La crisis del clima es un proceso ambiental que, lamentablemente, podemos considerarlo como una alteración de las condiciones climáticas a las que la vida en nuestro planeta se adaptó, desde que, en los siglos XVII y XVIII, la Pequeña Edad del Hielo asoló Europa debido al llamado mínimo de Maunder.

A finales del siglo XVI, el clima había enloquecido. El frío, las inundaciones, las malas cosechas y la guerra asolaban lo que hoy es Holanda. El mundo se encontraba en la Pequeña Edad del Hielo, que había empezado 200 años antes y que viviría su momento más intenso entre finales del siglo XVII y principios del siguiente. Aquella crisis climática, causada por una drástica reducción de las manchas solares, provocó una transformación social, económica, política y cultural tan profunda que sus consecuencias han llegado hasta la actualidad.
Nuestros predecesores, no podían imaginar lo que se les venía encima. Tal vez unos pocos astrónomos. Ahora sí, podemos “predecir” el futuro. Disponemos información suficiente y los medios técnicos y científicos suficientes para elaborar un vaticinio de lo que ocurrirá en los próximos 50 años. Podemos visualizarlo con la misma nitidez, con la que podemos contemplar un holograma de la malograda cantante Whitney Houston, en concierto. Pero no será un espectáculo musical lo que podremos ver, oír y soportar. La diferencia con el símil, es que no podremos apretar un botón y detener la imagen y el sonido.
Aunque podremos predecir los efectos, no conseguiremos eliminar el proceso, ni los factores que lo han hecho posible. Es una locomotora que salió de la estación y sólo es cuestión de tiempo que, con toda su magnificencia, aparezca por el horizonte. Algo similar a cuando jugando a fútbol, en las proximidades de una residencia, damos una patada a un balón y vemos que su trayectoria va a golpear una ventana y no podemos impedir que el balón haga añicos los cristales. Una situación como ésta nos propone dos opciones: salir corriendo y olvidarnos del "balón" o pedir disculpas a las personas que moran la casa y pagar los vidrios rotos.

En esta nueva crisis climática, se incorpora una circunstancia ajena a las anteriores: el factor humano. Sin lugar a dudas, uno de los contribuyentes decisivos en la alteración acelerada de las condiciones climáticas. Somos los que hemos dado la patada al balón.
El factor humano. Algunas referencias
Ni en sus más remotos pensamientos, James Watt, pudo imaginar que cuando en el año 1772 construyo su primera máquina a vapor y cuya primera función fue desagotar minas inundadas consiguiendo con ello aumentar y abaratar la producción de carbón, contribuiría sin saberlo, junto con la deforestación, la quema de gasolina, petróleo y carbón y otros gases, al efecto invernadero.
Otro personaje como Henry Ford, desde que, en 1873, vio por primera vez una máquina de vapor estacionaria, hasta que en el año 1908 apareció el primer Ford T y que, en tan solo 10 años, inundó el mercado con 15 007 034 de unidades. Podemos considerarlo como otro contribuyente.
Pocos conocerán a Edwin Drake, quien allá por el año de 1859, en el noroeste de Pensilvania hizo funcionar la primera torre de extracción de petróleo a la que, observadores y curiosos bautizaron con el nombre de Drake’s Folly ("el disparate de Drake"). Pocos de estos críticos podrían imaginar el tamaño del disparate solo 150 años después.

Estos personajes y otros muchos, contribuyeron decisivamente a crear los cimientos de la sociedad de consumo que hoy despilfarra más del doble de los recursos que necesita. El “mérito” nos corresponde al resto de humanos.
Reinventar el futuro
Este fenómeno climático que nos ha tocado vivir hoy, para nuestros antecesores, fue el futuro. Nuestro futuro, será lo que construyamos hoy
Poner un ser humano en la luna, fue un proceso demorado y complejo que duró casi 9 años. El proyecto tenía un nombre: Apolo XI. Miles de personas contribuyeron para alcanzar este objetivo a partir de una idea, un plan director definido, un reto propuesto por John Fitzgerald Kennedy.
¿Cuál es el plan director de nuestro futuro? No lo tenemos. ¿Quién lo elaborara? No lo sabemos. No existe un proyecto global que permita hacer frente al desafío de superar un holograma que nos presenta un futuro nada favorable, según los patrones de vida que hemos construido durante los últimos 150 años.
Probablemente, nos encontremos hoy ante la fragmentación social más importante en siglos. Mientras disponemos de los medios de comunicación y transporte más sofisticados de toda la historia, y podemos desplazarnos miles de kilómetros., haciendo turismo o negocios, nunca los seres humanos hemos estado más desorientados y divididos, en relación al futuro de nuestro planeta.
Un plan director. Salvemos el planeta
La sociedad del consumismo se inicia durante el siglo XX como consecuencia de un modelo capitalista asociado a la publicidad y otros mecanismos, que fomentan el consumo.
Desposeídos de sus criterios y bases culturales, los consumidores estamos sometidos a las creaciones puestas a nuestro alcance. Los consumidores hemos perdido las características propias de personas físicas e individuales para ser considerados una masa influenciada por técnicas de marketing.
La sociedad de consumo, tal como hoy la entendemos, es insostenible. Hemos sobrepasado la capacidad natural de regeneración de la naturaleza, sobredimensionando mediante actuaciones forzadas, la obtención de recursos imprescindibles para la supervivencia humana.

