El pasado diciembre el Parlamento Europeo aprobó la Directiva (UE) 2020/2184 relativa a la calidad de las aguas destinadas al consumo humano. La efeméride supone un gran paso adelante en la protección de dicho bien público y en la promoción de su uso mediante los servicios públicos de abastecimiento de agua.
Es bueno recordar que la desinfección del agua fue uno de los pasos más importantes en la protección de la salud de los ciudadanos. A partir de su implantación, la desaparición de las enfermedades de transmisión hídrica supuso una enorme reducción de la mortalidad, en especial la infantil. Los datos demuestran que en España prácticamente se duplicó la esperanza de vida en los años de transición del siglo XIX al XX.
Disponer de agua en casa (hasta hace pocos años se la llamaba agua corriente) y que esa agua fuera desinfectada, fueron logros que evitaron molestias y enfermedades. El agua minero medicinal estaba asociada a determinados tratamientos balnearios y su comercialización como agua embotellada para uso doméstico era privilegio de gente que la pudieran pagar o esfuerzo económico que las familias dedicaban a enfermos y convalecientes. No siempre, ni todas, tuvieron mejor sabor; y la garantía sanitaria, se le suponía. Algunas se publicitaban como radioactivas, sin aclarar si eso era una cualidad sanitaria o un signo de modernidad.
Y es que la publicidad sabe ser convincente, de eso vive. La mayoría de las aguas envasadas que están en el mercado ya no son naturales, tienen tratamientos de intensidad variable y compiten con el agua del grifo en dos aspectos: su sabor, pues al ser envasadas no necesitan dosis de desinfectante de recuerdo y por ello es más fácil su desinfección con tratamientos distintos a la cloración; y su contenido salino, en general inferior. En sentido contrario, hay que recordar que su precio es centenares de veces mayor (basta calcular el precio de un metro cúbico de agua del servicio público con el de 1.000 litros de agua comprados en el supermercado) y que hay que acarrearla hasta el domicilio (con su peso, su volumen, y el del envase).
Sobre la base de que el agua del grifo tiene todas las garantías sanitarias, la nueva Directiva da un paso adelante en diversos sentidos:
- Establece una política de prevención frente a cualquier contaminación de las aguas, en especial de sus fuentes de captación. Ese es un punto esencial, pues en la actualidad las aguas minerales tienen ese derecho de protección atribuido por la ley de Minas de 1973 (de ahí el nombre: aguas minerales). En esa ley, los recursos mineros se consideran bienes de dominio público sometidos a concesión y con derecho a limitar otros usos en los perímetros de protección que se definan, para evitar el deterioro del recurso. No ha sido así hasta ahora en el ámbito de la política hidráulica, de modo que cincuenta años más tarda, nuestras fuentes de agua pública van a poder tener la misma protección, lo que redundará, sin duda en una mejor calidad del agua captada y en menores necesidades de tratamiento para su potabilización.
- Se propone extender ese objetivo a todos los ciudadanos de la Unión Europea y mejorar el acceso al agua del grifo. Puede entenderse como una doble alusión a los países de la Unión que no cumplen con esa protección de las fuentes, y hacia aquellos que tienen barreras de acceso universal al agua potable. La Directiva lo aclara diciendo que los países deberán adoptar las medidas necesarias para facilitar el acceso al agua a los grupos vulnerables (como los refugiados, las comunidades nómadas, las personas sin hogar o culturas minoritarias.
- Incluye a todas las aguas destinadas al consumo humano que se envasen en botellas u otros recipientes para su venta o para su uso en la fabricación, preparación o tratamiento de alimentos y excluye tan sólo las aguas minerales naturales. Se trata de una redundancia aclaratoria de lo dicho en el punto 1.
- El punto de cumplimiento para el agua corriente debe ser el grifo. A partir de ese punto el agua debe ser considerada alimento si está destinada a ser ingerida por los seres humanos o con probabilidad razonable de serlo. Asimismo, los explotadores de empresas alimentarias que dispongan de su propia fuente de agua y la utilicen para los fines específicos de su actividad empresarial deben poder quedar exentos de lo dispuesto en la presente Directiva, siempre que cumplan las obligaciones correspondientes.
Así pues, cabe preguntarse por las dificultades a superar para obtener el resultado deseado por la Directiva. Además de la protección de las captaciones se pueden enumerar algunas:
- ¿En quién confiar? El agua del grifo está sometida a controles sanitarios permanentes. No sólo a ellos, sino a los que les someten las organizaciones de consumidores. También es objeto de campañas comerciales interesadas en vender productos para el tratamiento casero del agua, de eficacia dudosa sin un mantenimiento profesional. El criterio sanitario es eficaz pero silencioso. Por desgracia, el ruido siempre se hace oír.
- Los contaminantes emergentes. La protección pública es fácil y eficaz y sus resultados son accesibles. Las técnicas analíticas permiten detectar ínfimas cantidades y los nuevos tratamientos pueden separarlos. Es posible y deseable dar pasos en esa dirección, aumentar la garantía y mejorar el sabor.
- ¿Cuál es el objetivo? Se trata de convencer a los ciudadanos de que el agua de grifo es cómoda y confiable, y de explicar que no hay que gastar más dinero para obtener mejor garantía.
- Los intereses del sector del agua envasada están alineados con los de la restauración y la hostelería. Tan respetables como compatibles con el derecho de todo ciudadano al acceso al agua del grifo también en esos lugares, que debe estar debidamente garantizado, al igual que en los edificios públicos.
- La economía. Según la Comisión Europea, un menor consumo de agua embotellada podría ahorrar a los hogares de la UE más de 600 millones de euros al año. A considerar inversiones alternativas para mejorar el sabor allí donde hubiera causas objetivas. La mejora del sabor y la reducción de la dureza requieren tratamientos, en general más económicos
- La protección del medio. Tal como indica la Directiva, una mayor confianza en el agua del grifo traerá consigo un menor consumo de agua embotellada, y con él una reducción de la cantidad de residuos plásticos y de la basura marina.
Todo un programa.
