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Simbolismo religioso del agua

Sobre el blog

Darya Ahmadi Asadi
Estudiante madrileña del Máster en Ingeniería Química de la Universidad Politécnica de Madrid. Interesada en temas relacionados con el agua, el medio ambiente y las energías renovables.

Temas

  • Simbolismo religioso agua

El agua es un elemento integral y esencial para la vida de todos los seres vivos. Nuestros cuerpos están compuestos mayoritariamente por agua, y necesitamos de ella para mantenernos con vida. Sin ir más lejos, los primeros meses de vida de los seres humanos transcurren sumergidos en el agua, dentro del seno materno.

La importancia del agua para la existencia de la vida en la tierra es algo conocido por la humanidad desde épocas antiguas. Por ello, el agua como elemento siempre ha tenido una dimensión mística, y ha formado parte de las creencias y rituales religiosos de las distintas culturas del mundo.

Al agua siempre se le ha asociado con la vida, con la fertilidad y la purificación. Representa un símbolo de abundancia, de renovación…incluso de libertad. En algunas culturas, se le ha considerado como el principio constitutivo de todas las cosas, “la madre de todos los seres”.

Frecuentemente, el agua es percibida por la religión como un dios o entidad divina. También puede representar la frontera entre este mundo y el más allá.

Dentro del pensamiento antiguo, la “realidad cósmica” estaba formada por cuatro elementos constituyentes: aire, agua, tierra y fuego.

En la cultura hindú se considera al agua como la materia prima fundamental. Según los textos sagrados del hinduismo “Todo es agua. El huevo del mundo se incuba en la superficie de las aguas.”

Al limpiar y purificar el cuerpo, el agua adquiere un estatus simbólico o incluso sagrado, lo que explica su papel en numerosos cultos y ceremonias religiosas.

Todas las religiones tienen ritos en los que el agua es un componente fundamental. Lo interesante es que muchos de estos ritos, al igual que el simbolismo atribuido al agua, presentan similitudes y puntos en común entre las distintas religiones, incluso si estas pertenecen a culturas y zonas geográficas muy distantes.

En las tres ramas principales del cristianismo (católicos, ortodoxos y protestantes), al agua es un elemento de purificación. Presenta un papel fundamental en el Bautismo, que constituye el sacramento de admisión en la Iglesia cristiana. La persona a quien se bautiza es sumergida en agua de forma total o parcial, o bien es rociada con unas gotas de agua sobre su cabeza.

El origen de este rito se encuentra en el Evangelio, donde se describe como Jesús fue bautizado con el agua del río Jordán por Juan el Bautista. El agua empleada para el bautismo representa la purificación y el rechazo del pecado original.

El agua también hace su aparición en la Biblia, haciendo alusión a distintos conceptos. En el Nuevo Testamento, aparece como símbolo de representación del espíritu de Dios y la vida eterna.

Asimismo, también aparece como elemento clave de la creación. Según Génesis 1:2, en el principio “el espíritu aleteaba sobre las aguas”, de donde hizo que se crease progresiva y ordenadamente la vida en sus distintas formas.

Por otra parte, en el Génesis también se narra la historia del Gran Diluvio. Para castigar a la humanidad por su desobediencia, Dios envió sobre el mundo una lluvia torrencial. Tan solo Noé, su familia y una pareja de cada raza animal logran escapar del castigo en un arca. La función del diluvio es la destrucción de todos los pecados del mundo para permitir el renacimiento de éste, esta vez libre de impurezas.

Al igual que en el cristianismo, el agua también presenta un papel purificador en las demás religiones monoteístas. Para los practicantes del islam, existen varios rituales de purificación con agua, como pueden ser lavarse el cuerpo entero tras el acto sexual, de carácter obligatorio, o hacer lo mismo antes de la oración del viernes o de tocar el Corán, lo cual tiene un carácter más bien recomendado.

Antes de las oraciones diarias, también ha de realizarse una ablución: los musulmanes deben mojarse la cabeza, y lavarse las manos, los antebrazos y los pies. Con este fin, las mezquitas tienen siempre puntos de agua a su disposición.

