Opinión
Jose  Luis Soler Martinez
La opinión deJose Luis Soler Martinez

Empresario. Director General de Imabe do Brasil Ltda. , Fundador de Grupo Oceánica Maroc, Turalter, Srl. , Technoymar Soluciones, S.L. y Ecowater Technologies, S.L. Ecowater Innova/Zequanox en Europa y América Latina

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El Mar Menor. Una reflexión sosegada


Los acontecimientos ocurridos en las últimas semanas, con la imagen terrible de millones de peces muertos o agonizantes en las riberas de la laguna del Mar Menor, ha vuelto a poner en primer plano de la noticia, durante algunos días, este emblemático y denostado espacio acuático.

Lo que nos ha mostrado el desastre ocurrido en la fauna acuática de la laguna no son los estragos que ha podido causar la DANA (depresión aislada en niveles altos) o gota fría. El efecto letal ha sido producido por el aluvión de aguas contaminadas arrastradas por la riada y depositadas en el ya maltrecho sistema acuático.

Un corolario de actuaciones inadecuadas junto con la complicidad y la actitud activa, pasiva o permisiva de las partes concernidas, durante todos estos años, como consecuencia del crecimiento desorbitado y descontrolado, tanto en lo urbanístico, como en lo agrícola o industrial, junto con la alteración de las condiciones naturales de la laguna, ha permitido que el Mar Menor se haya convertido en el vertedero de los residuos en estado líquido provenientes de estas actividades

Si echamos la vista atrás, unos treinta años, observamos como este magnífico espacio natural hábitat de cantidad y variedad faunística, se ha convertido hoy en un maltrecho lugar, sometido a una terrible y constante presión.

Las actividades ilegales ocurridas, tales como la desalación de aguas salobres por iniciativa privada fuera de cualquier control, los pozos ilegales, una infraestructura subterránea de gran envergadura para ocultar estos hechos delictivos, y otros actos provocados por una actividad intensiva la margen de cualquier planificación y de una voracidad sin medida, han hecho saltar por los aires una capsula de silencio que, más temprano que tarde, tendría que estallar, como así ha ocurrido.

La sobre explotación y la contaminación por nitratos del agua subterránea, a pesar de que Europa obliga a protegerla por ser la futura fuente de abastecimiento de la población cuando la crisis climática arrecie y las sequías se hagan cada vez más largas, es la consecuencia de esta tragedia anunciada.

Ante el sonrojo general, la opinión pública nacional e internacional, conoce ahora solo una pequeña parte del cúmulo de despropósitos y actuaciones suicidas en el medio plazo, que ya se sabían hace mucho tiempo en determinados ámbitos oficiales y privados. La reacción apresurada de los actores involucrados , no se ha hecho esperar: Anuncios de soluciones mágicas, magos de Oz, soluciones milagrosas, planes de choque, etc. ¿Volvemos a empezar?

No es esta la primera vez. Por referirme a la última, en el año 2016 las aguas del Mar Menor se convirtieron, durante unos meses, en lo que ha dado en llamarse la sopa verde o eutrofización brutal de las aguas de la laguna. La reacción inmediata de las autoridades para paliar el conflicto, solo duraron el tiempo que la laguna tardó en reequilibrar, momentáneamente, su frágil ecosistema.

El ser o no ser del Mar Menor

La sensibilidad sobre aspectos ecológicos que ha ido calando en la sociedad en los últimos años y en particular con todo lo relacionado con el agua de la región, un complejo problema que ha ido enquistándose con el paso de los años, tal vez propicie un escenario capaz de hacer ver a autoridades y sectores económicos que recuperar esta laguna, no es solo poner a salvo un ecosistema acuático único y símbolo emblemático de esta parte de España y también de Europa. Se trata, también, de recuperar la imagen y el prestigio, ahora dañados, de lo que significó en el mundo de la agricultura nacional e internacional la llamada huerta murciana.

Una agricultura basada en el respeto a la salud de las tierras, de las aguas y de las personas tendrá sin duda un valor añadido en los mercados internacionales. No querer aceptar este hecho es deslizarse por un peligroso tobogán cuyo final tendrá resultados imprevisibles para la economía de la región.

Grandes Soluciones vs Grandes Problemas.

Tamaño desastre ecológico, económico y social sólo puede reequilibrarse con medidas a la altura del problema. Lo que podría haberse resuelto con un proyecto ordenado de crecimiento responsable y respetuoso con el medio natural, ahora requiere medidas de gran calado y que escapan al ámbito de los responsables regionales causantes de este grave conflicto.

El equilibrio biológico, (fuerzas o elementos que se compensan y anulan recíprocamente) y ecológico, es decir, la relación entre el subsistema humano, natural y construido, donde el hombre desarrolla sus actividades y proyectos de forma sostenible con los recursos del medio ambiente, en relación a  la laguna, pasa por una  estructuración profunda de los factores y actividades indeseadas que han provocado este desastre ecológico en la geografía agrícola de la región.

¿Estamos dispuestos a acometer semejante tarea?

No se trata de resolver el problema para salir del atolladero, es necesario contar con fuerzas y alianzas procedentes más allá del entorno local, no sólo para solicitar recursos económicos, también es necesaria tecnología especializada en la resolución de conflictos ambientales de gran magnitud. Considero que uno de los problemas a resolver radica en hacer ver a los sectores implicados y afectados, que es necesario un cambio radical de actitud. Esto pasa porque hay que aceptar que habrá que realizar cambios estructurales de gran envergadura capaces de conciliar desarrollo económico compatible con la sostenibilidad ambiental y cuyos resultados sólo podrán observarse en el medio – largo plazo. Está en juego el desarrollo de una región tradicionalmente ejemplar en la actividad agrícola como referente de productos hortofrutícolas, ante un escenario que exige respeto al medio ambiente compatible con el desarrollo económico y social de esta estratégica región.