Opinión
Isabel García Tejerina
La opinión deIsabel García TejerinaExministra de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. Senior Advisor de EY.
Blogs · Gestión del Agua · Planificación

Invertir en agua para asegurar el futuro: financiación, planificación y responsabilidad compartida


Leemos estos días en la prensa que España alcanza niveles récord de ingresos públicos. A estos se suma la financiación comunitaria, excepcionalmente elevada consecuencia del Covid, y leemos también que se han ralentizado el ritmo de ejecución de los fondos NextGeneration, es decir, que quedan muchos miles de millones de euros a disposición aún (que deben, por cierto, ser empleados para la transición ecológica y para lograr el crecimiento de nuestra economía, del empleo, de la cohesión social y territorial y para mejorar la resiliencia). Y leemos que, además, cada día aumenta la deuda pública, debiendo cada español ya, más de 33.000 €. 

Supimos también que España fue el país que más fondos europeos dejó sin ejecutar del período 2014-2020. Y que, estando ya muy avanzado el periodo 2021-2027, quedan muchos fondos por consumir. 

Hay dinero. Declaramos la emergencia climática, porque sabemos que, aun con la esperanza puesta en que el mundo alcance los objetivos del Acuerdo de París en materia de mitigación, es decir alcanzar la neutralidad climática antes de final de siglo (en 2050 en la Unión Europea), algunos efectos del cambio climático son irreversibles, y que, por lo tanto, hay que dar la importancia debida a las políticas de adaptación, que también son parte la lucha contra el cambio climático y del Acuerdo de París. 

Hay cambio climático. Demasiada agua, demasiada poca agua. Siempre ha sido así en España, pero sabemos que además somos especialmente vulnerables al cambio climático y que está pronosticado que los fenómenos climatológicos adversos aumentarán su frecuencia e intensidad y, por lo tanto, los daños dramáticos que pueden causar y que duele recordar.  

"En España, el agua es escasa e irregularmente repartida, y se estima que solo un 10% podría usarse sin alterar el régimen natural"

En España el agua es escasa e irregularmente repartida, en el espacio y en el tiempo. Nuestra disponibilidad de recursos hídricos es inferior a la de los países de nuestro entorno. Se estima que sólo un 10% del agua podría utilizarse de no alterarse el régimen natural. La inversión en infraestructuras de todo tipo a lo largo de la historia nos ha permitido, en gran medida, el grado de nivel de desarrollo económico y bienestar alcanzado. Pero un nuevo escenario climático requiere de nuevas infraestructuras adaptadas al mismo. 

Hay necesidad de acción climática. La directiva marco de agua de la UE obliga a los Estados miembros a llevar todas las masas de agua a buen estado cualitativo y cuantitativo y a garantizar el suministro suficiente de agua en buen estado, promoviendo un uso sostenible. La directiva relativa a la evaluación y gestión de riesgo de inundación obliga a los Estados miembros a gestionar el riesgo de inundaciones sobre la base de la prevención y la protección. La directiva de tratamiento de aguas residuales urbanas obliga a recogerlas y tratarlas. Y otras tantas más. España está a la cabeza de la UE en incumplimientos medioambientales. 

Embalse de El Villar. © González-Cebrián/iAgua.

Hay obligaciones legales. En 2013 se aprobaron los primeros planes hidrológicos de cuenca del primer ciclo, conforme a la directiva marco agua, que abarcaba el periodo 2009-2015, y que incorporaron ya la consideración del cambio climático y los primeros caudales ecológicos. En 2023 se aprobaron los del tercer ciclo, que va de 2022 a 2027. Estos planes deben recoger las medidas e inversiones necesarias para cumplir con los objetivos de la directiva marco agua. Con mayor o menor ambición, hayan concitado más o menos consenso, pero muchas de las medidas que es necesario abordar están ahí definidas. En 2016 se aprobaron los primeros planes de gestión de riesgo de inundación y ya se dispone de los del segundo ciclo, que han ido aprobándose a partir de 2023. 

"Declaramos la emergencia climática porque algunos efectos del cambio climático son irreversibles y exigen adaptación urgente"

Hay planificación. El mundo es hoy un escenario incierto, dónde la necesidad de garantizar determinadas autonomías estratégicas no deja de aumentar. Desde el Covid, tras la invasión rusa, cuando se altera el comercio mundial. Hay temor a ver paralizada la economía por cuestiones que no se han visto venir, pero hace mucho que sabemos que nuestros recursos hídricos son escasos e irregulares y que lo serán más debido al cambio climático. Sabemos también que de la disponibilidad de agua depende nuestro progreso y nuestro bienestar presente y futuro, como dependen de la energía. A diferencia de otras crisis, nuestra soberanía hídrica está en nuestras manos, y a diferencia también, aquí no puede alegarse que no se vio venir. 

Hay necesidad de soberanía estratégica, hay necesidad de certidumbres. Hay necesidad de sostenibilidad. Y la sostenibilidad, implica tener en cuenta a las generaciones futuras. Entre 2028 y 2058 habrá que devolver los fondos de NextGeneration que hoy nos estamos gastando. Puesto que los jóvenes tendrán que hacer frente a la deuda que hoy asumimos y, por lo tanto, ese dinero no financiará su medioambiente ni su sanidad, que al menos sirva para crear la economía y proteger el medioambiente que les garantice unas mejores condiciones de vida. La sostenibilidad bien entendida requiere un equilibrio entre lo económico, lo social y lo medioambiental, así se determinó en la segunda Cumbre de la Tierra de Naciones Unidas. 

