La gestión del agua en el Perú es un tema harto complejo y un gran reto y desafío debido a: una particular ubicación geopolítica, incomprendida y desaprovechada; variada hidrología, climatología y morfología; un Estado débil alejado del interés nacional; multiculturalidad y etnias varias; clases y estamentos sociales muy diferenciados; una demografía y migración con mucha movilidad hacia las ciudades costeras; reparto de la riqueza nacional sin justicia social, mucha pobreza y corrupción y poco respeto a los derechos humanos y el medioambiente, aunque los políticos digan lo contrario.
Precisamente, esta singular característica del sistema socioecológico peruano sumada a la escaza investigación científica hídrica, constituyen una barrera mayúscula para construir gobernanza y lograr la tan ansiada seguridad hídrica, además de dificultar la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible al 2030, acordado por las Naciones Unidas.
Se necesita una visión, acción y prospectiva multidiversa y nacionalista, asumiendo el gran conocimiento ancestral, especialmente andino, que bien puede complementarse con la infraestructura natural y la economía verde, para una exitosa gestión científica, integrada, sostenida y humana de los recursos hídricos en amistad con la naturaleza.
Quizás por esta complejidad y preocupación nacional, la Autoridad Nacional del Agua ―que celebra este mes 14 años de creación―, solicitó a las Naciones Unidas, en el 2016, que considerara a nuestro país en el piloto denominado Proyecto Seguimiento Integrado de las Metas de los ODS relacionadas con Agua y Saneamiento (GEMI)[1], compartiendo con Uganda, Senegal, Bangladesh, Jordania, Fiji y Países Bajos, únicos seleccionados en el planeta. Se quería saber cuánto se había avanzado en la gestión del agua desde su creación en el 2008.
El sustento para su admisión fue el de contar con “instrumentos de gestión como la Política Nacional del Ambiente; la Política y Estrategia Nacional de Recursos Hídricos; el Plan Nacional de Recursos Hídricos y los Planes de Gestión de Recursos Hídricos en las Cuencas, que son los lineamientos para la planeación del desarrollo nacional, regional y local. Este marco se complementa con la organización y presencia a nivel regional y local de la ANA que cuenta con equipos técnicos, así como su progresiva consolidación en la coordinación con otras instituciones del Estado vinculadas al recurso agua”, según señala el informe GEMI.
Este documento indica que el piloto cuenta con el apoyo de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE) y el Gobierno de Alemania (BMZ) y comprende cuatro fases:
- Fase 1. Línea de base global (2015-2018) respecto al avance en la gestión integrada de los recursos hídricos y para el seguimiento de las metas de los ODS 6.3- 6.6.
- Fase 2. Fomentar la responsabilidad nacional (2018-2021).
- Fase 3. Integrar e incorporar (2021-2025).
- Fase 4. Consolidar y sostener (2025-2030).
Según la Síntesis del informe final del Proyecto Monitoreo Integrado de las metas del ODS 6 relacionadas con agua y saneamiento (“Garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos”) y cuya meta a cumplir es el 2030, participaron los organismos directamente relacionados con la gestión integrada de los recursos hídricos: ANA, que lidera el proyecto, los Ministerios de Agricultura y Riego, de Vivienda Construcción y Saneamiento, del Ambiente, de la Producción, de Energía y Minas, la Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento, la Dirección General de Salud Ambiental y el Instituto Nacional de Estadística e Informática – INEI, entre otros.
Tras varias reuniones técnicas con representantes de otras instituciones regionales y locales, el Proyecto GEMI llegó a la siguiente conclusión: “La guía metodológica es consistente y útil para ordenar el proceso del cálculo del indicador GIRH. • El valor del indicador 6.5.1, sobre el grado de implementación de la gestión integrada de los recursos hídricos – GIRH en el país, es 29 puntos de 100, que se interpreta como de ‘baja implementación’ y que es coherente con el proceso y ordenamiento de las políticas a cargo de la ANA desde hace siete años”.
Agrega el Informe que “El gran desafío es consolidar la implementación a nivel nacional”, dado que el desarrollo y progreso de la gestión del agua “en el Perú no es uniforme por regiones (costa, sierra, selva, norte, centro, sur); por ello, para que el valor país sea más representativo, se requiere cubrir mayor cantidad de zonas”.
Podemos interpretar, en palabras sencillas, que la gestión del agua en el Perú, sólo se ha hecho realidad en una tercera parte del país, fundamentalmente en los departamentos que cuentan con la información, infraestructura y estudios debidos, y que generalmente son los que están ubicados en la costa del Pacífico, producto del centralismo y desarrollo desigual a consecuencia de un Estado sin proyecto país acode a la realidad nacional.
(Continuará)
[1] Ver: Repositorio ANA Perú.
