En la era digital, la tecnología avanza a pasos agigantados, transformando todos los sectores de la sociedad. Sin embargo, en muchos países, esta revolución se desarrolla sin una planificación sistémica e integral. En el caso del agua, un recurso vital, cada vez más escaso con una demanda creciente, la incorporación de la inteligencia artificial (IA) y otras herramientas digitales podría marcar la diferencia entre la sostenibilidad y la crisis hídrica.
La IA tiene el potencial de optimizar las actividades rutinarias, mejorar los procesos productivos y agilizar la toma de decisiones. Su implementación en la gestión del agua permitiría recopilar y analizar datos en tiempo real, facilitando una administración más eficiente y transparente del recurso. A través de sensores inteligentes, modelos predictivos y sistemas automatizados, se podría operar y supervisar la extracción, distribución y consumo del agua y determinar inversiones más efectivas, permitiendo respuestas rápidas ante la escasez y la contaminación.
A pesar de estos beneficios, la gestión hídrica digitalizada aún no ha sido plenamente incorporada en las agendas técnicas, políticas ni ambientales de muchos países. En Chile, por ejemplo, no existen estudios, debates ni planes estratégicos que aborden la modernización digital del manejo del agua. Esto ocurre a pesar de que el artículo 38 del Código de Aguas obliga a las organizaciones de usuarios a construir y mantener sistemas de transmisión instantánea de datos para informar a la Dirección General de Aguas (DGA), entidad dependiente del Ministerio de Obras Públicas (MOP).
El país ha avanzado lentamente en esta materia. Según el MOP, en 2023 se registraron 3.102 captaciones de aguas subterráneas y 299 de aguas superficiales con sistemas de monitoreo que informan su consumo, ya sea manual u online. No obstante, la normativa por sí sola no es suficiente: se requiere voluntad política, junto con planes concretos, metas claras, incentivos y sanciones. La supervisión del consumo y la extracción son apenas el primer paso hacia una gestión hídrica más eficiente y sostenible.
En 2018, la modificación del Código de Aguas permitió a la DGA implementar el Sistema de Monitoreo de Extracciones Efectivas, cuyo reglamento se estableció en 2020. Sin embargo, con la velocidad del avance tecnológico y las nuevas necesidades, este sistema ya ha quedado obsoleto.
El tiempo apremia y el camino hacia la modernización de la gestión hídrica aún es largo. La tecnología debe ser incorporada de manera urgente en la discusión pública y en el debate legislativo. Es imprescindible adaptar el marco normativo y la institucionalidad del agua, que junto con la preparación de los profesionales y personal del estado, además de las organizaciones de usuarios del agua, podamos transitar desde una gobernanza rígida, burocratizada y fragmentada hacia una gestión descentralizada, flexible y desconcentrada con participación local. Solo así podrá Chile afrontar los retos hídricos, ambientales y alimentarios del futuro, mediante la seguridad hídrica sostenible y respondiendo a las necesidades de la comunidad y el productivo. La digitalización del agua no es una opción, sino una necesidad urgente para lograr un medio ambiente sano y un desarrollo sostenible del país.
