Opinión
Joan Gaya Fuertes
La opinión deJoan Gaya Fuertes
Blogs · Sequía · Tarifas

Tarifas de agua y sequía


Llegó el verano y con él las lluvias que dieron tregua a la escasez. De momento disfrutamos de un verano como los de antes: tenemos agua, nos podremos bañar en la piscina y lavar el coche. Pequeños y antiguos lujos de cuando llovía. Los agricultores habrán salvado sus cosechas y los ganaderos abrevado sus animales. La generosa primavera nos permitió salvar el match point

No sabemos si el otoño será lluvioso o nos pondrá otra vez frente al espejo de la imprevisión. Lo que seguro llegará en otoño es el replanteamiento económico de los servicios y su repercusión en las tarifas.

En diversas ocasiones he explicado los desequilibrios que gravitan sobre el servicio de abastecimiento: una estructura de costes en permanente desequilibrio con su estructura de ingresos, pues siendo los costes fijos superiores a los variables, se ha creado una evidente dependencia de los ingresos variables para equilibrar la cuenta de resultados. Parte de los costes fijos se financian con ingresos variables y, si esos fallan, el resultado es que las cuentas no salen.

Eso es lo que ha pasado en tantos casos. Ya sea por las campañas de concienciación dirigidas a los usuarios, ya por la simple falta de agua que suministrar, lo que se observa al final del semestre es que el volumen de agua registrada y facturada en general es inferior a la que se registró y facturó un año atrás. En esos casos, se impondrá una revisión de tarifas que restablezca el equilibrio de las cuentas.

Esa necesidad vendrá incrementada por dos factores añadidos. La mayor inversión necesaria para mejorar la eficiencia de las redes de suministro y el imperativo legal de la sustitución de contadores.

La mayoría de grandes ciudades ya tienen redes modernas y eficientes. En ellas no es raro observar rendimientos del orden del 90%. Mejorar eso ya no es tan fácil y es discutible que esa sea una prioridad entre tantos aspectos que necesitan inversión en el mundo del agua. No obstante, en poblaciones pequeñas y medias, hay un importante margen de mejora tecnológica. En muchos casos, las dificultades sufridas en esos tiempos han hecho evidente el problema y la inversión se está redoblando. Pero, a pesar de las ayudas, habrá que pagarla.

Más madera: el parque de contadores de agua de nuestras ciudades en general es obsoleto. No solo por los años de servicio -no es raro encontrar contadores con 25 o más años a su espalda, sino por múltiples deficiencias de instalación y accesibilidad. La Ley 32/2014, de Metrología, adaptó a nuestro ordenamiento la Directiva 2014/31/UE del Parlamento Europeo y del Consejo. Uno de sus desarrollos normativos es la Orden ICT/155/2020, de 7 de febrero, por la que se regula el control metrológico del Estado de determinados instrumentos de medida que regula en detalle los elementos metrológicos. En relación a ellos se establece que la vida útil de los contadores de agua limpia y de los contadores de agua para otros usos será de doce años. Es decir, hay una gran cantidad de contadores que substituir. Sobre esa cuestión voy a desarrollar comentarios específicos en otro momento, pues no solo se trata de una sustitución, sino del cambio de paradigma que representan los llamados contadores inteligentes.

De manera que la revisión de tarifas se está preparando como resultado de la nueva realidad del servicio: reequilibrio de cuentas, inversiones, y renovación del parque de contadores.

Eso, en relación a los abastecimientos urbanos.

Si nos vamos a los regadíos, el ecosistema es muy diverso y su respuesta posible también. Los ya tecnificados no van a tener inconveniente en seguir por esa senda, ya sea con más eficiencia, ya sea incorporando nuevos recursos hídricos procedentes de regeneración o desalación, ya sea modificando los cultivos para adecuarlos a la nueva realidad. Entre los que no tienen ese hábito, algunos podrán, con o sin ayudas, romper las viejas rutinas y entrar en la senda de la tecnificación. Será necesaria la renovación de muchas mentalidades y la asociación de pequeñas comunidades de regantes para obtener economías de escala en las inversiones necesarias. En muchos casos deberán introducir señales económicas suficientes para asegurar el uso eficiente del agua.

No se hunde el mundo, pero a partir de ahora será distinto.