Naciones Unidas declaró al período 2018-2028 Decenio Internacional para la Acción "Agua para el Desarrollo Sostenible". Decenio así acordado con el fin de acelerar las actuaciones en materia de agua necesarias para alcanzar el anhelado desarrollo sostenible que nos marca la Agenda 2030. Lo global es en alguna medida la suma de lo local: parece oportuno empezar cada uno, y no demorar, lo que mejor puede, lo que debe en base a sus atribuciones, competencias, responsabilidades y posibilidades. 

"La sostenibilidad bien entendida requiere un equilibrio entre lo económico, lo social y lo medioambiental, como marcó Naciones Unidas"

Sostenibilidad es también escapar de decisiones cortoplacistas y pensar en la generación de valor a largo plazo. Y es tener en cuenta las preocupaciones y necesidades de los diversos grupos de interés. Y sostenibilidad es gestionar impactos, riesgos y oportunidades, de manera significativa, los derivados del cambio climático. 

Pantano de Sau. © González-Cebrián/iAgua.

Ursula Von der Leyen, en las orientaciones políticas de su segundo mandato, si bien mantiene los objetivos del Pacto Verde Europeo, habla de prosperidad sostenible, y habla de competitividad, en busca quizá del equilibrio que toda sostenibilidad bien entendida requiere; máxime en unos tiempos ávidos de primar lo que funciona para los objetivos que se persiguen, frente a lo que suena bien, tiempos ávidos de coherencia entre lo que se necesita, se propone, se aprueba, y se ejecuta. Coherencia con las complejas circunstancias que vive el mundo.  

Y en su referencia a la adaptación al cambio climático, habló del refuerzo de la seguridad hídrica de Europa, destacando al agua como recurso indispensable para la seguridad de nuestros alimentos, energía y economía, sometido a la presión del cambio climático y de la demanda creciente. Y anunció una estrategia europea de resiliencia hídrica para garantizar una gestión adecuada, que aborde la escasez y que mejore la ventaja innovadora de nuestra industria del agua, desde un enfoque de economía circular. 

El programa de trabajo de la Comisión para 2025 anuncia dicha estrategia para el segundo trimestre. Mientras, el pasado 1 de abril, en la comunicación de la Comisión: Una política de cohesión modernizada para impulsar las prioridades estratégicas de la UE, ya anuncia la Comisión que los Estados miembros podrán aumentar las inversiones en resiliencia hídrica, en particular en la digitalización de las infraestructuras hídricas, la mitigación de los efectos de la sequía y la desertificación. La Comisión invita, urge a los Estados miembros a hacer mayores esfuerzos en inversión hídrica, facilitándoles para ello mejoras en las condiciones de inversión en la reprogramación de los fondos europeos. 

"Se cuenta con recursos financieros, planificación, tecnología y talento para abordar decisiones estratégicas sobre el agua"

Es esta una situación tan única como la disponibilidad de los fondos NextGeneration y que no debe dejarse escapar, pues no siempre ha sido debidamente entendida por la Comisión la complejidad de la gestión del agua y la necesidad de incrementar los recursos hídricos en los países mediterráneos.  

Sería difícil de entender y más aún de explicar que la Comisión defendiera mejor que nosotros mismos nuestras necesidades en materia de agua. 

Sean estas algunas de las razones que debieran conducir a una acción acelerada, urgente, continua, ininterrumpida y ambiciosa en materia de infraestructuras hídricas y política de agua. Razones que se suman a las que justifican cada medida contenida en cada uno de los planes hidrológicos de cuenca. Razones que encontramos en las necesidades de cada municipio español, en cada sector de la economía española, en la preservación del medioambiente que es fuente de bienestar para el conjunto de los españoles. 

Razones para no actuar debidamente, no he encontrado. Se cuenta con recursos financieros, con la planificación requerida, con empresas punteras y desarrollos tecnológicos. Con grandes ingenieros. Vivimos en un mundo digital que nos facilita medir, cuantificar, conocer, decidir, informar. Todo lo preciso para abordar decisiones estratégicas de las que depende la sostenibilidad de nuestro sistema productivo y nuestro bienestar: Inversiones que requieren años de ejecución, lo que añade urgencia a las mismas, y que son respuesta al futuro de nuestra autonomía alimentaria, de nuestra autonomía energética, a un medioambiente debidamente preservado. Inversiones que posibiliten escenarios lo más ciertos posibles en un futuro del que, si sabemos algo, es que incertidumbres no van a faltar. Inversiones que son creadoras de empleo presente y garantes del empleo futuro. Firmes en los compromisos medioambientales, pero de la mano de la protección de la competitividad de nuestra economía, de nuestros sectores productivos.  

Si no queremos que el agua, el estratégico, valioso e insustituible recurso agua, sea un factor limitante del bienestar, prosperidad y desarrollo futuro de España, la única respuesta que no cabe es la inacción. El mejor futuro de España depende de lo que hoy invirtamos en agua. No caben los prejuicios, cabe la previsión y cabe pensar en las generaciones futuras a las que ya les estamos dejando un futuro lo suficientemente endeudado como para, además, dejarles sin los medios que asegurarán su prosperidad. Mañana es tarde.