Opinión
Marta Santafé
La opinión deMarta Santafé

Consultora especialista en Medio Ambiente, Sector del Agua y Planificación Hidrológica | Hidrogeóloga | Directiva Marco del Agua (DMA) | Gestión de sequías e inundaciones | ODS 6 | Divulgación | LinkedIn Top Voice Sostenibilidad 2022

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Gestión integral del agua: más allá de las infraestructuras


Desde hace unas semanas he tenido la ocasión de asistir a varios eventos cuyo tema principal ha sido el de las infraestructuras hidráulicas. Los expertos han puesto el foco en la falta de inversión y la necesidad de inyectar miles de millones de euros para construir nuevas infraestructuras (también para la renovación de las instalaciones obsoletas). Dentro de una semana hay otra jornada programada en la sede del MITERD cuyo tema central son las infraestructuras del agua lo que denota que, por parte de la Administración, también se trata de un tema prioritario. ¡Es el tema estrella!.

En este artículo os quiero compartir mi visión sobre este asunto en el que creo que es necesario ampliar la mirada y no monopolizar el debate. Como se suele decir en estos casos, que los árboles no nos impidan ver el bosque.

Es cierto que en España tenemos un déficit estructural de infraestructuras del agua, tanto las del denominado ciclo urbano (captación, abastecimiento y saneamiento) como las grandes infraestructuras. Estas carencias presentaron recientemente en el informe "Análisis de la inversión en infraestructuras prioritarias en España", elaborado por la ingeniería Sener y presentado en una jornada organizada por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) y la asociación SEOPAN, Construcción, Agua y Concesiones de Infraestructuras, el objetivo ha sido hacer una radiografía de lo que España necesita en infraestructuras. Posteriormente IAgua también organizó un evento online cuyo tema principal fueron las infraestructuras hídricas.

Las constructoras cifran en unos 200.000 millones de euros el dinero necesario para infraestructuras prioritarias (agua, energía, medio ambiente y equipamiento público) en los próximos años, imprescindibles para garantizar diversas directivas, normativas, así como con planes ya establecidos. De esta inversión, unos 38.000 millones se corresponde con medidas estructurales y de gestión hidráulicas.

Unos 3.000 millones, están proyectados para actuaciones de prevención de inundaciones en un contexto en el que la dana de Valencia ha puesto sobre la mesa la necesidad de reducir riesgos frente a los extremos climáticos.

Con estos antecedentes podemos ver que últimamente las soluciones que se plantean para mejorar la gestión del agua en nuestro país se centran casi exclusivamente en invertir en nuevas infraestructuras.

Desde mi punto de vista, este enfoque es insuficiente porque se están dejando de lado otros aspectos sobre todo de gestión y gobernanza. Las tres patas de la sostenibilidad del agua, es decir, los aspectos económicos, sociales y ambientales, no están en equilibrio.

Por otro lado, en España sufrimos de un déficit hídrico estructural que plantea un desafío complejo, donde la respuesta tradicional ha priorizado la inversión en infraestructuras de gran envergadura.

Si bien estas infraestructuras (presas, desaladoras, trasvases) desempeñan un papel crucial, su enfoque exclusivo ignora la necesidad de una gestión integral del recurso hídrico. La sostenibilidad del agua exige un equilibrio entre la oferta (infraestructuras) y la demanda (gestión), así como la consideración de los aspectos económicos, sociales y ambientales.

El reto del déficit hídrico estructural

El concepto de "déficit hídrico estructural" en España se refiere a una situación en la que la demanda de agua supera de manera constante y a largo plazo la disponibilidad natural de este recurso. No se trata solo de sequías puntuales, por otro lado, cada vez más frecuentes y duraderas, sino de un desequilibrio persistente que se agrava por diversos factores:

  • Clima semiárido: Gran parte del territorio español, especialmente en el sur y el sureste, tiene un clima caracterizado por precipitaciones escasas e irregulares. Esta variabilidad natural se ve acentuada por el cambio climático, que provoca sequías más frecuentes e intensas.
  • Alta demanda: España es un país con una alta demanda de agua, impulsada por la agricultura de regadío, el turismo y el consumo urbano. El sector agrícola, en particular, representa un porcentaje significativo del consumo total de agua.
  • Infraestructuras insuficientes: Aunque España cuenta con una extensa red de infraestructuras hidráulicas, existen deficiencias en su mantenimiento y modernización. Las nuevas infraestructuras no siempre se han planificado de manera sostenible, lo que ha generado impactos ambientales negativos.
  • Gestión ineficiente: La gestión del agua en España se caracteriza por una fragmentación administrativa y una falta de coordinación entre las diferentes administraciones. Esto dificulta la implementación de políticas eficientes para la conservación y el uso sostenible del agua.