Desprendernos de los modelos que nos han conducido a esta situación de forma drástica, sería tan contraproducente como no hacer nada. Es posible reinventar el futuro, si conseguimos poner en valor un proceso de transición económico, social y ambiental, asumible y sostenible. Un cambio necesario que deberá ser llevado a cabo fragmentándolo en pequeños objetivos que deberán sustituir los actuales.
No existe una receta para convencer y movilizar a las personas. Sin embargo, hechos recientes, nos indican que una acción coordinada entre los actores concernidos, pueden movilizar millones de personas en torno a varios objetivos: la preservación de la vida, la salud, la economía y el medio ambiente.
Es preciso evitar mensajes catastrofistas y apocalípticos, al contrario. La esperanza en conseguir los objetivos, mediante acciones concretas, escalonadas y mostrando la evolución de los procesos, en consonancia con las medidas adoptadas, será el eje del plan director.
La llamada economía verde
En los últimos cien años, el consumo mundial, per cápita, de materiales se ha duplicado, mientras que el consumo de energía primaria se ha triplicado. Es decir, cada uno de nosotros consumimos aproximadamente tres veces más energía y dos veces más materiales que nuestros antepasados en 1900. Ahora somos más de 7.400 millones de personas, frente a los 1.600 millones de 1900.
Es imprescindible que cambiemos la manera en que producimos y consumimos los bienes y servicios, y por extensión, los recursos naturales.
Debemos incorporar una cadena de producción donde las decisiones se toman, pensando en el bienestar de la sociedad y en la salud general del medio ambiente. La utilización de los recursos de forma eficiente y conservando los sistemas naturales que nos sustentan.
Priorizar los cambios en los sistemas, no en los sectores
Un sistema abarca todos los procesos e infraestructuras relacionados con un recurso o una actividad, esenciales para las actividades humanas. El sistema energético incluye los tipos de energía que actualmente utilizamos (energía del carbón, del petróleo o del natural, de la energía eólica, solar, hidroeléctrica, etc.), cómo extraemos o creamos esta energía (turbinas eólicas, pozos de petróleo, gas de esquisto, etc.), dónde la utilizamos (industria, transporte, calefacción de los hogares, etc.) y cómo la distribuimos. Los procesos de cambio deben llevarse a cabo realizando las transiciones en todas las fases de la cadena de producción del sistema.
En el recurso hídrico está la clave del cambio
De todos los recursos disponibles e imprescindibles, al hablar de futuro, el agua es el factor determinante
- Solo al conocer la huella hídrica de los alimentos que consumimos, asociada al agua necesaria para mantener activo el metabolismo basal de cada persona habitante del mundo, nos daremos cuenta de la fina franja en la que nos movemos para mantenernos vivos.
Si no somos capaces de reducir los niveles de agua necesarios para obtener alimentos y utensilios, reducir el consumo de alimentos y bienes y aumentar la re utilización de residuos, estaremos abocados a ser testigos de gravísimas crisis migratorias, hambrunas y nuevos conflictos entre las naciones.
No es tarea fácil. Organizaciones concernidas, de ámbito global, están seriamente presionadas por intereses regionales. Otras, a pesar del esfuerzo, no tienen suficiente capacidad disuasoria. Consecuencia de estas circunstancias, malogran las recomendaciones y los acuerdos para reducir las emisiones de gases que dan lugar al fenómeno denominado efecto invernadero. Mientras los ciudadanos continuemos manteniendo el modelo, no cesara la contaminación del planeta.
El cambio en el comportamiento de la sociedad de consumo, provocará el cambio de los procesos y las cadenas productivas. A cambio, la esperanza de que el holograma de nuestro futuro, no sea una realidad para nuestros descendientes. Esa es la clave.
