Se está gestando un movimiento mundial que exige a las organizaciones del más alto nivel adoptar un Objetivo Global para la Naturaleza, ante el progresivo deterioro de la naturaleza debido a la irracional acción humana, en una sociedad que sucumbe ante el consumismo y la alta acumulación de capital por unos pocos y la pobreza de muchos.
La ONG Naturaleza Positiva sostiene en su página web[1] que “La pérdida continua de la naturaleza amenaza no solo a más de la mitad del PIB mundial, sino, lo que es más importante, a la vida y el bienestar de las personas, y los más pobres y vulnerables son los primeros y los más afectados”.
El afamado profesor Johan Rockstrom ―en la misma página de internet― complementa afirmando que “Los ecosistemas naturales clave se encaminan hacia puntos de inflexión irreversibles con peligrosas consecuencias para la estabilidad de nuestro planeta. Es por eso que debemos configurar nuestra brújula global para detener y revertir la pérdida de la naturaleza para salvaguardar la salud humana y planetaria”.
El profesor de Ciencias Medioambientales de la Universidad de Estocolmo, en Suecia, y director del Stockholm Resilience Centre, agrega que “Un objetivo global para la naturaleza con el propósito de lograr un resultado neto positivo para 2030 es crucial para asegurar un futuro positivo para la naturaleza y para la humanidad dentro de nuestros límites planetarios".
No hace mucho, Rockstrom publicó en la revista Science[2] los resultados de una interesante investigación―y no por ello alarmante― que vamos en camino hacia la desaparición de la vida planetaria, al sobrepasar la humanidad cuatro límites mundiales, de nueve: el cambio climático, la drástica reducción de la biodiversidad, la explotación perniciosa de la tierra, y los altos niveles de nitrógeno y oxígeno en el ambiente. Mientras que no deberían sobrepasarse los otros cinco: la acidificación de los océanos, el consumo de agua dulce disponible, la emisión de gases tóxicos, y el agotamiento del ozono estratosférico. Nada más cierto y científico.
Mi posición ante esta propuesta de un Objetivo Global para la Naturaleza ―valiosa, necesaria e imprescindible― va más allá. Humildemente y como sociólogo, creo que los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y 169 objetivos asociados, planteado por las Naciones Unidas y aceptadas por los gobiernos a cumplir en el 2030, deben ser replanteados dado que desde el 2020 vivimos una nueva realidad planetaria, debido a la pandemia del Covid – 19.
La mayoría de países desarrollados ―excepto EE.UU., China, entre otros― y las naciones en vía de desarrollo y pobres, han sido severamente afectados especialmente en lo económico[3], reorientando sus políticas, presupuestos y programas sociales para una gobernanza post-Covid con alta resiliencia gubernamental y social (la pobreza ha aumentado incluso a niveles de hace diez o hasta veinte años). Hemos sido golpeados mucho más de lo que sucedió después de la Segunda Guerra Mundial.
Esta nueva circunstancia mundial amerita un replanteo de los ODS, porque no lo vamos a cumplir al 2030. Quizás al 2050, pero bajo un nuevo acuerdo en Naciones Unidas y el firme compromiso de los países ricos en valorar la naturaleza y una vida digna para los que menos tienen.
[1] Ver: Naturepositive.org
[3] Se estima que la economía global se va a contraer en el presente año un 5% y la pobreza se incrementará más del 10 o 20%.
