La crisis hídrica sufrida en los últimos años ha dado paso a lluvias generosas. Es el momento de pensar el futuro con criterios nuevos que mejoren la garantía de disponibilidad de agua para todos los usos, sociales, económicos y ambientales.
Los regadíos catalanes, y en especial los de las cuencas internas de Catalunya han sufrido las experiencias pasadas como los que más y han reflexionado sobre sus consecuencias. Por ese motivo, el esquema de temas importantes del cuarto ciclo de planificación hidráulica deberá asumir cambios significativos por parte de la Agencia Catalana de l’Aigua en relación a los tres ciclos anteriores:
En primer lugar, deberá promover el reencuentro entre los usos del agua que hacen funcionar la sociedad y la economia – urbanos, industriales, agrarios, y turísticos. Eso no sucedió en los tres ciclos anteriores, en los que hubo un manifiesto abandono de las previsiones en cuanto a los usos de regadío.
En segundo lugar, deberá intensificar los contactos con la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) para resolver los problemas observados en la zona catalana del Ebro, como los pendientes de resolver en el Segarra Garrigues, o la mejora de la garantía de disponibilidad de agua para la comarca del Priorat.
A la vista de la gran profusión de comunidades con derechos concesionales de agua para regar, deberá estudiar la actualización de los censos del Registro de Aguas y el estímulo a la cooperación -y en su caso la unión- para obtener economías de escala que permitan afrontar el futuro de esos regadíos con garantías para su supervivencia.
Por otra parte, se ha comprendido dolorosamente que el régimen concesional da derechos, pero no garantías de disponibilidad. En consecuencia, se propone la progresiva substitución del régimen concesional por un régimen de dotaciones realistas que asegure una mayor garantía de agua.
Ese cambio de régimen supondrá un mayor esfuerzo de inversión y de gestión, cuyos criterios deben ser acordados para el conjunto de las infraestructuras de captación -y producción, en su caso-, almacenamiento y distribución de agua implicadas.
El coste asociado debe ser en primer lugar el menor posible en términos de eficiencia, es decir, relacionado con la mejora de garantía obtenida. Y en segundo lugar debe traducirse en una asignación proporcionada de ese coste a los beneficiaros del agua.
La garantía de disponibilidad de agua para los regadíos debe contemplar en paralelo la progresiva incorporación de las comunidades de regantes a esos mecanismos de obtención y distribución de agua. El agua es única y no es posible administrarla de forma separada en función de los usos. Los usos urbanos, industriales y agropecuarios deben encontrar una expresión práctica en la forma de asignación del recurso, y de su gestión en el marco del debido respeto ambiental a los ecosistemas acuáticos.
Catalunya dispone de suficiente agua y recursos tecnológicos para no tener que sufrir nuevas crisis de disponibilidad.
En las décadas pasadas encontramos experiencias sectoriales a considerar que permiten mejorar la garantía de disponibilidad. Los instrumentos técnicos utilizados son, esencialmente, dos: las interconexiones y la regeneración de aguas residuales depuradas, a los que se añaden, de forma progresiva, dos más: la desalación de agua y la recuperación de acuíferos contaminados.
También conviene estudiar formas de mejorar la regulación del recurso, en especial con un plan de regeneración y recarga de acuíferos, de manera que se mejore la garantía de disponibilidad interestacional e interanual y se reduzca el riesgo de’ avenidas, que la perspectiva climática hace más probables.
Uno de los elementos decisivos en la regulación del recurso es el Plan Sectorial de Caudales de Mantenimiento. En su redactado actual, el plan no distingue claramente entre lo que es un río -al que de forma natural le corresponde un flujo continuo de agua- y una riera o un torrente -que son cauces con un flujo discontinuo. El equilibrio entre los usos concesionales y los usos ambientales debe partir de una revisión que considere una combinación actualizada de criterios que permita superar las tradicionales discrepancias entre el sector agrario y el conservacionista.
De forma complementaria, debe realizarse una limpieza a fondo de márgenes y cauces fluviales para reducir el riesgo de inundaciones. Esta operación contribuye también a mejorar la garantía de disponibilidad, puesto que evita el secuestro de agua que inducen las especies hidrófilas que allí hi proliferan.
La obtención y distribución de agua son operaciones que requieren la aplicación de cantidades importantes de recursos públicos. Por ese motivo, la garantía de disponibilidad ha de acompañarse de compromisos y mecanismos que aseguren el uso eficiente del agua. Habrá que estimular la modernización de los regadíos catalanes, revisar los mecanismos de asignación de dotaciones a las CCRR, la medición interna de los consumos individuales, y la aplicación a esos consumos de señales económicas adecuadas.
En ese contexto, hay que reforzar el papel de las CCRR como entidades colaboradoras de la Administració hidráulica, intensificar su responsabilidad y compromiso, y reforzar los mecanismos de relación y participación en la gestión del agua. También habrá que buscar economías de escala mediante el redimensionamiento de las CCRR y su integración en comunidades de usuarios.
Ello exige coordinación interdepartamental en la elaboración del planeamiento hídrico de Catalunya y los desarrollos que prevea el Pla de Regadius hoy en elaboración. Los resultados de ambos instrumentos deben ser coordinados y complementarios en el marco de la política territorial catalana.