El déficit hídrico estructural en España es un problema complejo que requiere un enfoque integral, que combine la inversión en infraestructuras sostenibles con una gestión eficiente y una gobernanza participativa.

Un futuro incierto si las soluciones se centran solo en las infraestructuras

Si las soluciones al déficit hídrico en España se centraran exclusivamente en la construcción de nuevas infraestructuras podríamos enfrentarnos a un escenario con consecuencias a medio y largo plazo.

Imaginemos un futuro en España donde la única respuesta a la creciente demanda de agua fueran las grandes infraestructuras como presas, desaladoras y trasvases. Si nos aferramos exclusivamente a estas soluciones constructivas, nos adentraríamos en un escenario en el que deberíamos de afrontan ciertas dificultades.

En primer lugar, nos veríamos atrapados en una dependencia de soluciones costosas y de alto impacto. La construcción de estas grandes infraestructuras exigiría inversiones masivas, lo que con toda probabilidad supondría desviar recursos destinados a otras áreas. Además, su impacto ambiental también sería significativo. Y, ante un clima cada vez más impredecible, estas infraestructuras podrían resultar ineficientes e insuficientes para cubrir la creciente demanda de agua.

En segundo lugar, la gestión y la gobernanza del agua quedarían relegadas a un segundo plano. Sin medidas para fomentar el uso eficiente del agua, la demanda seguiría creciendo, agravando el déficit hídrico. Las pérdidas en la red de distribución persistirían, el riego agrícola se mantendría ineficiente y los conflictos por el agua entre regiones y sectores se intensificarían. La falta de transparencia y equidad en la asignación de recursos hídricos erosionaría la confianza y la cooperación. Y, sin una conciencia pública sobre la importancia del agua, los patrones de consumo insostenibles se perpetuarían, dejando a la sociedad vulnerable ante la escasez.

Finalmente, nos enfrentaríamos a riesgos a largo plazo. Un modelo basado exclusivamente en infraestructuras sería insostenible, incapaz de abordar las causas profundas del déficit hídrico. La dependencia de soluciones costosas y de alto impacto nos dejaría indefensos ante un futuro incierto. 

El cambio climático y el aumento de la demanda podrían superar la capacidad de estas infraestructuras, agravando la escasez y poniendo en riesgo el abastecimiento de agua para el consumo humano, la agricultura y la industria. La degradación ambiental sería irreversible, con ecosistemas acuáticos degradados y servicios ecosistémicos perdidos para siempre.

En mi opinión, un enfoque centrado exclusivamente en infraestructuras sería un espejismo de seguridad a corto plazo, una trampa que nos conduciría a un futuro de escasez, conflictos y degradación ambiental. La verdadera solución reside en un enfoque integral, que combine la inversión en infraestructuras sostenibles con una gestión eficiente, una gobernanza participativa y una conciencia colectiva sobre el valor del agua.

Soluciones para la gestión del agua con un enfoque integral

Una visión centrada exclusivamente en la ingeniería ha demostrado ser insuficiente para garantizar la sostenibilidad a largo plazo.

El agua, un bien preciado y esencial, exige una gestión holística que trascienda las soluciones puramente técnicas. Requiere un delicado equilibrio entre las necesidades económicas, las aspiraciones sociales y la preservación del medio ambiente. En este contexto, surge un enfoque integral que aborda la gestión y la gobernanza del agua desde una perspectiva más amplia y responsable.

En primer lugar, la planificación hidrológica se convierte en una herramienta fundamental. Se trata de un proceso a largo plazo que debe anticipar los efectos del cambio climático, la creciente demanda y la imprevisibilidad de la evolución de los recursos hídricos. Esta planificación debe ser un esfuerzo colectivo, donde las administraciones públicas, los usuarios, las organizaciones ambientales y la sociedad civil convergen para forjar un futuro hídrico sostenible.

