Opinión
Marta Santafé
La opinión deMarta Santafé

Consultora especialista en Medio Ambiente, Sector del Agua y Planificación Hidrológica | Hidrogeóloga | Directiva Marco del Agua (DMA) | Gestión de sequías e inundaciones | ODS 6 | Divulgación | LinkedIn Top Voice Sostenibilidad 2022

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Contrato de río: Gobernanza compartida


Los ríos, arterias vitales de nuestro planeta, han sido durante siglos fuente de vida, inspiración y sustento para las comunidades humanas. Sin embargo, la creciente presión sobre estos ecosistemas ha puesto en peligro su salud y equilibrio. Ante este escenario, surge la necesidad de adoptar enfoques innovadores de gestión que promuevan la sostenibilidad y la participación de todos los actores involucrados.

Nuestros ríos son mucho más que simples cursos de agua. Aunque parezca una obviedad muchas veces lo pasamos por alto a la hora de abordar su gestión.

Los ríos son ecosistemas complejos que sustentan la vida de innumerables especies y proporcionan servicios esenciales a las comunidades humanas. Por ello, para protegerlos no son suficientes los instrumentos de gestión tradicionales por lo que es necesario adoptar nuevas soluciones. En la búsqueda de alternativas, los contratos de río se presentan como una opción prometedora, fomentando la colaboración y la participación de todos los actores involucrados.

¿Qué es un contrato de río?

Bajo la denominación de contrato de río se configura una herramienta de gestión y participación que surge en Francia a finales de los años 80, como un medio para restaurar, mejorar o conservar un río a través de una serie de acciones concertadas por todos los usuarios y por las administraciones públicas correspondientes. Ha sido una herramienta que se ha mostrado efectiva en la gestión y mejora de los ríos o cuencas y que ha cobrado relevancia tras la implementación de la Directiva Marco de Agua.

El Contrato de río se basa en un proceso de participación pública amplio, que debe implicar a todos los habitantes de la cuenca y a las entidades públicas vinculadas con la gestión del agua. Como resultado, los interlocutores públicos y privados se comprometen en un proyecto común de gestión de un río (Fuente: FNCA).

¿Cómo funciona un contrato de río?

Imaginemos un río como una gran comunidad donde conviven una gran cantidad de especies y personas que dependen de él. Para que esta comunidad siga siendo próspera y saludable, es necesario que todos los que viven cerca del río trabajen juntos. Y ahí es donde entra en juego el contrato de río, un acuerdo entre los diferentes actores involucrados para “cuidar” de su río.

¿Cómo se crea este contrato?

Lo primero es reunir a todos los "vecinos" del río: agricultores, pescadores, industrias, ayuntamientos, asociaciones ecologistas… ¡Todos los que tienen algo que ver con el río!. Una vez reunidos, se ponen a hablar y a compartir sus preocupaciones y sus ideas sobre cómo mejorar el río. Cada uno aporta su visión y su experiencia.

Después de escuchar a todos, se ponen de acuerdo en unos objetivos comunes. Por ejemplo, quieren que el agua esté más limpia, que haya más vida en el río y que se pueda disfrutar de él de forma segura. Para conseguir esos objetivos, elaboran un plan con acciones concretas: plantar árboles en las orillas para evitar la erosión, limpiar el río de residuos o crear zonas de baño seguras.

Cada "vecino" se compromete a realizar ciertas tareas. Los agricultores pueden acordar utilizar menos pesticidas, las industrias pueden comprometerse a tratar sus aguas residuales antes de verterlas al río y los ayuntamientos pueden financiar proyectos de restauración. Se fijan unos plazos para llevar a cabo cada acción y así poder evaluar los avances. Finalmente, todos los participantes firman el contrato, comprometiéndose a cumplir con lo acordado.

¿Qué hace que este contrato sea especial?

Todos los participantes trabajan hacia un objetivo común: un río sano y sostenible. Además, como lamentablemente sí ocurre con otros planes que gestionan un territorio, el contrato no se queda en buenas intenciones, sino que establece acciones concretas que se pueden llevar a cabo.

Y lo más importante, se establecen plazos y responsables de llevar a cabo cada una de las acciones, cada uno sabe qué tiene que hacer y cuándo, lo que facilita el seguimiento y la evaluación. Y, donde reside la esencia de un contrato de río es que la sociedad civil juega un papel fundamental en todo el proceso, desde la identificación de problemas hasta la implementación de soluciones.

¿Por qué es importante la participación ciudadana?

