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Dos sequías

  • Dos sequías

La crisis hídrica por la que atraviesa Cataluña no es nueva ni es fruto de la mala suerte. Para comprender la situación resulta útil compararla con la que sucedió en 1990, en que los pantanos estaban, como ahora, en el límite.

En primer lugar, desde entonces la población catalana ha pasado de 6 a 8 millones de habitantes. En situación de emergencia, es decir, con una dotación de 200 litros por habitante y día, eso supone una demanda adicional de 146 Hm³ anuales, es decir, el doble de la capacidad productiva de las dos desaladoras disponibles en las cuencas internas. O si se quiere comparar con la dotación de 250 litros/hab.día en situación de normalidad, el déficit es de 182 Hm3 para el suministro urbano.

El turismo en 2023 supuso 17 millones de visitantes de los que un 50% aproximado vino de fuera de Cataluña. En la hipótesis de una permanencia media de una semana, eso supone una demanda adicional de 15 Hm³, que puede elevarse hasta 20 si se considera que la mayor afluencia es en verano y que el consumo de agua es superior a la media.

Estamos, pues, en una demanda adicional de agua urbana de 200 Hm3 respecto a la que pudo darse en 1990.

Por otra parte, el sector forestal estima que el abandono de tierras agrícolas marginales ha producido un aumento de 300.000 Has de bosque y matorral en los últimos 30 años. Ahora bien, en nuestra zona mediterránea, la evapotranspiración absorbe un 80% del agua que llueve, o un mínimo de 2.000 m³ por hectárea y año. Puesto que las superficies abandonadas en general son las de mayor pendiente, situadas en las cabeceras de los ríos, es allí donde se da el aumento del bosque y el secuestro de agua. Ese secuestro es el que explica que el descenso de caudal de nuestros ríos, aun sin contar el regadío de las vegas llanas, es superior al descenso de la pluviometría. Esas 300.000 Has suponen un secuestro mínimo de 600 Hm³ adicionales por evapotranspiración.

Es decir, sólo dos causas explican que, en relación a 1990, tenemos una demanda adicional mínima de 800 Hm3 para estar, ahora, en las mismas condiciones que entonces.

¿Qué otras variables han podido incidir en la actualidad? Afortunadamente, podemos anotar algunas.

  • En primer lugar, el ahorro urbano, producido especialmente en el siglo XXI a raíz de otros episodios de sequía que activaron mecanismos de ahorro, como campañas y el incremento del canon del agua. El ahorro reconocido es de 120 Hm³ anuales.
  • En segundo lugar, una capacidad añadida de almacenamiento de agua debido a la construcción, en los años 90, de la presa de la Llosa del Cavall, en la cabecera del río Cardener, afluente del Llobregat. Tiene una capacidad de 80 Hm³, aunque raramente se ha llenado.
  • Las desaladoras de El Prat i Blanes, en las desembocaduras del Llobregat y Tordera, con una capacidad de producción efectiva de 70 Hm³ anuales.
  • También se puso en marcha la regeneración y bombeo de agua regenerada de la depuradora de El Prat, equivalente a unos 50 Hm³ adicionales.

En su conjunto, se comprende que el ahorro y las nuevas aportaciones de agua no suplen las demandas urbanas y forestales añadidas. Aunque lloviera igual, no se alcanzará la normalidad.

Es difícil comprender la falta de perspectiva con la que se ha llegado a esta situación, y más difícil comprender cómo se ha podido culpar al consumo urbano de la situación en la que estamos. Por otra parte, el mapa de la sequía muestra que media Cataluña está en plena normalidad hídrica gracias a una mínima aportación procedente de los canales del Bajo Ebro.

En 1990 el problema se saldó con la consagración legal del trasvase del Ter y su gestión conjunta con el Llobregat. Esa red ha permitido ignorar el problema durante décadas, a expensas del abuso del Ter.

Ha fallado la previsión y falla el análisis. 34 años más tarde, Cataluña no aprende de sus errores.

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