Es curioso cómo existen dos frases que no son ciertas y que, sin embargo, escuchamos con relativa periodicidad. La primera es que el agua es un recurso finito, vital y cada vez más amenazado por la contaminación, la sobreexplotación y el cambio climático. Sin embargo, a La Tierra la conocemos como el planeta azul por la cantidad de agua de la que dispone. La realidad es que lo que es finito es el agua dulce. La segunda es que la Química es la causa de la pérdida de la calidad del agua, cuando precisamente gracias a la Química aplicada al tratamiento del agua ha permitido mejorar la eliminación de elementos cada vez más complejos que perjudican la calidad para su consumo o incluso que eliminando posibles contaminantes de las aguas residuales.
Si no acusamos a la electricidad cuando alguien se electrocuta, ¿por qué siempre acusamos a la Química de las cosas negativas, cuando la química se erige como una de las herramientas más poderosas para preservar la calidad del agua y garantizar su disponibilidad para las generaciones presentes y futuras? Pero la Química, por sí sola, no actúa: son los profesionales químicos quienes, con su conocimiento, y creatividad, trasladan las investigaciones en las universidades y centros de investigación en soluciones reales aplicables en la industria.
La Química transforma el desafío del agua en soluciones reales: potabiliza, depura y permite reutilizar con garantías
Entre los principales desarrollos recientes que han revolucionado el tratamiento del agua destacan los procesos de oxidación avanzada (AOPs), capaces de descomponer moléculas orgánicas resistentes mediante radicales altamente reactivos. A esto se suman los nanomateriales funcionalizados, diseñados específicamente para captar metales pesados, compuestos orgánicos persistentes y contaminantes emergentes como restos de fármacos o productos de cuidado personal. Además, el uso de membranas inteligentes, elaboradas a partir de polímeros avanzados, ha permitido lograr una filtración más selectiva y con una mayor eficiencia energética.
A pesar de los avances, persisten desafíos que exigen nuevas soluciones innovadoras. La aparición de contaminantes emergentes, como microplásticos, nanomateriales, antibióticos y medicamentos y/o compuestos perfluorados (PFAS), ponen a prueba los límites de las tecnologías actuales. Estos contaminantes no solo son difíciles de eliminar, sino que su impacto a largo plazo sobre la salud y los ecosistemas aún no se comprenden del todo.
Otro gran reto es lograr tratamientos que sean eficaces y sostenibles al mismo tiempo. Muchos procesos químicos requieren altos consumos de energía o generan subproductos indeseables y aquí es donde el profesional químico entra en juego, con una mirada integral buscando el diseño de soluciones adaptadas, accesibles y replicables: consiguiendo no solo la eficacia técnica, sino también sostenibilidad ambiental y viabilidad económica. Esto se consigue con colaboración público-privada de todos los actores.
Con todo lo expuesto, los profesionales del sector del agua deben enfocarse en tres grandes prioridades: prevenir la contaminación en origen, mediante procesos industriales que minimicen la generación de residuos tóxicos y tratamientos que reduzcan su peligrosidad; desarrollar tecnologías circulares que permitan no solo tratar el agua, sino también reutilizarla, recuperar nutrientes y generar energía; y promover la formación continua de los profesionales químicos, con una visión que abarque tanto las bases científicas como el contexto social, legal y ambiental de su labor.
Los procesos y tratamientos del sector del agua no solo serán un desafío técnico: son parte de una misión colectiva que requiere ciencia, ética y compromiso. La química, con su capacidad para transformar la materia y entender sus interacciones más íntimas, es una aliada indispensable en este proceso. Y en el centro de todo están los profesionales químicos, cuya labor silenciosa y constante garantiza que el agua que llega a nuestros hogares sea limpia, segura y sostenible.
Apostar por la Química es, sin duda, apostar por la vida.