Porque las personas que viven cerca del río son las que mejor conocen sus problemas y necesidades. ¿Cuántas veces se critica la gestión aludiendo que “no se puede conocer la realidad desde un despacho”, que hay “que pisar el barro” o “bajar a la arena”?. Más veces de las que pensamos hay una clara desconexión entre el gestor y el legislador de la realidad de un problema.

En este caso, al involucrar a la sociedad civil, se consigue que las soluciones sean más efectivas y duraderas. Además, fomenta un mayor sentido de pertenencia y responsabilidad hacia el río.

¿Cuáles son los principales problemas que busca abordar un contrato de río?

Los contratos de río buscan solucionar principalmente los problemas derivados de una gestión fragmentada y a menudo conflictiva de los recursos hídricos. A lo largo de la historia, los ríos han sido utilizados para múltiples fines: abastecimiento de agua potable, riego, generación de energía, transporte, recreación, etc. Esta diversidad de usos, a menudo sin una coordinación adecuada, ha generado una serie de conflictos y problemas ambientales.

Entre los principales problemas que buscan abordar los contratos de río se encuentran:

  • Degradación de la calidad del agua: Contaminación por vertidos industriales, agrícolas y urbanos.
  • Escasez hídrica: Sobreexplotación de acuíferos y disminución de los caudales.
  • Pérdida de biodiversidad: Destrucción de hábitats y alteración de los ecosistemas fluviales.
  • Conflictos entre usuarios del agua: Discrepancias entre diferentes sectores por el acceso y uso del agua.
  • Falta de participación ciudadana: Limitada participación de la sociedad civil en la toma de decisiones sobre la gestión de los ríos.

¿Qué beneficios puede aportar este modelo de gestión de un río?

Los beneficios de un contrato de río son múltiples y van más allá de la simple protección del medio ambiente. Como ya expuse en mi artículo titulado: Un nuevo enfoque para la gestión del agua: la cuenca hidrosocial, es necesario apostar por un cambio de enfoque cuando hablamos de cómo gestionar el agua de un territorio, al igual que la cuenca hidrosocial ofrece una visión más completa y holística de las cuencas hidrográficas, reconociendo la importancia de las interacciones entre los sistemas naturales, sociales, económicos y culturales, la misma filosofía y principios aplican al instrumento del contrato río, en definitiva, se trata de una inversión en el futuro que beneficia a toda la comunidad.

Orígenes y casos de éxito de los contratos de río

El primer contrato de río se estableció en Francia a principios de los años 80. Fue una iniciativa pionera que demostró la eficacia de este enfoque participativo para abordar los problemas de gestión de los ríos. Francia ha sido un país precursor en la implementación de contratos de río debido a diversos factores que contribuyeron a ello entre los que podemos destacar tres:

  • Conciencia ambiental: Una creciente preocupación por el estado de los ríos y la necesidad de protegerlos.
  • Diversidad de usos del agua: La coexistencia de múltiples usos del agua (agricultura, industria, consumo doméstico) generaba conflictos y la necesidad de una gestión coordinada.
  • Marco legal favorable: La legislación francesa proporcionó un marco adecuado para la implementación de estos acuerdos.

Aunque no podemos señalar un río específico como el primero en Francia en tener un contrato de río, sí podemos afirmar que este país ha sido pionero en la implementación de esta herramienta y que numerosos ríos franceses (podemos citar el río Loire, el Rhône y diferentes ríos de la Región de Aquitania) se han beneficiado de esta experiencia.

Desde aquellos primeros contratos de río en Francia, esta herramienta, poco conocida, se ha extendido a otros países europeos y a otras regiones del mundo. Hoy en día, existen numerosos ejemplos de contratos de río que demuestran su eficacia para mejorar la calidad del agua, restaurar ecosistemas y fomentar la participación ciudadana.

Casos de éxito en España

En España, aunque la implementación de los contratos de río ha sido más reciente que en Francia, y también poco conocida, ya contamos con algunos ejemplos destacados que demuestran el interés y el compromiso por una gestión más sostenible de nuestros ríos.

El caso más conocido es el del río Matarraña. Este contrato de río, que abarca tres comunidades autónomas (Aragón, Cataluña y Comunidad Valenciana), es pionero en nuestro país y ha servido como modelo para otros proyectos similares. El contrato del Matarraña se ha centrado en mejorar la calidad del agua, restaurar los ecosistemas fluviales y fomentar la participación ciudadana.

Desde la Fundación Nueva Cultura del Agua (FNCA) se promovió el contrato de río para el río Guadalete.

Otro caso interesante actualmente en marcha es el del Altiplano de Granada, en el que, en la época de confinamiento durante la pasada pandemia, se celebraron diversos eventos y sesiones online a las que tuve la suerte de asistir y poder conocer de primera mano el proceso participativo que acompaña a un contrato de río.

