No pensé nunca que en el año 2026 pudiera escribir este blog.
Recuerdo que en los años 90, cuando me incorporé a una de las empresas más grandes en la gobernanza y gestión del ciclo integral del agua (CIA), uno de los problemas graves detectados surgía de la ignorancia sistemática que los redactores de los proyectos de infraestructuras hacían de las recomendaciones de los que las operaban.
Fruto de esta falta de entendimiento, en años posteriores, las inversiones que se tuvieron que hacer en diferentes procesos superaron ampliamente los costes de construcción si se hubieran atendido las indicaciones de los operadores.
Creía que esta situación estaba superada, especialmente en las empresas que se dedican al CIA y que tienen ambas responsabilidades (diseño y operación), pero la realidad no es tan halagüeña como uno cree.
Hace poco, un diseño de un pozo de bombeo de aguas residuales compartimentado en dos cuerpos, presentado por la ingeniera contratada, fue corregido por el Departamento de Diseño y reconvertido en un diseño en un solo cuerpo que, los operadores, sabemos que es un mal diseño y que, en el futuro, va a suponer un coste económico muy superior al “ahorro” obtenido en la construcción.
Debemos seguir insistiendo en que, en el caso de infraestructuras hidráulicas, hay que cambiar el “chip”: hay que diseñar y construir para operar, no para depurar. Copiar no está mal, si el diseño es bueno para la operación, pero copiar o corregir aduciendo “esto siempre se ha hecho así” perpetúa el error y eleva los costes operacionales: Todo euro que haga una planta fiable, flexible y funcional y que se ahorre en construcción, supondrá unos costes en operación entre 3 y 4 euros.
NOTA ACLARATORIA Por error de dicción, en el podcast del agua, la referencia a Jaime La Iglesia es errónea. Él es el que dice que la mejor depuradora para una aglomeración es aquella que funcione. La cita original es de Jaime La Iglesia y no mía. Al César lo que es del César.
