Opinión
Mike Joy
La opinión deMike JoyInvestigador Senior en el Instituto de Estudios sobre Gobernanza y Políticas. Universidad de Victoria en Wellington.
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La crisis del agua en Nueva Zelanda


Los ríos, lagos y acuíferos de las llanuras de Nueva Zelanda están en apuros. En los espacios protegidos, así como en las zonas montañosas aún en estado natural, los ríos están intactos, pero los cursos bajos sufren un deterioro cada vez más acusado.

El indicador más exhaustivo del deterioro de los ecosistemas de agua dulce es la pérdida de la biodiversidad acuática. Tres cuartos de las especies piscícolas autóctonas están amenazadas; en los noventa solo un quinto lo estaban.

En las últimas tres décadas, desde que se hace un seguimiento de la calidad de aguas en los ríos, esta ha empeorado, en particular en cuencas urbanas y con pastizales. El 85% de los ríos en cuencas con pastizales superan los niveles permitidos de nitratos.

Bañarse en la mayoría de los ríos de las zonas agrícolas de Nueva Zelanda supone un riesgo para la salud debido a la presencia de patógenos. Además, otros contaminantes emergentes comienzan a detectarse en aguas superficiales y subterráneas, aunque su impacto aún está por cuantificar. La intensificación de la agricultura en Nueva Zelanda también contribuye al cambio climático, con más o menos la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero, que han aumentado un 13,5% desde 1990.

La calidad de las aguas subterráneas también se está deteriorando: el 62% de los sondeos de seguimiento muestran importantes aumentos en nitratos, el 59% presentan concentraciones de bacterias indicadoras de contaminación fecal (E. coli) que no cumplen con las normas de calidad de agua potable y el 64% muestra una tendencia ascendente en la concentración de E. coli.

La mayor responsable del deterioro de las aguas en Nueva Zelanda, por volumen y longitud de cursos fluviales, es la agricultura

Los ríos urbanos se encuentran en peor estado aún que los de cuencas agrícolas, pero se trata de menos del 1% de la longitud de la red fluvial nacional. El deterioro en zonas urbanas se debe sobre todo a vertidos de aguas residuales y al deterioro de las infraestructuras de saneamiento y aguas pluviales.

Los datos son claros: en las últimas décadas, el principal factor responsable del deterioro de las aguas interiores en Nueva Zelanda, por volumen y longitud de cursos fluviales, es la intensificación de la agricultura. Desde los noventa, a la vez que se reducía a la mitad el ganado ovino, se han duplicado las cabezas de vacuno lechero. La producción lechera se ha triplicado, y actualmente Nueva Zelanda es el octavo mayor productor lechero, y el mayor exportador. Sin embargo, este aumento en la producción se ha conseguido mediante un gran aumento en aportes externos de agua, fertilizante, piensos y energía.

Además del impacto ambiental de la intensificación, también aumentan los riesgos para la salud. Cada vez más datos sugieren que la exposición a los nitratos en el agua potable puede tener efectos negativos sobre la salud.

Es obvio que los sectores agrícolas que requieren aportes intensivos, tanto en Nueva Zelanda como a nivel global, forman parte de una espiral negativa de intensificación de usos del suelo y deterioro ambiental. Dependen de un modelo en el que los beneficios se privatizan, mientras que los costes los asume la sociedad.

La situación en Nueva Zelanda es un microcosmos de un sistema agrícola global fallido que conduce a la pérdida de biodiversidad, contaminación y cambio climático. En lugar de ser una versión en miniatura de este desastre, Nueva Zelanda podría demostrar al mundo un sistema de agricultura sostenible, ya que disfruta de muchas ventajas, como suelos fértiles, lluvia abundante y baja densidad de población.

Claramente es necesario cambiar el modelo de usos del suelo para cultivar alimentos, en Nueva Zelanda y a nivel global: abandonar la agricultura intensiva para adoptar sistemas innovadores que protejan y enriquezcan los recursos naturales. Es primordial transformar la agricultura con enfoques más integrales, como la agricultura regenerativa, agroecología… y construirlos sobre la base del conocimiento tradicional y de pueblos indígenas. Esta transformación colocaría a Nueva Zelanda como líder global en producción sostenible de alimentos, en lugar de continuar en una carrera a ninguna parte.