El sector del agua urbana en España se encuentra en un punto de inflexión. Parece que su mayor éxito es, de forma paradójica, su mayor hándicap. Hemos logrado construir un sistema tan fiable y eficiente, con una continuidad de servicio tan robusta, que el ciudadano da por hecho que nunca va a fallar. Sin embargo, tras la comodidad de abrir el grifo y recibir un agua segura y de calidad a cualquier hora del día, hay una realidad que no podemos seguir ignorando: nuestras infraestructuras hidráulicas llevan años envejeciendo.
Por otro lado, el cambio climático ya no es un debate teórico, sino una evidencia que impacta directamente en el ciclo integral del agua a través de sequías persistentes y fenómenos extremos. Ante este escenario, la gestión del agua debe ser considerada una actuación crítica y un activo estratégico nacional, al mismo nivel (o superior) que la energía o las telecomunicaciones. No hay desarrollo económico, industrial ni social posible, no hay futuro, sin una gestión eficiente del agua.
El principal reto al que nos enfrentamos es el déficit estructural de inversión. Y no es un reclamo sin justificación. España es el país europeo que menos invierte en su red de agua, según SEOPAN. Actualmente, el 30% de nuestras redes de abastecimiento y alcantarillado supera los 40 años de antigüedad. Mientras que lo normal sería renovar el 2% de la red anualmente para garantizar la sostenibilidad, la tasa de reposición real apenas alcanza el 0,2%. Según datos de DAQUAS, harían falta unos 5.700 millones de euros anuales para garantizar la sostenibilidad del ciclo urbano, pero hoy apenas invertimos la mitad.
"Entendemos que cada territorio tiene sus particularidades y nuestra labor es adaptarnos a cada municipio con soluciones a medida que aporten valor"
Todo esto se traduce en ineficiencias graves, como el Agua No Registrada (ANR), que en España representa el 23,5% del volumen total suministrado. No podemos permitirnos perder más de 1.100 hectómetros cúbicos al año por fugas o fraudes en un contexto de escasez. Aquí es donde la digitalización actúa como una palanca de eficiencia. En Aqualia, hemos invertido muchos millones de euros en herramientas como Aqualia Live, que integra inteligencia artificial y machine learning para predecir averías y optimizar el servicio. Además, el PERTE de digitalización del agua está siendo un gran acelerador en territorios como el Campo de Gibraltar (Cádiz), Canarias, Cantabria, Ciudad Real, Vigo o Asturias.
Sin embargo, la tecnología necesita soporte financiero. En España, el agua cuesta de media menos de un euro al día por hogar, una de las tarifas más bajas de Europa al ciclo integral urbano, situándose en unos 2,10 €/m³, frente a la media europea que supera los 3 €/m³. A priori, un agua barata parece una ventaja para los ciudadanos, pero mantener precios artificialmente bajos, subvencionados, puede hipotecar el futuro del servicio. Necesitamos un modelo tarifario transparente y justo que cubra no solo la operación, sino también la renovación de activos y los costes ambientales, tal como exige la Directiva Marco del Agua europea (DMA).
Tampoco podemos olvidar que otra de las claves para asegurar un buen futuro es darle un mayor peso a la economía circular. Transformar nuestras depuradoras en biofactorías, centros capaces de generar energía, valorizar residuos y producir agua regenerada de alta calidad. Ejemplos como la EDAR de Lleida, la primera en España certificada por AENOR con huella de carbono cero, marcan el camino a seguir. Además, es necesario potenciar las fuentes alternativas, como la reutilización y la desalación, que son soluciones complementarias esenciales en toda España, pero con especial énfasis en zonas costeras con estrés hídrico.
Finalmente, para que todo esto sea posible, la colaboración público-privada continúa siendo un motor indispensable. Nuestro modelo de gestión parte de una visión “glocal”: una sólida capacidad global aplicada con un enfoque totalmente local. Entendemos que cada territorio tiene sus particularidades y nuestra labor es adaptarnos a cada municipio con soluciones a medida que aporten valor. Trabajamos para que los ciudadanos nos perciban como su compañía del agua; una empresa volcada en elevar su calidad de vida y aumentar el bienestar en cada rincón donde operamos.
Queremos que el agua deje de ser invisible y que seamos conscientes de que invertir hoy no significa un gasto, sino que es la única forma de asegurar que al abrir el grifo continúe saliendo agua en cantidad y de calidad. Que ese gesto cotidiano, que damos por sentado y que nos proporciona tanto bienestar, siga siendo una realidad en el futuro.
