Opinión
Joan Gaya Fuertes
La opinión deJoan Gaya Fuertes
Blogs · Sequía

Agua y bosques


En mi entrada de blog de 2 de febrero, Dos sequías, me refería a la absorción de agua por parte de los bosques, y en especial a los desarrollados a causa del abandono de tierras agrícolas marginales, que en Cataluña han supuesto 300.000 Ha. en las tres últimas décadas. Este abandono se ha producido especialmente en zonas que por su pendiente o su dimensión hacían difícil su rentabilidad. Predominan las zonas montañosas, es decir, las situadas en las cabeceras de los cursos de agua.

Me refería a la absorción de agua por evapotranspiración y aportaba cifras procedentes de diferentes consultas, que evaluaban la evapotranspiración en un 80% de la pluviometría o un mínimo de 2.000 m³/Ha y año.

Nuevos cálculos de personas de mi entorno que han reflexionado sobre ello me han mostrado la excesiva prudencia de mi afirmación y me invitan a elevar el valor del agua secuestrada por el bosque hasta 3.000 m³/Ha y año, lo cual agrava el pronóstico y ayuda a explicar la diferencia entre la pluviometría y el mucho más decreciente caudal observado en nuestros ríos. La mortalidad significativa de árboles que se ha observado en la reciente sequía parece avalar esta afirmación.

Nuevas reflexiones sobre la cuestión añaden argumentos al secuestro de agua por parte del arbolado. Los ríos catalanes suponen una longitud de 6.329 km, sin contar la parte de ellos que transcurre por los embalses catalanes. Si tomamos una anchura media de cauce de 50 metros, la superficie total es del orden de las 34.000 Has.

En ese espacio, se ha producido otro fenómeno singular. La protección de la vegetación de ribera promovida activamente por la Agencia Catalana del Agua se ha unido a la sequía pluviométrica para desarrollar verdaderas arboledas en pleno cauce de los ríos. Esa vegetación, alisos, chopos, sauces y otras especies hidrófilas, consume mucha más agua de la que corresponde al bosque medio, pues solo se desarrolla donde el agua es abundante. Su consumo unitario se puede estimar en 10.000 m³/Ha. Y en su conjunto tiene una capacidad potencial de absorción de 340 Hm³. Puesto que el bosque de ribera observado no es, todavía, compacto, podemos estimar su demanda en la mitad, es decir, 170 Hm³.

Así aparece un nuevo factor asociado, a la vez, a la falta de disponibilidad de agua. No es de extrañar que estimaciones más precisas eleven el valor que aquí se apunta con prudencia. Más allá de la importancia que esa agua hubiera tenido para paliar los efectos, especialmente importantes en la agricultura, esos 170 Hm³ equivalen a un caudal instantáneo agregado medio de 5,4 m³/seg, que debidamente repartidos podría haber circulado por los ríos catalanes con sus cauces debidamente gestionados.

Superado lo más duro de la sequía, hay que recordar que el abandono de los cauces a su “renaturalización” no solo agrava la disponibilidad de agua en nuestros ríos, sino que supone un peligro potencial para cuando arrecien los temporales. Es sabido que ese es uno de los efectos esperados y observados del cambio climático: llueve algo menos, pero, sobre todo, llueve mucho peor.