Opinión
Xavi Duran Ramírez
La opinión deXavi Duran RamírezResponsable de prensa en la Agencia Catalana del Agua (ACA). Doctorando en Periodismo y Comunicación. Máster en Dirección de Comunicación Institucional y Empresarial.
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‘Gardy loo’ (¡Agua va!) o la insana gestión del agua residual en la Edimburgo del siglo XVIII


En la primera mitad del siglo XVIII vivían en Edimburgo unas 50.000 personas, una cifra que se había incrementado de un modo notable en los últimos años. Al estar la ciudad circunscrita dentro de sus murallas y no poder crecer de un modo horizontal, las edificaciones eran altas y de varios pisos (pudiendo llegar a tener catorce plantas), para así poder disponer del mayor número de viviendas posible. El problema de estas edificaciones era que no disponían de las infraestructuras necesarias para disponer de luz, agua y saneamiento en buenas condiciones. Por esta razón, los lavabos acostumbraban a ser cubetas que eran utilizadas durante el día y vaciadas por la noche, una función desagradable que acostumbraban a desempeñar las mujeres y los niños.

Recipiente que se utilizaba para hacer las necesidades básicas. Fuente: The Scotsman

En la Edimburgo del siglo XVIII vivían 50.000 personas dentro de sus murallas, con edificaciones que podían llegar hasta los catorce pisos

¡Agua va!

Para los ciudadanos que vivían en las plantas bajas de los edificios la solución era fácil, ya que podían salir de sus casas y verter los residuos en la misma calle. El problema surgía para los habitantes de los pisos más altos, que no tenían posibilidad de transportar sus aguas sucias por las escaleras sin riego de derramamiento. Por esta razón, se buscó una solución más fácil: abrir la ventana y tirar las aguas residuales al grito de «Gardy loo». Si alguien andaba por la calle y escuchaba esta expresión sabía que tenía que correr lo más rápido posible si no quería ducharse de un modo no deseado.

La expresión «Gardy loo» viene del francés «gardez l’eau», que vendría a significar «tened cuidado con el agua».

La «gestión» del agua residual era bien sencilla: se abría la ventana y al grito de «Gardy loo» se alertaba a los viandantes de una inminente caída de agua sucia

Un lago con doble uso

Os preguntaréis adonde iban a parar las aguas residuales que se tiraban en la calle. Actualmente en la capital escocesa se puede disfrutar de un paseo por el conocido como Princess Street Garden, muy cerca de la Royal Mile. Sin embargo, hay mucha gente que desconoce que, en este espacio, antes del siglo XIX, había un lago que tenía una doble función: era al mismo tiempo una fuente de abastecimiento para la población de la ciudad y una masa de agua que también recibía las aguas residuales de la ciudad, que llegaban por gravedad, al estar la ciudad en una colina. El lago era conocido como Nor’ Loch. Esta gestión del agua del lago provocó un elevado número de enfermedades como el tifus, el cólera o la peste. 

Ilustración de la Edimburgo del siglo XVIII, con el Nor’Loch en la falda de la colina. Fuente: Wikipedia

El agua residual que se vertía en la calle llegaba al Nor’Loch, un lago que servía tanto de fuente de abastecimiento a masa de agua para recibir las aguas sucias

Esta masa de agua, además de ser un punto negro en lo que a gestión del agua se refiere, también era un lugar poco frecuentado para la mayoría de la población, pero no para aquellos que cometían delitos y que no querían ser descubiertos. Se estima que en las riberas del lago se cometieron varios crímenes. Además, también había la creencia de que cerca del lago mucha gente llevaba a cabo prácticas de brujería y se llevaba a cabo una práctica macabra por parte de las autoridades para saber si una mujer era bruja o no: se la tiraba al lago y si ésta se hundía se demostraba que no tenía ningún vinculo con la brujería.

A finales del siglo XVIII, las clases más poderosas de la ciudad impulsaron el dragado del lago, una tarea que se llevó a cabo hasta 1876, cuando se llevaron a cabo los Princess Street Gardens, que hoy se pueden ver en la capital escocesa.