En el mejor de los casos, los indicadores son números. A veces se expresan con unidades, a veces como ratios. También los hay cualitativos o semicuantitativos. Su significado adquiere importancia cuando se pueden interpretar en un determinado contexto.
En un servicio como el abastecimiento de agua, los indicadores tienen por objeto el conocimiento de las principales magnitudes relacionadas con el funcionamiento del servicio y evaluar su grado de adecuación a las expectativas esperadas.
La interpretabilidad del indicador está directamente vinculada, en primer lugar, a la fiabilidad de los datos utilizados para su determinación o cálculo. En segundo lugar, a la relación entre el valor del indicador y el contexto en el que se desea obtener alguna conclusión.
En primer lugar, debe considerarse la perspectiva estratégica del servicio, es decir, hay que medir el grado de aproximación que se observa entre los objetivos definidos en las líneas estratégicas e identificar las eventuales disfunciones que se puedan producir. En segundo lugar, deben adecuarse a la realidad de los medios disponibles y a la mejora progresiva de los instrumentos técnicos, económicos y de gestión.
Así, si se determinan objetivos de reposición de red o de sustitución de contadores, la realidad que mide el indicador se pondrá en relación con el objetivo establecido y su significado se obtendrá de esa comparación: estamos por encima o por debajo del objetivo. Esa es la situación que se da en los abastecimientos que disponen de líneas estratégicas definidas y explicitadas temporalmente en los contratos, ya sean con operadores públicos o privados en los que se trasladas determinadas obligaciones al operador.
Obsérvese que el indicador no evalúa los objetivos, tan solo compara la realidad observada con el objetivo. Las disfunciones reales deben analizarse con criterio: puede ser que el objetivo sea poco realista y haya que replantearlo; puede ser que el método de determinación del indicador deba ser revisado.
Otra de las formas de relaciona los indicadores es la temporal. La secuencia temporal de un indicador nos informa de la evolución del parámetro entre una medición y la siguiente, o de como evoluciona una serie de medidas en un determinado período. Un ejemplo típico es el rendimiento hidráulico de una red de abastecimiento, que expresa las mejoras o empeoramientos observados en la relación entre el agua incorporada a la red y la que se mide en los contadores de los abonados al servicio.
La interpretabilidad de los indicadores opera también en sentido contrario: el conocimiento que generan sirve para realimentar y afinar la proyección estratégica del servicio de forma que en el futuro proyecte sus objetivos de forma más eficiente y realista.
Los indicadores son también un elemento de comparación. Esos indicadores permiten contrastar determinados parámetros entre diferentes servicios ya sean dependientes del mismo organismo (por ejemplo, diferentes empresas públicas municipales) o servicios análogos de diferentes organismos. Ese último es el caso de la Xarxa (Red) de Municipis de la Diputació de Barcelona cuyos indicadores permiten intercomparar algunos parámetros esenciales de los abastecimientos municipales de la provincia.
De forma análoga, existen otros sistemas de intercomparación: así, desde la recuperación de la gestión pública de Aigües Ter-Llobregat, la Agencia Catalana del Agua promueve un sistema de indicadores comunes para todos los operadores en alta de la Red Ter-Llobregat.
Las asociaciones de operadores públicos (AEOPAS) y de operadores privados (AEAS) también han promovido sistemas de indicadores que permiten esa intercomparación de parámetros relativos al sector de abastecimiento de agua.
Los indicadores comparativos establecen valores medios del sector que pueden resultar útiles para conocer la situación de un determinado abastecimiento en relación al conjunto, lo cual puede ayudar a fijar objetivos específicos para ese abastecimiento.
Los indicadores de servicio no son un objetivo en si mismos. Deben definirse como resultado de un propósito. Normalmente, ese propósito es monitorizar la evolución de la realidad en relación al grado de cumplimiento de determinados objetivos, ya sean definidos por la autoridad competente, a la solución de problemas internos propios de la naturaleza o las circunstancias del servicio, o de la capacidad comunicativa de los resultados obtenidos. De otra manera, las magnitudes expresadas no serían interpretables y no serían útiles para orientar las decisiones a tomar.
Los indicadores no sólo son una forma de conocimiento, sino una fuente de estímulos para mejorar. En algunos casos, las administraciones usan el valor de un indicador para orientar, seleccionar o determinar la posibilidad de acceso a una subvención.
En otras circunstancias, las comparaciones pueden ser equivocas: es el caso de las tarifas, tan usadas (y a veces de forma equívoca), por determinadas organizaciones. La tarifa es el resultado de atribuir el coste del servicio a sus usuarios. Muchas veces las tarifas bajas resultan del bajo coste -sucede en muchos abastecimientos en los que el agua captada es de buena calidad y rodada-, otras son fruto del desconocimiento del coste o de la falta de inversión. En otros casos, las tarifas altas resultan de la incorrecta imputación de costes o del beneficio excesivo. Un indicador simple como la tarifa media expresada en euros por metro cúbico no aclara nada de eso.