En este planteamiento la gobernanza participativa emerge como un pilar esencial. La transparencia y la rendición de cuentas se convierten en principios rectores, fomentando la participación ciudadana en la toma de decisiones relacionadas con el agua. La coordinación entre las diversas administraciones y organismos gestores del agua se fortalece, creando un entramado de colaboración y responsabilidad compartida.

El uso eficiente del agua se erige como una prioridad ineludible. En todos los sectores, desde la agricultura hasta la industria y los hogares, se deben implementar medidas para reducir el consumo.

Las tecnologías de riego eficientes y la reutilización de aguas residuales tratadas se convierten en prácticas habituales. La digitalización del ciclo del agua se erige como una herramienta poderosa para optimizar la gestión de los recursos hídricos.

Las infraestructuras sostenibles complementan este enfoque integral. La inversión se dirige hacia la mejora de la eficiencia del ciclo urbano del agua, renovando redes de abastecimiento y saneamiento para minimizar las pérdidas. Las infraestructuras verdes, inspiradas en la sabiduría de la naturaleza, como la restauración de humedales y la creación de sistemas de drenaje urbano sostenible, se convierten en elementos clave del paisaje hídrico. La desalación, que siempre debe de considerarse como una opción complementaria adaptada a contextos regionales muy concretos, se debe de implementar cuidadosamente para mitigar sus impactos ambientales y económicos.

El mantenimiento y la modernización de las infraestructuras existentes se convierten en tareas esenciales y prioritarias frente a la construcción de nuevas infraestructuras. De esta manera se busca prolongar la vida útil de las instalaciones, evitando pérdidas de agua y adaptándolas a las tecnologías más eficientes y sostenibles.

La gestión del agua no puede ignorar los aspectos económicos, sociales y ambientales. La tarificación justa y equitativa, que refleje el coste real del agua y promueva el uso eficiente debe de ser un principio fundamental. En este modelo de gestión el acceso al agua asequible para los grupos vulnerables se debe garantizar como un derecho inalienable.

La conciencia y la educación se erigen como pilares de un cambio cultural. Hay que promover la importancia del agua y la necesidad de un uso responsable, incorporando la educación ambiental en los programas escolares y universitarios.

Otro pilar fundamental debe ser la protección de los ecosistemas acuáticos, como ríos, humedales y acuíferos. Para ello hay que implementar medidas para reducir la contaminación del agua y garantizar la calidad de los recursos hídricos, reconociendo su papel fundamental en el ciclo del agua.

En definitiva, la gestión del agua en España exige un enfoque integral que combine la inversión en infraestructuras sostenibles con una gestión eficiente, una gobernanza participativa y la consideración de los aspectos económicos, sociales y ambientales. Solo así se podrá garantizar un futuro hídrico sostenible.

La descoordinación intersectorial agrava los problemas del agua

Además de la fragmentación administrativa, la falta de coordinación entre las diferentes políticas sectoriales representa un obstáculo significativo para lograr los objetivos de la gestión integral del agua en España. 

Esta descoordinación se manifiesta en la desconexión entre las políticas del agua y otras áreas cruciales que tienen el agua como elemento transversal como la agricultura, el turismo, la energía o la planificación territorial.

Como ejemplos de esta descoordinación intersectorial tenemos las políticas agrícolas, en concreto aquellas que promueven el regadío intensivo, incrementando así la demanda hídrica sin considerar la disponibilidad real de los recursos y sin coordinarse con la planificación hidrológica. Otro ejemplo es el desarrollo del sector turístico que evoluciona al margen de las políticas hídricas, con sus picos de consumo en áreas de escasez que agrava el problema del agua en determinadas regiones de España. También tenemos el caso de las políticas energéticas, al impulsar la hidroelectricidad, impactan negativamente en los caudales ecológicos.

Toda esta descoordinación, debida a la falta de una visión holística, genera grandes dificultades a la hora de abordar con éxito una gestión integral de los recursos hídricos. En el actual modelo la gestión del agua se aborda de forma aislada, ignorando las interdependencias con otros sectores y el medio ambiente. De esta manera no se están teniendo en cuenta los impactos acumulativos de las actividades humanas sobre los recursos hídricos.

