Durante estos últimos meses se ha generado un gran debate sobre el Trasvase Tajo-Segura, los medios de comunicación han denominado esta disputa como la guerra del agua. Pero esta controversia no es nueva, desde siempre este trasvase ha generado una gran polémica entre sus partidarios y detractores, principalmente por motivos territoriales y medioambientales. Pero esta fuerte polémica no se produce en otros trasvases existentes en nuestro país, como por ejemplo los ocho trasvases del Ebro, o los de nueva ejecución como el Trasvase del Condado.
El Trasvase Tajo-Segura fue gestado en la Segunda República, ejecutado durante la dictadura, y su puesta en funcionamiento comenzó en 1979, durante la transición democrática. La llegadas de las aguas del Tajo a la Cuenca del Segura posibilitó la expansión de la actual agricultura intensiva del Sudeste, que la sitúa entre una de las mayores zonas de producción hortofrutícola de Europa. De acuerdo con el informe de PriceWaterhouseCoopers sobre el impacto económico del Trasvase Tajo-Segura: la industria agroalimentaria vinculada al Trasvase Tajo-Segura aporta en su conjunto 2.364 millones de euros de PIB y más de 100.000 empleos.
Debido a esta escasez de recursos, desde finales de los ochenta del siglo pasado, se está haciendo un gran esfuerzo en alcanzar una gestión sostenible y eficiente del regadío, tomando medidas como:
- La modernización de los regadíos, incluido el telecontrol con la incorporación de las tecnologías de la información y la comunicación (TICs)
- Potenciar la reutilización.
- La obtención de nuevos recursos como la desalinización.
- La innovación y desarrollo a través de los centros de investigación y universidades.
- Reducción del consumo energético.
- La formación y asesoramiento al agricultor.
Todas estas medidas han convertido a la Cuenca del Segura en referente internacional en la gestión de recursos hídricos, donde se encuentran involucrados la Administración del Estado, la Administración Regional, los centros de investigación, las universidades, las comunidades de regantes y los regantes. Además, hay que significar que en la Cuenca del Segura se está haciendo un gran esfuerzo en conseguir los objetivos medioambientaleas de la Directiva Marco del Agua (Directiva 2000/60/CE). Pero para alcanzarlos va a necesitar el Plan Hidrológico Nacional (PHN), que debe propiciar las medidas necesarias para disponer de nuevos recursos. Caso que no se tomen las decisiones adecuadas a tiempo, la situación puede llegar a ser insostenible.
Por último indicar que conseguir una agricultura de regadío sostenible en la Cuenca del Segura es totalmente factible, de acuerdo con el Profesor Llamas: “En España no hay problema de escasez física de agua: el problema es de gobernanza”.
Publicado en el Blog "El Regadío"
