La gestión del agua en el Perú está pasando por su peor momento, está en crisis. La dinámica política cambiante y los intereses de los grupos de poder han generado inestabilidad e incertidumbre en la Autoridad Nacional del Agua, a tal punto que está en proceso de reorganización. Pero siempre hay una luz al final del túnel
Veamos el entorno: Lima fue sede del APEC 2024, y recibió la visita del presidente de los EE. UU., Joe Biden y del líder de la República Popular China, Xi Jinpin, entre otros importantes dignatarios y representantes de 21 economías de la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), foro que desde 1989 promueve el crecimiento económico, la cooperación técnica, el libre comercio e inversiones en la región Asia-Pacífico. En ese marco se inauguró el megapuerto de Chancay, ubicado a 80 kilómetros de Lima, que muchos consideran será el Shanghai en Sudamérica.
China está financiando este megapuerto, hay un interés geopolítico detrás de ello y, además, es el principal socio de Perú, que deberá ponerse a la altura de las circunstancias de la globalización, convirtiéndose en un vagón del supertren chino. Esto indudablemente lo convertirá en un país emergente que deberá integrar los BRICs, tarde o temprano.
El gobierno peruano, en este torrente internacional, deberá implementar políticas que impulsen sí o sí todos sus segmentos productivos e industriales, mayor inversión pública y privada y más infraestructura, lo que generará mayor empleo en diversos rubros y reducción de las brechas sociales. Y aquí, deberá cambiar su chip respecto al agua, porque no hay reactivación económica ni desarrollo sostenido sin una gestión inteligente, transparente y eficiente de los recursos hídricos.
China creó el Ministerio de Recursos Hídricos, con el concepto de que el agua es una industria que genera industria. Perú debe hacer lo propio: crear su Ministerio del Agua, dada su inmensa cantidad de agua dulce (8vo. en el mundo), recurso que ya se está cotizando en Wall Street, debido a la sequía en California, EE. UU., como si fuera un metal precioso, como el oro o la plata.
La reorganización de la ANA, luego de 16 años de creación, tiene muchos detractores y poca confianza. El problema es que la gestión del agua está fracturada desde un inicio: no puede seguir separada la administración, por una parte, de las fuentes naturales (ríos, lagos, lagunas, puquiales, nevados, etc.) y, por otra, del sector agua para el consumo humano y las actividades socioeconómicas. Y, no debe limitarse principalmente al sector agrario, el futuro está también en la manufactura, la industria, el turismo y la tecnología.
Debe existir una gestión integrada, holística y multidimensional, que ponga fin a viejos paradigmas y al actuar de más de 50 instituciones que caóticamente hacen lo que pueden en el sector agua. El futuro es el agua y debemos tomar conciencia de ello, desde las esferas políticas hasta el último poblador de los Andes y la Amazonía.