Esta falta de coordinación dificulta la aplicación de políticas coherentes y efectivas y supone limitaciones en la implementación de una gestión integral y también pueden surgir conflictos entre los usuarios del agua, entorpeciendo la toma de decisiones.

Soluciones para una gestión integrada del agua

Para transitar hacia un cambio de modelo se pueden aplicar una serie de soluciones para conseguir una coordinación intersectorial. Algunas de estas estrategias serían:

  • Constituir plataformas de coordinación intersectorial con el objetivo de establecer espacios de diálogo y colaboración entre administraciones y sectores implicados y fomentar la participación de todos los actores en la toma de decisiones.
  • Integrar las políticas hídricas en la planificación territorial. Para ello se podría incorporar la disponibilidad hídrica como factor clave en el desarrollo urbano y rural y promover modelos de desarrollo que minimicen el impacto hídrico.
  • Un punto clave sería el de armonizar las políticas sectoriales. Se deberá asegurar la coherencia entre políticas agrícolas, turísticas, energéticas y de planificación territorial. Otra buena herramienta sería la de establecer indicadores y metas comunes para la gestión hídrica.
  • Fortalecer la planificación hidrológica. Para ello se deberá garantizar que los planes de cuenca consideren las necesidades de todos los usuarios y los impactos ambientales. Para optimizar la gestión se debería impulsar la digitalización del ciclo del agua.

Por último, y no menos importante, hay que promocionar la cultura del agua a través del desarrollo de campañas de educación y sensibilización sobre el uso responsable del agua para la ciudadanía en general y el fomento de prácticas sostenibles en sectores críticos como la agricultura, el turismo o la industria.

La superación de la descoordinación intersectorial es fundamental para lograr una gestión del agua integral y sostenible en España, asegurando la disponibilidad de este recurso en el futuro.

¿Qué futuro queremos para el agua?

Llegados a este punto nos debemos preguntar: ¿son las infraestructuras hidráulicas la respuesta que durante décadas hemos dado a la gestión del agua la que queremos seguir adoptando en los próximos años?, ¿son suficientes? ¿o estamos construyendo un castillo de arena frente a la creciente ola de la escasez hídrica?

La realidad nos golpea con sequías cada vez más intensas, acuíferos agotados y ecosistemas sedientos, recordándonos que el agua no se conquista solo con cemento, sino con sabiduría y visión de futuro.

Para garantizar la sostenibilidad hídrica en España, es imperativo reconocer que las infraestructuras hidráulicas, aunque esenciales, no son una solución aislada, sino una componente más de un enfoque holístico que integre la gestión eficiente, la coordinación intersectorial y la adaptación a largo plazo a los desafíos del cambio climático, buscando así construir una resiliencia hídrica que permita a nuestras comunidades y ecosistemas afrontar con éxito las fluctuaciones y tensiones que pueden venir en el futuro.

Ahora es el momento de elegir qué futuro queremos para el agua. Aprovechemos el punto de inflexión en el que nos encontramos para transitar a soluciones integrales y sostenibles.

“La curiosidad nos abre las puertas del conocimiento” Tales de Mileto (624 a.C. – 546 a.C.) fue un filósofo, geómetra, matemático y hombre de leyes griego.

 

 

Créditos de la imagen de portada:

1. Foto pozo. Bucket Lowered on Rope into Well. Autor: Omer Faruq Khan de Pexels

2. Foto tractor. Farmer with a Tractor. Pixabay (sin autor)

3. Foto planta tratamiento: Aerial Shot of Sewage Treatment Plant. Autor: Amine KM de Pexels

4. Foto embalse (derecha): Massive Water Flow on a Dam. Autor: Sharath G. de Pexels

5. Foto embalse (izquierda): White Concrete Building Near Body of Water Under Blue Sky. Autor: ismael jim de Pexels

6. Foto vaso de agua. A glass of water is being poured into a cup. Autor: Bogdan Giurca de Pexels

7. Foto cultivos. Lettuce Planted in an Agricultural Field. Autor: Mr. Location Scout de Pexels