Opinión
Joan Gaya Fuertes
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Tres meses del Gloria


La aceleración de los acontecimientos es tal que el temporal Gloria parece que fue siglos atrás. Y pasó tan solo hace tres meses. Ya me referí al Gloria en sendas crónicas de febrero[1] aunque parece inevitable un balance sosegado, oportuno por la proximidad del desconfinamiento progresivo y acuciado por las intensas lluvias de abril.

El Gloria puso en duda muchas certidumbres en relación con la gestión del agua. En primer lugar, el grado de coordinación o de confianza de la administración hidráulica hacia el servicio meteorológico. En segundo lugar, la validez de las prioridades que dieron soporte a la gestión de la reserva de agua durante el episodio. En tercero, las prioridades estratégicas que han soportado la gestión del medio hídrico en los últimos años, en los que la inacción ha sido fruto combinado de prejuicios, estrecheces presupuestarias e inercias administrativas. En su conjunto se han podido presentar como medidas de protección ecológica de cauces.

Esa conducta ha sido notoria en la Agencia Catalana del Agua. Veamos algunos ejemplos desde mi proximidad geográfica a la cuenca del Ter.

  1. El mal estado del río aguas arriba del pantano de Sau produjo una avalancha de materiales, muchos de ellos flotantes. El ACA evaluó que 80 Has de la lámina de agua quedaron cubiertas por 170 Tm de material, mayoritariamente vegetal. Los trabajos de limpieza, aquí sí, empezaron un mes más tarde y aún siguen. ¿Pero, cómo estaban antes y cómo quedaron después los márgenes y los cauces? ¿Y cómo quedaron las playas? ¿Cuántos daños se hubieran evitado con un buen mantenimiento y limpieza preventivo de los cauces?
  2. Girona tiene un largo historial de inundaciones que hasta la construcción del sistema de embalses de Sau y Susqueda promediaban 8 por siglo. Posteriormente a su puesta en servicio, y a pesar de los efectos benéficos de la regulación del río, Girona padeció nuevos episodios -especialmente grave fue el de octubre de 1970-, lo que demostró la insuficiencia de la protección alcanzada y motivó a la Confederación Hidrográfica del Pirineo Oriental a proyectar nuevas actuaciones destinadas a reducir el riesgo de nuevas avenidas, en especial de los afluentes del Ter que confluyen en la ciudad. De esas medidas, la más efectiva había de ser una presa de laminación del caudal del río Onyar, que debía construirse inmediatamente en el paraje de La Creueta, justo antes de la entrada del río en la zona urbana. Ciertamente el catálogo de irresponsabilidades sobre esa cuestión es extenso. Lo fue en los años 70 por parte de las autoridades del momento. Ya en democracia, la presión municipal de Girona forzó a que en la transferencia de competencias hidráulicas a la Generalitat se aportara un estudio de alternativas y una partida económica específica para resolver el problema. Eso fue en 1986. No se hizo nada y la oportunidad de conjurar el peligro para la ciudad de Girona se malogró.
    En los 35 años siguientes la Generalitat se ha olvidado del problema y a pesar de algún susto, hasta que llegó el Gloria no regresó la percepción del riesgo y la verificación de daños. La nueva generación de ciudadanos y dirigentes políticos había olvidado el asunto y mientras se hablaba en pasado de las inundaciones la protección de Girona sigue en el limbo. Y no sólo eso; el puente sobre el Onyar en la Creueta, donde debía haberse construido la presa, sigue hoy con los ojos cegados por la maleza arrastrada por el río. Presa natural que, a la vez que demuestra el abandono del río, remeda tristemente la que en su día no se construyó.
  3. El bajo Ter también ha sufrido con las crecidas del río, aunque también aquí menos frecuentes desde su regulación. En enero de 1982 hubo una crecida que inundó partes del curso bajo del río, en una extensa zona agrícola. Por ello, y para evitar que otras crecidas devinieran en inundación del llano, se construyó la mota en Verges, que reforzaba otra anterior. Pues bien, esa mota quedó maltrecha por las avenidas de enero y ahora, tres meses después, ha vuelto a producir otra inundación perfectamente evitable y nuevos perjuicios a los cultivos del bajo Ter.

Durante muchos años hemos visto crecer vegetación abundante en los cauces; no sólo en los márgenes sino en el centro, donde hoy es posible observar árboles adultos, muchos de los cuales resistieron el embate de las aguas.

El abandono se justificó como respeto y protección ambiental, de modo que los cauces se convirtieron en arboledas y cañaverales. Los portavoces cualificados del ACA nos dicen que un cauce no se debe confundir con un canal y que el riesgo cero no existe. Ciertamente el riesgo es tanto mayor cuanto más crece la resistencia al aprendizaje y a reconocer errores.

La gestión de riesgos (sequía, inundación, equilibrio entre demandas de agua) tiene que ver con el arte de guardar y desembalsar y para ello no basta con los modelos predictivos. No son la panacea, y más cuando no consideran las predicciones meteorológicas ni la conservación y mantenimiento de los cauces en un adecuado equilibrio entre el respeto ambiental y la seguridad. Cualquier ciudadano que haya cruzado un río por carretera o ferrocarril habrá podido observar la exuberancia de la vegetación i quizá vislumbrar la lámina de agua entre la maleza. Eso está muy bien para un río salvaje, pero no es de recibo en un rio en el que el equilibrio ambiental debe ser compatible con otros usos y considerar los riesgos de un país denso y que quiere ser próspero. Entre un canal y eso hay muchas posibilidades por explorar. Las decisiones conllevan análisis de riesgo en cada escenario. Y las decisiones iniciales son críticas durante el transcurso del episodio, como se demostró en enero.

Seguimos sin tener una crónica sincera sobre lo aprendido del temporal y, sobre todo, ¿qué se ha hecho para reparar y prevenir nuevos desastres?

¿Cómo pensar en el futuro sin aprender del presente? El pensamiento puede ser mágico pero la realidad es la que es. Lo más preocupante es no observar ningún cambio en el discurso: ni humildad, ni aprendizaje ni empatía con el perjudicado.

[1] Lecciones de Gloria (10/2/2020) y Gestión de riesgos del agua (24/2/2020)