En los últimos tiempos, la sociedad, en general, y el sector del agua, en particular, ha asistido a diferentes episodios en los que las emergencias producidas por factores diversos ―algunos naturales, otros sanitarios, y otros por incidencias técnicas―nos han colocado en una posición que ha propiciado el hecho de que, desde la Unión Europea, se hayan articulado diferentes mecanismos de ayuda para intentar salir de estas situaciones críticas.
Ese ha sido el origen de los famosos PERTEs, que durante los últimos años han tenido ocupado al sector tratando de acceder a estas ayudas, para lo cual se han presentado diferentes tipos de proyectos, que han supuesto, y están suponiendo, importantes inversiones, fundamentalmente en el entorno de la tecnología y la digitalización.
Pero estos fondos están llegando a su fin, de hecho, en breves semanas, se hará pública la resolución de la tercera fase, y en principio todo indica que será la última. Y en ese momento cabe preguntarse: Y después del PERTE, ¿qué?
Tiene que haber vida después del PERTE, pero tenemos que ser nosotros los que la vayamos promoviendo
Con todo el impacto positivo que esta medida ha generado en el sector, sin embargo, no deja de ser una medida estrictamente coyuntural, que soluciona un problema acaecido debido a factores externos al sector, pero que, sin embargo, no supone ninguna solución estructural que palíe el déficit de inversión que arrastramos.
Las medidas europeas seguirán apareciendo, y recientemente la estrategia europea de resiliencia del agua considera clave la eficiencia en el uso de este recurso y posiblemente también establezca medidas para ayudar a alcanzarla.
Pero después de todas estas ayudas debemos tener muy claro que el sector tiene que ser mucho más autosuficiente de lo que lo es en este momento. No podemos esperar a que, a través de impulsos puntuales debido a situaciones concretas, podamos sacar al sector de la situación de déficit en la que se encuentra.
Este déficit de inversión amenaza la propia sostenibilidad del sector. Las necesidades de renovación de las infraestructuras o las propias exigencias que nos llegan desde Europa, a través de la Directiva de Tratamiento de Aguas Residuales Urbanas (TARU), hacen todavía mucho más exigentes las condiciones para poder mantener los niveles de calidad y eficiencia que son necesarios.
Tiene que haber vida después del PERTE, pero tenemos que ser nosotros los que la vayamos promoviendo. Seguir con toda la tarea de innovación e investigación que el sector de forma muy destacada viene promoviendo desde hace años será el camino. Pero también hay que cometer de manera decidida y sin complejos los aspectos financieros. Será imposible que el sector se mantenga en primera línea si, junto a las exigencias de calidad que establecen las administraciones, no se incluyen las fórmulas para financiar las inversiones necesarias. Deben ser soluciones de largo recorrido, soluciones estructurales, no medidas coyunturales, de corto plazo y que se agotan.
Será imposible que el sector se mantenga en primera línea si no se incluyen fórmulas para financiar las inversiones necesarias
La Directiva Marco del Agua es bastante clara e indica que tenemos que cubrir los gastos que el ciclo del agua urbana genera a través de sus usuarios. En ningún caso estamos hablando de medidas que afecten de forma grave a la economía de las familias. Además, el sector contempla, desde hace años, medidas sociales que garantizan el acceso al agua de cualquier ciudadano.
Por eso, desde DAQUAS estamos reclamando un sistema de tarifas que contemple también la parte inversora y, teniendo al ciudadano en el centro del tablero, garantizar a largo plazo la sostenibilidad y el equilibrio del sector.
Tenemos que conseguir que los PERTE hayan servido para relanzar el mundo del agua urbana, modernizarlo y prestar un mejor servicio. Pero no nos quedemos solo en estas medidas y sigamos pensando que el agua todos los días tiene que salir del grifo y tenemos que retirarla en las condiciones adecuadas, y para eso el sector tiene que articular medidas que no le hagan depender de factores externos.
