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Joan Gaya Fuertes
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Transvases e interconexiones


Las conexiones eléctricas permiten que la luz se desplace en un sentido u otro en función de la diferencia de potencial. Ahí no se habla de trasvase de electricidad, pues se entiende que el mismo cable sirve para los dos sentidos.

Esa singularidad de la electricidad no sirve para el agua, pues la energía potencial gravitatoria depende de la cota. Por ese motivo las canalizaciones se han hecho históricamente a favor de la gravedad, para conducir el agua desde las cotas elevadas donde la hay hasta las cotas bajas donde se la necesita. Acueductos urbanos y regadíos han respondido a ese patrón, que sólo se ha podido superar cuando la tecnología y la disponibilidad de energía han permitido el bombeo.

Por otra parte, hablamos de trasvase cuando la obra pública trasciende el ámbito de una cuenca a otra, es decir cuando, mediante túneles, bombeos o una combinación de ellos, se conectan ámbitos geográficos separados por la geografía y la gravedad.

En Catalunya las canalizaciones son abundantes dentro de cada cuenca fluvial y los trasvases han permitido paliar notables déficits en los ámbitos metropolitanos de Barcelona y Tarragona. Desde 1967 el pequeño Ter ha suministrado 11.000 Hm³ de agua a la región metropolitana de Barcelona, que han sido esenciales para su desarrollo económico y humano. Y desde finales de los años 80, el llamado minitrasvase del Ebro ha suministrado 3.500 Hm³ a la provincia de Tarragona, sin los cuales hubiera sido imposible su desarrollo.

La RAE define transvase (o su sinónimo trasvase) como la acción de mudar las cosas de un lugar a otro, y en especial un líquido de una vasija a otra. Está claro que en nuestro caso las vasijas son las cuencas fluviales. Pero también está claro que en ingeniería hidráulica los transvases se han entendido como unidireccionales: de donde hay agua a donde no la hay.

Ahora bien, en los abastecimientos urbanos, el sentido unidireccional del agua ha abierto paso al concepto de redes malladas, en las que el agua puede llegar al punto de consumo por más de una vía. Ese concepto permite una mayor garantía de suministro, una reducción de la afección al consumo por las necesidades de mantenimiento y las eventuales averías. En ese caso, la pluridireccionalidad del agua viene asegurada no sólo por el diseño de la red sino por la presión del servicio.

Pues bien, en la planificación hidráulica es posible, y parece deseable, introducir el concepto de bidireccionalidad, es decir la posibilidad de que una infraestructura de conexión sea concebida para poder trasegar el agua en cualquier dirección, de donde la hay a donde se la necesita. De ahí que el concepto interconexión, sustituto del concepto transvase, venga paradójicamente a recuperar el pleno sentido semántico del término: mudar las cosas de un lugar a otro.

Ese concepto es ya una realidad en los países que han decidido que la disponibilidad de agua no se fía exclusivamente a la lluvia. La aportación del ciclo natural se combina con aguas regeneradas y/o desaladas instaladas en los lugares elegidos por el planificador y esa agua debe poder viajar a donde se la necesita.

Las propuestas del Observatori Intercol·legial de l’Aigua (OIA) van en ese sentido. Se parte de la convicción de que el problema de la escasez de agua en muchas zonas de Catalunya se puede resolver con una combinación de interconexiones, aportación de nuevos recursos y un uso más eficiente del agua en todos los ámbitos y especialmente en algunos regadíos.

El Corredor Catalá de l’Aigua se concibe como un gran acueducto bidireccional que conecta, por el sur, el ámbito del minitransvase del Ebro -gestionado por el Consorci d’Aigües de Tarragona (CAT)- con la red metropolitana gestionada por Aigües Ter Llobregat (ATL). Al norte del ámbito ATL se proyecta una prolongación del corredor hasta la frontera con Francia. Y deja abierta la posibilidad de una interconexión de esa línea paralela a la costa con un nuevo ramal en dirección a la cuenca del Segre.

Ese corredor interconecta cuencas y administra los nuevos recursos de agua regenerada y desalada hoy en fase de ejecución o de proyecto. Puesto que la energía tiene coste, está claro que deberá priorizar los orígenes y traslados de menor coste. Pero hoy ya hemos aprendido que el agua más cara es la que no se tiene y, por tanto, el mallado debe considerarse una garantía para todos los usuarios. Y cuando digo usuarios no olvido lo mucho que han sufrido nuestros ríos y nuestros humedales.

La proyección del OIA es a 2050 para una Catalunya con 10 millones de habitantes. En el corto plazo, Tarragona dispone de suficiente agua y en el ámbito de la región central hay actuaciones en marcha que permitirán disponer de 280 Hm³ adicionales. Respecto a las conexiones necesarias para materializar el corredor de l’aigua, hay proyectos con distinto grado de madurez técnica, pero sin consenso político, para conectar los ámbitos CAT y ATL.

¿Por dónde empezar para mostrar los beneficios de la interconexión, es decir de la bidireccionalidad del agua? Quizá por donde el agua ya circula sólo en una dirección. La pata norte sería bien recibida por el territorio que ya ha cedido 11.000 Hm³ al centro y que sufre de zonas con sequía prolongada como el Alt Empordà.

En esa zona, en 2017 ya se alcanzaron acuerdos para limitar progresivamente las aportaciones del Ter a Barcelona. Hasta el momento esos acuerdos se van cumpliendo. No obstante, la garantía de cumplimiento futuro es la segunda desaladora de Tordera, que va con años de retraso. La buena disposición del territorio se combina aquí con la necesidad de compensar el retraso de Tordera II y ofrecen un escenario óptimo para demostrar que, cambiando el concepto tradicional de transvase por el más garantista de interconexión, todos salen ganando. Eso debería facilitar la maduración de las demás actuaciones, cuya urgencia debería reevaluarse en función de la garantía adicional de las mencionadas aportaciones en curso.