Desde hace mucho tiempo diversos sectores, expertos y personalidades ligadas al agua, proponían la necesidad de que la Autoridad Nacional del Agua (ANA) debía ser reformada o reorganizada. Y así ha sucedido hace unas semanas. El gobierno decretó su reorganización, proceso que debe concluir posiblemente antes de fin de año.
Lo cierto es que la crisis en el sector agua en Perú data de hace muchas décadas, mucho antes de la creación de la ANA en el 2008, que nació dentro del seno del Ministerio de Agricultura (supuestamente porque los mayores usuarios son agrarios). Craso error. Hoy la reorganización está en sus manos y también el futuro del agua.
El problema se ha generado porque nunca hubo gestión inteligente, que considere cinco puntos importantes:
- Eficacia, eficiencia y mejora constante de la gestión con tecnología, innovación, transparencia, participación multisectorial y vocación de servicio.
- Protección, conservación, y recuperación del sistema acuático y sus servicios ecosistémicos.
- Combate a la pobreza con derechos humanos y justicia social.
- Resiliencia y adaptación ante la variabilidad climática y el calentamiento global.
- Desarrollo sostenible en todo el territorio nacional.
Todo esto, en el marco de una economía verde, considerando el recurso hídrico como una industria (como bien lo ha asumido China: industria que genera nuevas industrias) para la generación de empleo y reducción de las brechas sociales, acumulación de riqueza y bienestar general. E allí, su carácter holístico y transversal que requiere adscribir a la ANA a la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM), donde está la Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (SUNASS), institución complementaria de la gestión del agua.
Los recursos hídricos son un elemento natural estratégico vital para el funcionamiento y supervivencia de la sociedad, más aún si contamos con grandes reservas de agua dulce. Su gestión (ciclo natural y social) debe permitir agua, alimentos y salud suficiente y sostenida para la población presente y futura, generar energía limpia, e impulsar las actividades comerciales, económicas e industriales con visión de país, amigable a la naturaleza. Por eso, es integral, inter e intrasectorial y multidisciplinario, enfrentando nuevos retos y desafíos, incertidumbre, competitividad, complejidad y globalización. No es solo cuestión de agricultura. Es mucho más.
Los incas administraron sus recursos hídricos con sabiduría y creatividad, con alta tecnología hidráulica, asumiendo conocimiento ancestral (China, por ej. rescata la sabiduría del Tao), se adaptaron inteligentemente a una geografía agreste y diversa que no varía, mitigaron los desastres naturales, fundaron ciudades protegidas y resilientes, educaron y concienciaron a niños y adultos sobre la importancia del agua y su respeto al medio ambiente, castigaban a quien no lo hacía, todo con un simple código moral: Ama Sua (no seas ladrón), Ama Llulla (no seas mentiroso) y Ama Quella (no seas flojo).
