50 años después de surgir el movimiento ecologista en Europa, producto de innumerables marchas pacifistas y en salvaguarda del medio ambiente, en Perú se crea un partido político verde, lo que indudablemente es una muestra de madurez política y ambientalista en un pequeño sector de la sociedad, que desea cambios sustanciales en la gobernanza, ante problemas globales y locales urgentes como la variabilidad climática, el aumento de la temperatura, la contaminación, la depredación de los recursos naturales, la contaminación del agua y la explotación y afectación indiscriminada y criminal de los bosques amazónicos, entre otros graves problemas que ponen en jaque el desarrollo y futuro de nuestra sociedad, que involuciona desde su independencia hace 203 años.
Meses antes de las elecciones generales del 2021, en Perú, escribí en IAgua de España, el artículo titulado ‘El agua no interesa a los partidos políticos’, luego de revisar los Planes de Gobierno de los partidos políticos que se disputarían la presidencia de la República y las 120 curules del Congreso de la República. Ninguno consideraba importante la gobernanza del medioambiente, mucho menos dl tema del agua, pese a la crisis existente. En el 2016 también hice esa observación.
Todos ignoraban o se hacían de la vista gorda ante la trascendencia de nuestro entorno ambiental vinculado estrechamente con la pobreza y la seguridad socioeconómica nacional, además poco o nada importaba el desarrollo nacional sostenible y el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), entre otros compromisos internacionales, acordados por las Naciones Unidas.
Ahora, a dos años de una nueva elección presidencial y parlamentaria, se han inscrito más de 60 agrupaciones políticas, que divagan en su mayoría por elegir una ideología (?) y un Programa y Plan de Gobierno, solo para cumplir en el papel requisitos exigidos por una ley contemplativa y condescendiente, cuando lo subliminal y subrepticio es hacerse de un poder para oscuros y no claros intereses de grupo, muy alejados del interés nacional, o yo diría totalmente contrapuestos, cuya respuesta desde hace mucho tiempo es que más del 60% de la población no cree en la democracia y más del 85% cuestiona las instituciones del Estado.
Pero veamos un poco de historia: los partidos ecologistas, o llamados verdes, surgen en los 70 a raíz de movimientos pacifistas, de defensa de los derechos humanos y del medioambiente, cuestionando seriamente el sistema y la cultura imperante en Europa. En 1979, en Alemania, aparece en escena el Partido Verde (Die Grünen) alemán, con la politóloga Petra Kelly como principal líder, quien promueve e influencia sobremanera sus ideas ecologistas en el mundo.

En 1984 Kelly participa en España en la creación del primer partido verde, movimiento que se expande rápidamente y que derivaría en una Federación de numerosos partidos ambientalistas, generalmente de orientación izquierdista. En 1986, en México se funda el Partido Verde Ecologista, bajo una ideología de centroderecha; y, en 1990, surge en Nueva Zelanda el Partido Green Party of Aotearoa (Partido Verde de Aotearoa), de tendencia izquierdista, cuyas principales propuestas giran en torno al agua, los bosques y el transporte limpio.
En los 90 la ola verde se extiende en el planeta y se fundan Federaciones de Partidos Verdes en Europa, América, África, Asia y Oceanía, que conforman la Global Greens (Verdes Globales), organización, que agrupa a aquellos partidos que suscribieron los principios de la Carta de los Verdes Mundiales, en abril de 2001, en Canberra (Australia).
En el caso de la Federación de Partidos Verdes de América, esta es de orientación centroizquierda, con 17 agrupaciones políticas. Perú está representado por el Partido Demócrata Verde (PDV), fundado en el 2021 y el mismo que está inscrito y apto para participar por primera vez en las próximas. Una nueva, importante y necesaria iniciativa política en el panorama político y electoral nacional, con una gran responsabilidad en sus hombros, que esperamos marque el camino hacia una gobernanza inteligente, sostenida y con justicia ambiental y social.
