Opinión
Luis Luján Cárdenas
La opinión deLuis Luján CárdenasSociólogo y Periodista, Magíster en Administración, especialista en Comunicación para el Ecodesarrollo, articulista en diversos medios escritos de Perú.
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Los baños del Inca en Cajamarca


La arquitectura hidráulica de los incas, en Perú, es verdaderamente sorprendente. Estoy leyendo la investigación del arquitecto peruano Carlos E. Campos Napán, titulada ‘Conociendo la arquitectura hidráulica en Aypate: los baños del Inca, recintos de poder y ritualidad durante el Tawantinsuyu’, publicado en Cuadernos del Qhapaq Ñan (Ministerio de Cultura, 2022).

Allí, en el escrito ‘Los baños y fuentes según las crónicas de los siglos XVI y XVII’, con gran maestría y acuicidad, el investigador relata una serie de primeras impresiones y asombro de los cronistas españoles, cuando arribaron poco después de la invasión a Perú, en el año 1532.

“Francisco de Xerez, testigo directo del encuentro que en noviembre de 1532 tuvieron las huestes de Pizarro con Atahualpa en Cajamarca, describe con gran admiración los baños incaicos de esta localidad: La casa de aposento de Atabalipa […] es la mejor que entre los indios se ha visto, aunque pequeña. [Está] hecha de cuatro cuartos y en medio un patio, y en él un estanque, al cual viene agua por un caño tan caliente, que no se puede sufrir la mano en ella. Esta agua nace hirviendo en una sierra que está cerca de allí. Otra tanta agua fría viene por otro caño, y en el camino se juntan y vienen mezcladas por un solo caño al estanque; y cuando quieren que venga la una sola, tienen el caño de la otra.

El estanque es grande, hecho de piedra. Fuera de la casa, a una parte del corral, está otro estanque, no tan bien hecho como éste” (Xerez 1968 [1534]: 223; resaltado nuestro). Esta cita de Xerez revela que el término empleado por algunos españoles para referirse a los baños del Inca fue el de “estanques”. Pedro Sancho de la Hoz, otro cronista testigo de los acontecimientos de Cajamarca que meses más tarde se desempeñaría como escribano de Francisco Pizarro, al describir una fuente de oro que como parte del botín ofrecido por el Inca llegó a Cajamarca desde el Cusco, señala: […] trajeron asimismo una fuente toda de oro, muy sutilmente labrada que era muy de ver, así por el artificio de su trabajo como por la figura con que era hecha y la de muchas otras piezas de vasos, ollas y platos que asimismo trajeron (Sancho 1968 [1534]: 310; resaltado nuestro).

Al describir los palacios reales de los gobernantes cusqueños, el Inca Garcilaso de la Vega refiere que El servicio y ornamenta de las casas reales de los Incas reyes que fueron del Perú no era de menos grandeza, riqueza y majestad que todas las demás cosas magníficas que para su servicio tenían. Antes parece que, en algunas de ellas, como se podrán notar, excedieron a todas las cosas de los reyes y emperadores que hasta hoy se sabe que hayan sido en el mundo.

Cuanto a lo primero, los edificios de sus casas, templos, jardines y baños fueron en extremo pulidos, de cantería maravillosamente labrada, tan ajustadas las piedras unas con otras que no admitían mezcla (Garcilaso 2005 [1609], I: 327; resaltado nuestro). Además, añade que En muchas casas -o en todas- tenían baños con grandes tinajones de oro y plata en que se lavaban y caños de plata y oro por los cuales venía el agua a los tinajones. Y donde había fuentes de agua caliente natural, también tenían baños hechos de gran majestad y riqueza (Garcilaso 2005 [1609], I: 329; resaltado nuestro).

Por su parte, el cronista soldado Pedro Cieza de León nos indica que: “En los palacios de los Ingas había muchas cosas que ver, especialmente unos baños muy buenos, adonde los señores y principales se bañaban estando aquí aposentados […]” (Cieza de León 2005 [1553]: 208-209; resaltado nuestro). Y añade: “Hay asimismo en muchas partes grandes baños, y muchas fuentes de agua caliente, donde los naturales se bañaban y bañan. Muchas de ellas he visto por las partes que anduve de él” (Cieza de León 2005 [1553]: 278; resaltado nuestro)

Lo anotado por Cieza de León permite esclarecer que, por un lado, existían baños para la élite en los palacios incas, y por otro, que había una gran distribución de estos recintos a lo largo del Tawantinsuyu, siendo muy importantes los centros de culto donde existían baños para abluciones rituales, como el Qoricancha y Raqchi, por citar dos ejemplos relevantes”.