No obstante, en caso de ausencia de agua, como puede ocurrir en áreas desérticas, la ablución puede llevarse a cabo con arena.

En hebreo, el término para referirse al agua es “mayim”. Dentro del judaísmo, la limpieza ritual empleando agua permite la restauración o la conservación de un estado de pureza. Un ejemplo es el Mikve o baño ritual, el cual era un ritual fundamental en épocas pasadas. Los hombres acuden al Mikve los viernes y antes de las grandes celebraciones; por su parte, las mujeres acuden antes de casarse, tras el parto, y al finalizar su ciclo menstrual.

Por otra parte, las religiones politeístas también poseen ritos y cultos asociados al agua. Para los hinduistas, el agua posee un poder de purificación espiritual. Los templos siempre se encuentran en la proximidad de una fuente, y para los peregrinos es una obligación bañarse en sus aguas antes de entrar. Asimismo, los lugares de peregrinación suelen encontrarse en las orillas de los ríos.

Por otro lado, es relevante la existencia de siete ríos sagrados, de los cuales el más conocido es el río Ganges. Este es objeto de culto por ser considerado una encarnación de la diosa Gaga, diosa de la purificación. Es creencia popular que quienes se bañen en este río o depositen parte del cuerpo de un difunto en él podrán alcanzar el paraíso de Indra, Dios de la tormenta.

El agua también es parte de los ritos fúnebres, que siempre tienen lugar cerca de los ríos. Por otra parte, el mito del Diluvio también está presente en algunos textos sagrados hindúes; en él se relata como Manu, el primer hombre, fue salvado del diluvio por un pez, el dios Brama, el cual guio a Manu hacia lo alto del Himalaya para que pudiera refugiarse allí hasta que las aguas se retiraran.

Finalmente, es interesante señalar el caso del budismo. Está religión apenas posee ritos; sin embargo, el agua se utiliza en las ceremonias funerarias. En un recipiente colocado delante de los monjes y del cuerpo del difunto, se vierte agua hasta su desbordamiento; al mismo tiempo, los monjes recitan “Como las lluvias llenan los ríos y fluyen hacia el océano, de la misma manera alcance lo entregado al difunto”.

En su “Tratado de la historia de las religiones”, el filósofo e historiador rumano Mircea Eliade hace la siguiente observación: “Cualquiera que sea el conjunto religioso en que se presenten, la función de las aguas es siempre la misma: la de desintegrar, abolir las formas, lavar los pecados, purificando y regenerando al mismo tiempo. Su destino es preceder a la creación y reabsorberla, sin poder salir nunca de su propia modalidad, es decir, sin poder manifestarse en formas… La finalidad de las lustraciones y purificaciones rituales con aguas es actualizar en un instante “aquel tiempo”, en que tuvo lugar la creación; son una repetición simbólica del nacimiento de los mundos o del hombre nuevo”.

Otro aspecto relevante en la relación entre el agua y la religión es la existencia de numerosos rituales y plegarias para atraer a la lluvia durante periodos de sequía, ya sean tradiciones de origen religioso, pagano o cultural. Esto se manifiesta en el cristianismo con procesiones con imágenes de santos y oraciones para la venida de la lluvia, en el hinduismo con rituales al dios Indra, o en el antiguo Egipto y las religiones indígenas americanas con los rituales de la danza de la lluvia. Otro ejemplo es la oración para la venida de la lluvia en el islam, Salât Al-Istisqâ, que se realiza fuera de la mezquita a primera hora de la mañana.

De todo lo anterior se puede concluir que, sin duda alguna, la humanidad siempre ha sido consciente de la importancia del agua. En los tiempos que corren, en los que las sociedades son cada vez más conscientes de los problemas relacionados con el cambio climático, la sobrepoblación, la distribución desigual de recursos, y la cada vez mayor presencia de fenómenos meteorológicos extremos, es necesario invertir esfuerzos por parte de organizaciones, gobiernos, empresas y los ciudadanos de a pie para poder proteger este recurso imprescindible para la vida en la Tierra.

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