Opinión
Marta Santafé
La opinión deMarta Santafé

Consultora especialista en Medio Ambiente, Sector del Agua y Planificación Hidrológica | Hidrogeóloga | Directiva Marco del Agua (DMA) | Gestión de sequías e inundaciones | ODS 6 | Divulgación | LinkedIn Top Voice Sostenibilidad 2022

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Humanizar el agua: del recurso al vínculo


He pasado gran parte de este 2025 observando cómo el mundo intenta resolver los problemas del agua a golpe de clic. He visto presentaciones deslumbrantes sobre sensores de última generación, algoritmos de Inteligencia Artificial que predicen el estrés hídrico o sistemas de digitalización que prometen una eficiencia perfecta sobre cada gota.

Y aunque entiendo que la tecnología es un aliado necesario, a medida que este año se apaga, siento una enorme inquietud: nos hemos vuelto expertos en medir el agua, pero hemos olvidado cómo sentirla.

De la métrica al sentimiento

Hemos perfeccionado el arte de gestionar el agua como una mercancía invisible que circula por tuberías, perdiendo en el camino la conciencia de que ella es, en realidad, nuestra propia sangre fuera del cuerpo.

Mi deseo para este 2026 que asoma no es más tecnología, sino más humanidad. Sueño con un año en el que dejemos de llamar al agua "recurso" para empezar a llamarla "vínculo". Porque, como suelo reflexionar: "Un recurso es algo que se explota; un vínculo es algo que se nutre y se respeta".

El rostro detrás del derecho

Para lograrlo, es necesario transformar el frío concepto del "derecho humano al agua" en una realidad palpable. A menudo, en los foros internacionales, el lenguaje se vuelve excesivamente técnico y jurídico, perdiendo de vista el rostro de quien espera frente a un grifo seco.

Humanizar el agua es recordar que no hay dignidad posible sin ella. Cuando ponemos la prioridad ética en la higiene básica, la menstrual o en la salud de un niño por encima del beneficio industrial, no solo estamos gestionando un líquido; estamos defendiendo la esencia misma de nuestra especie. La igualdad de la que hablaremos tanto en 2026 —tema central del próximo Día Mundial del Agua— no puede ser solo una estadística; debe ser el compromiso de mirar a los ojos a quienes han sido invisibilizados.

Nuestra empatía biológica y espiritual

A veces olvido, atrapada entre pantallas y asfalto, que yo misma soy un ser acuático. Mi biología es, en su mayor parte, líquida. 

Al mirar un río contaminado, no deberíamos ver solo un problema ambiental, sino una herida en nuestro propio sistema circulatorio. Si aceptamos que el agua que fluye por las cuencas de la Tierra es la misma que fluye por nuestras venas, la distinción entre nosotros y la naturaleza se disuelve.

Soy consciente de que, en un sector a menudo dominado por la frialdad de los datos, los modelos y cálculos de los ingenieros y las decisiones de los políticos, atreverse a hablar de "amor", "espiritualidad" o "conexión física" con el agua es un acto bastante transgresor y disruptivo. Pero es un acto necesario. Cuidar el agua debe dejar de ser una fría obligación ecológica para convertirse en un acto de amor propio y supervivencia.

Recuperar el valor simbólico

Hoy, la digitalización ha hecho que el agua sea tan accesible para los privilegiados que se ha vuelto banal. La hemos vuelto muda al encerrarla en tuberías. Mi propósito para el año que viene es recuperar su valor sagrado.

¿Y si en 2026 aprendiéramos a mirar al agua no como un objeto que poseemos, sino como una entidad viva con la que convivimos? Al reconocerle derechos al agua, nos estamos reconociendo a nosotros mismos la capacidad de ser justos.

Sabiduría local frente al algoritmo

Esta nueva visión exige una gestión que tenga sentido común y que sea profundamente participativa. No podemos dejar el destino de nuestras cuencas únicamente en manos de modelos matemáticos que, aunque precisos, carecen de corazón.

Ser "custodios activos" significa entender que la tecnología debe estar al servicio de la sabiduría local, y no al revés. Una gestión humanizada requiere que la comunidad se sienta a la mesa; que el agricultor y la madre tengan más peso que un algoritmo.

Un milagro en cada grifo

Al cerrar mis reflexiones de este 2025 que llega a su fin, mi deseo es que el agua sea el espejo donde volvamos a ver nuestra mejor versión. Que, en 2026, al abrir el grifo, no veamos solo un servicio, sino el milagro que nos conecta con el resto de la humanidad.

Es hora de que el agua deje de ser un dato y vuelva a ser un sentimiento. Porque solo aquello que amamos y sentimos como propio es lo que realmente somos capaces de proteger.

"Un recurso es algo que se explota; un vínculo es algo que se nutre y se respeta" (Marta Santafé)

Gracias por leerme y acompañarme en este 2025.