El Altiplano de Granada es una región con una rica diversidad natural y cultural, pero también con una serie de desafíos relacionados con la gestión del agua, como la escasez hídrica y la degradación de los ecosistemas fluviales. Ante esta situación, se decidió impulsar un proceso participativo para encontrar soluciones sostenibles y mejorar la gestión del agua en la zona.

El Contrato de Río del Alto Guadiana Menor es el resultado de este proceso. Se trata de un acuerdo de colaboración entre diferentes actores locales (administraciones públicas, organizaciones no gubernamentales, agricultores, etc.) con el objetivo de gestionar de manera sostenible el río Guadiana Menor y su cuenca.

La elaboración del contrato fue un proceso muy participativo, en el que se contó con la opinión de todos los actores involucrados. Además, se diseñó teniendo en cuenta las características específicas del Altiplano de Granada, como su clima seco y su dependencia de los recursos hídricos y, como dato interesante, el contrato abarca desde la escala local hasta la cuenca hidrográfica, lo que permite abordar los problemas de manera integral.

Desafíos y retos

A pesar de los avances logrados, la implementación de contratos de río en España aún enfrenta algunos desafíos, como:

  • Falta de financiación: La obtención de recursos económicos suficientes para llevar a cabo las acciones previstas en los contratos de río puede ser un obstáculo.
  • Complejidad de los procesos participativos: La participación de múltiples actores puede dificultar la toma de decisiones y la coordinación de acciones.
  • Marco legal: La legislación española aún no cuenta con un marco específico para los contratos de río, lo que puede generar cierta incertidumbre jurídica.

Respecto al último punto, en general, los contratos de río no son instrumentos jurídicos con fuerza de ley en sí mismos y ahí está su mayor debilidad. Es decir, no sustituyen a las leyes y normas existentes en materia de aguas. Sin embargo, cumplen un papel fundamental como instrumentos de gestión y coordinación entre los diferentes actores involucrados en la gestión de un río.

Los contratos de río suelen basarse en un marco legal existente, como las leyes de aguas o las directivas europeas sobre el agua. Estos contratos se enmarcan en los planes de gestión de las cuencas hidrográficas y complementan las herramientas de planificación existentes.

No obstante, hay aspectos positivos desde el punto de vista legal:

  • Mayor legitimidad: Al involucrar a todos los actores relevantes en la toma de decisiones, los contratos de río gozan de mayor legitimidad social y política.
  • Mayor eficacia: La participación de todos los actores facilita la implementación de las medidas acordadas y aumenta la eficacia de la gestión del río.
  • Mayor flexibilidad: Los contratos de río permiten adaptar las medidas de gestión a las necesidades y las condiciones cambiantes de la cuenca.

Sin embargo, este instrumento presenta varios desafíos desde el punto de vista legal:

  • Falta de un marco legal específico: En muchos países, no existe una legislación específica que regule los contratos de río, lo que puede generar cierta incertidumbre jurídica.
  • Articulación con otras normas: Es necesario garantizar que los contratos de río se articulen de manera coherente con el resto de la normativa aplicable en materia de aguas.
  • Cumplimiento de los acuerdos: Asegurar que todas las partes cumplan con los compromisos adquiridos en el contrato puede ser un desafío.

En España, la Ley de Aguas establece un marco general para la gestión de los recursos hídricos, pero no contempla específicamente los contratos de río. Sin embargo, estos contratos se enmarcan en los planes de gestión de las cuencas hidrográficas y pueden ser considerados como instrumentos de planificación y coordinación.

Los contratos de río no tienen la misma fuerza legal que una ley, pero son herramientas muy valiosas para mejorar la gestión de los ríos y fomentar la participación ciudadana. Su éxito depende de un marco legal adecuado, de la voluntad política y de la colaboración de todos los actores involucrados. Pese a todas las dificultades son una herramienta prometedora para mejorar la gestión de nuestros ríos. Sin embargo, es necesario superar algunos desafíos y continuar trabajando para consolidar esta herramienta y garantizar su sostenibilidad a largo plazo.

Los contratos de río son mucho más que simples acuerdos legales; son un reflejo de nuestra capacidad para trabajar juntos por un objetivo común. Al adoptar una visión holística y reconocer la interconexión entre el ser humano y la naturaleza, podemos transformar nuestros ríos en ecosistemas prósperos y resilientes.

Como decía el filósofo griego Heráclito, "Todo fluye y nada permanece". Los contratos de río nos permiten canalizar este flujo de manera sostenible, garantizando un futuro próspero para todos.