En España, desgraciadamente, casi siempre que se habla de regadíos es debido a la sequía o por enfrentamientos políticos, cuando lo conveniente sería que las conversaciones y acciones se centraran en la planificación de estos regadíos, dotándoles de inversiones realistas y coherentes, con el horizonte claro de poner en marcha un Plan Nacional de Regadíos, al margen de territorialismos y localismos y con criterios técnicos.
En estos días —post y pre— electorales, todos los españoles estamos viviendo un enfrentamiento político cruento en torno a los regadíos de Doñana, que incluso ha transcendido el ámbito nacional y ha puesto en riesgo las exportaciones de fresas y frutos rojos de esta zona onubense.
Por desgracia, esto no es nuevo, antes fueron los cultivos del Mar Menor, en Murcia; las explotaciones prioritarias en el Alto Guadiana… y después vendrán otros, salvo que, de una vez por todas, los diversos representantes políticos entren en razón y conviertan insultos y menosprecios en búsquedas reales de soluciones. Y, si en ese camino, optan por confiar en técnicos cualificados e independientes, mucho mejor.
En España, el agua no puede tener el grado de politización alcanzado. Causa ya hastío, desasosiego, incertidumbre y, sobre todo, mucho miedo para los cientos de miles de agricultores para los que regar es su medio de vida.
Por eso, no se puede dejar a la suerte de representantes políticos sin apenas conocimientos hidrológicos (y muchas veces aconsejados por grupos de presión radicales) el abastecimiento nacional de alimentos, máxime en una situación como la actual, con una inflación disparada y una población creciente.
El regadío está estrechamente ligado a la producción de alimentos y, ésta, a los precios de mercado de los mismos. Jugar con esto es jugar con fuego (aunque sea agua).
No se puede dejar a la suerte de representantes políticos sin apenas conocimientos hidrológicos el abastecimiento nacional de alimentos
Debe acabar ya el debate estéril y maligno de que producir alimentos en nuestro territorio es atentar contra el medioambiente. Este menosprecio continuado al sector primario resulta extremadamente peligroso para un país donde la agricultura y la ganadería son la base de muchas economías locales, comarcales, provinciales y regionales y, a nivel nacional, parte importante del PIB y del balance de exportaciones, además de la base de la conocida y reconocida gastronomía patria, que tanta admiración suscita, tantos turistas atrae, y tantos puestos de trabajo genera.
Además, estos usos primarios combaten la despoblación, mantienen el medioambiente, las razas ganaderas, la arquitectura patrimonial y, sobre todo, los pueblos vivos.
Así, los retos del regadío español son numerosos para los próximos lustros y el sector debe trabajar unido por seguir transmitiendo su importancia y poner también de su parte para que el debate político y territorial sobre el agua se torne técnico y global. Los principios de racionalidad y solidaridad deben primar en un país como España, donde, si se planifica bien, se gestiona adecuadamente y se invierte con criterio, hay agua para todos los usos.
Otro reto fundamental es continuar con la modernización progresiva del regadío, de la que los agricultores españoles son un ejemplo mundial. Pero debe ir más allá en formación y aprovechamiento al máximo de las nuevas tecnologías.
Y las diversas administraciones, en especial, la nacional, debe presupuestar anualmente inversiones en materia de agua y regadío, pero no en forma de ayudas puntuales o con fondos provenientes de otras líneas, sino con recursos propios, porque es ya una cuestión de Estado. Y estos fondos deben contemplar obras hidráulicas, pues solo con planes inconcretos, declaraciones de intereses, seminarios, conferencias y acciones promocionales no sirve. Además, es urgente que inviertan en formación para todos los actores del sector, así como en I+D+I.
En definitiva, el regadío español tiene diversos retos por delante, pero especialmente tres: planificación, inversión y despolitización, y deben ser acometidos con carácter urgente y sin excusas de ningún tipo.
