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Santa Claus tiene una carta para ti

Sobre el blog

Carmen Hernández de Vega
Apasionada por el agua, recurso escaso y necesario. Ingeniera Medio Ambiental en AEAS y Young Water Professional
  • Santa Claus tiene carta ti

Fecha: 24 de diciembre

Lugar: planeta azul

Querida humanidad,

Después de muchos años recorriendo el mundo y viviendo en incontables parajes, solo unos pocos privilegiados me conocen y muy pocos saben de mis viajes extraoficiales a lo largo del año.

Estos viajes empezaron tiempo atrás cuando empecé a descubrir que mi preciado polo norte empezada a derretirse. Esos magníficos bloques de hielo milenarios desaparecían en la inmensidad del océano. Todos mis esfuerzos y largas lecturas para aplicar en mi humilde morada las mejores técnicas disponibles no habían servido para nada. Intentando cuidar mí propio hábitat buscaba para mi abastecimiento personal bloques de hielo que se regeneraran con el transcurso del tiempo, compostaba mis desechos y reutilizaba el agua sobrante para mi cosecha personal. ¿Y todo para qué? Para que en cuestión de pocas décadas vosotros destruyáis mi amado paisaje.

Como os podréis imaginar por mis primeras palabras de enfado me encanta el agua, es más, aunque vosotros me pintéis de verde o rojo mi verdadero color es el azul. Pero no un azul cualquiera, ese maravilloso azul que crea el hielo sumergido al ser iluminado por el sol, ese tono turquesa que a todos apacigua y calma. Pues bien, sabiendo esto es comprensible que el criterio de elección de mi futura residencia fuera este elemento.

Mi primera visita después de vivir tanto tiempo entre hielo fue obviamente un sitio de playa llamado Aguanula. Teníais que haber visto mi cara de felicidad del primer día, parecía que nada podía salir mal y aunque me habían arrancado un riñón y medio por el alquiler de dos semanas daba igual, iba a disfrutar de unos magníficos días de playa. Dejé las maletas en mi pequeño y caro cuchitril, me calcé mis flip-flops con cascabeles y con mi toalla del hombre de pan de jengibre y mi estupendo bañador cuyo trasero tenía una simpática carantoña de Rudolf me dirigí a mi tan esperado baño. ¡QUE ASCO! Estaba tan ilusionado que no me fijé hasta que ya no hice pie. ¡Estaba nadando en un entramado de plásticos! Compresas, bolsas, pañales, toallitas, botellas, tampones, condones y colillas entre otros. Salí corriendo y en un camino marcado por el soniquete de mis cascabeles conseguí llegar debajo de la tan ansiada ducha purificadora. ¡NO! ¡Esto no me puede pasar a mí! (pensé) No había agua. Desesperado salí del baño pensando que tenía que haber alguna reserva en algún sito, alguna botella de vidrio, lo que fuera. De repente, mis ojos pasaron por encima de un mensaje de alerta. No podía ser, el propietario avisaba por escrito que por sequía podría haber cortes de agua. Poco después me informé y comprendí el juego de palabras de Aguanula. Espantado, huí de mi peor pesadilla plástica.

Fiándome esta vez en los posibles dobles significados me dirigí a una ciudad aguas arriba llamada Geiserlandia, estaba seguro que encontraría grandes maravillas de la naturaleza y por supuesto las encontré. Iba tan tranquilamente caminando por el entramado de la ciudad cuando de repente ¡Geiser! Yo mismo parecía una cómica imagen de dibujos animados encima de la fuente, que por cierto no tenía nada de caliente, estaba súper fría. ¿Cómo podía ser? ¿Un geiser de agua fría en medio de la ciudad? Obviamente aquello no era un geiser… era una rotura de una tubería muy antigua. De nuevo mi decepción… en esta ciudad no podía salir a la calle sin miedo a encontrarme con una de estas maravillas de la pasividad humana. Decidí trasladarme al área metropolitana conocida como Verdifaunia, pero ni verdi ni faunia, más bien debería llamarse Marronymortem. En esta zona las depuradoras estaban paradas porque el agua residual acababa en el medio natural a causa de las roturas en las tuberías de saneamiento. Un olor espantoso acompañado de un sendero de peces muertos, residuos y todo aquello que tiramos al WC formaba el camino que me invitaba a alojarme en un hostal cuyo propietario era el monstruo de las cloacas al cual la ciudadanía alimentaba cada vez más y más.

Podría contaros la situación de muchas otras ciudades por las que pasé y de las cuales salí corriendo aterrado pero voy a acabar con una de las más aparentemente limpias, Farmopolis. ¡Finalmente lo conseguí! ¡Encontré una ciudad normal! Me podía duchar con agua cuando quisiera, no tenía una playa llena de plásticos, no tenía miedo de pasear por la calle y olía bien. Pero tras varios meses de convivencia con sus gentes me di cuenta del problema, abusaban de los medicamentos. Recordé entonces un artículo que leí hace años sobre como afectaban estas sustancias a los peces, porque como todos sabemos las depuradoras no están preparadas para eliminarlos. Recuerdo leer que eran contaminantes emergentes y que podían causar daños físico u hormonales en los peces, alterando así la biodiversidad. Mi gozo en un pozo… No encontraría nunca una ciudad capaz de sustituir a mi amado polo norte.

Como sabéis, cada navidad que pasa recibo más y más correo y las listas de deseos son cada vez más largas… Pues bien, esto se ha acabado!! Me niego a repartir ni un regalo más hasta que todo el planeta se tome en serio los grandes retos que debemos afrontar para cuidar el agua y nuestro medio ambiente.

Aún no he perdido la esperanza, ¡No la perdáis vosotros!. Estáis haciendo muchas cosas bien pero aún quedan más por hacer y muchos a los que convencer. Trabajad en equipo y dejad volar la imaginación, aterrizad las buenas ideas y hacedlas realidad. Cuidad ese elemento que tanto necesitamos y disfrutad conmigo de los tonos azules que nos ofrece.

Vuestro querido Papa Noel azul aún lleno de esperanza

Santa Claus

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