. Continuará.

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